“PEQUEÑAS COSAS” por Marcial García

“Uno se cree

que las mató

el tiempo y la ausencia…”

(J.M. Serrat)

            He de confesar que, de un tiempo a esta parte, soy un individuo suertudo.

            Este viernes pasado, tras una larga caminata, recibí una llamada que, como dice mi querida amiga, María de Haro, me llevaría de nuevo a mi esencia de “liebre sin término” y me recuperaría en tres días de treinta años de no demasiadas buenas vibraciones.

            Desde el vientre de mi madre (y no es una imagen retórica) viví el misterio y la magia del toro, pero, abomino que me califiquen de taurino. Esta palabreja me recuerda demasiados paniaguados, falsos, mercenarios y “amojamados”, que me repelen. Son uno de los encimas más cáusticos para el mundo que decimos adorar. Demasiados vasallajes que rendir, demasiados espinazos que doblar y demasiados falsos sahumerios a elaborar, para dar culto de latría e hiperdulía, a los “figurones” (en la primera acepción del Diccionario de la RAE) que tiranizan desde las cúpulas de unos escalafones tan figurones como ellos.

             En mis largos años de disfrute de la milenaria liturgia jamás alardeé de nada. Ni de conocimientos, que siempre serán inferiores a los deseados, ni de experiencias, que siempre serán insuficientes. Pero, así y todo, he colaborado de un gran número de medios, tanto de prensa como de radio o TV, sobre este tema. Siempre altruistamente, pero siempre exigiendo mi libérrima interpretación. En algunos de ellos intentaron domarme en su política de encerado y edulcoramiento de sus “dones”. Me largué con cajas destempladas, no sin antes decirles que los daños y perjuicios a tan poderosos mascarones de proa me los descontaran del sueldo.

            Así de ladinamente.

            Así de firme y determinante.

            Es demasiado sagrado para mí el rito como para jugarme mi propia dignidad.

            Mi entrega es libre y sin fisura y no permito que nadie intente amoldarla a otra cosa que no sea mi decisión, que por eso es mía. Subjetiva, porque soy sujeto y no objetiva, porque no soy objeto. Para bien o para mal…

            Este largo preámbulo me sirve de presentación para que entiendan el tremendo regalo que ese mediodía del viernes pasado me hacía mi amigo Filiberto, objeto de todas mis fundadas esperanzas y espantador de viejos fantasmas desagradecidos.

            Con este bagaje emprendí ilusionado un largo fin de semana de campo, son “aquellas pequeñas cosas, que nos dejó un tiempo de rosas”…

            Demasiadas circunstancias convergiendo para que la ilusión no se hiciera realidad. Y vaya si se hizo.

            En primer lugar, por la oportunidad de compartir sueños e ilusiones de un artista especial, que es mi amigo. En segundo, por el regalo añadido de conocer un torero en agraz, Trigueros, y otro en la veteranía y magisterio de un selecto senado de subalternos, Antonio “El Ecijano”, de quién admiraba su discreto bien hacer, pero no conocía su grandeza humana, por mor de circunstancias que no vienen al caso.

            He disfrutado de lo que da una buena visita al campo: echar  la ilusión a volar, olvidar tanta miseria que nos rodea y comprobar que, pese a todo, aún queda autenticidad en la dehesa brava. Y ha habido de todo: bueno, menos bueno, regular y excelente. Pero de todo se ha sacado provecho y lectura adecuada.

            En “Puertolaca”, la finca del señor conde de Villafuente Bermeja -don Sancho Dávila-, al ver como la madurez ha limado aristas en el elegante trasteo y dado firmeza a la mano que mueve el acero, con contundencia tal, que ni tiempo dio al uso del descabello. Temple, elegancia  y pasión en el gesto.

            En “La Capitana”, con un sol mañanero de justicia, inflamado aún más por la pasión encendida que mueve el espíritu moreno y fibrado de Aurora Algarra, que derrocha atenciones a los toreros, orientando, insinuando terrenos y comportamientos, vibrando ante el comportamiento de sus toros y jaleando el trasteo que estima más adecuado. La saludo, recordando viejas estancias en la casa, alguna cuando vivía don Luís, su padre. Atenta, solícita y gentil, mientras se picotea el aperitivo, le dice al torero que la sudada ante el picante de la mañana, tendrá recompensa en el descanso dulce de la tarde, ante las pupilas de su esposo.

            Y, en efecto, así fue.6-1-1

            En “La Cobatilla”, en una tarde caldeada utrerana, con las eralitas suaves de don José Murube Ricart, que han permitido el lucimiento y disfrute de toreros y asistentes, haciendo buenas las previsiones matinales de Aurora. La bondad del ganado ha permitido el lucimiento en el toreo, pausado y preciosista, tanto de los toreros invitados, como de los abundantes “tapias” asistentes.

            El colofón, inesperado, vino en una larga y distendida charla, terminada la tienta, con la que el ganadero nos obsequió, reducida  la asistencia a nuestro grupo, un íntimo de la casa  y su hijo.Ebxz8h7XsAETGuQ

            En el hermoso porche abovedado, perfumado por añoso lentisco y brisas que traen perfume de estero y fino, el gozo de la palabra pone guinda a un día completo. Sin reservas ni cortapisas, sale a relucir el enjundioso elenco de anécdotas y vivencias, de esos interiores del toreo al que pocos afortunados tienen acceso.

            Me doy cuenta del interés de Trigueros ante esta impagable -estima uno- “primera vez” de compartir estos misterios iniciáticos. “Ecijano” deja fluir su amplia experiencia, siempre discreto, mientras el ganadero, distendido, junto a su amigo Josemaría, afrontaban a pecho descubierto situaciones y temores ante la insegura actualidad. Uno, en su humildad, también aporta algo de su ya largo depósito de vivencias, con sus alegrías, sus penas y su lección. El tiempo se diluye en la franqueza y el recuerdo, sin recordar que aún nos separa largo camino de la cita matinal del domingo en la dehesa manchega.IMG-20200627-WA0002

            Antes de que el día claree, interrumpimos el corto reposo para poner rumbo a Villamanrique, donde nos espera bien temprano don Manuel Frías en su finca “Sabiote”, donde se tentarán las utreras de procedencia Gamero Cívico.6-1-1

            Por desgracia, una extraña flojedad ha seguido al explosivo genio de la salida, despitorrando a varias de las utreras, que han rodado por el suelo, con serio peligro de desnucarse, con disgusto de todos, especialmente del ganadero, hombre serio y entregado, que ha tenido el gesto de pedir disculpas por el acaso.

            El tono se recupera en el abundante picoteo que sigue a la tienta, con una amplía disertación sobre la figura de su padre, don Eugenio, y los productos más sobresalientes de la historia de sus reses por el ganadero, que muestra carteles de su agrado, guardados como testimonio de sus afanes y andares por esos ruedos de Dios.

            Emprendemos el regreso en el caluroso mediodía. Elucubramos sobre las posibles causas de la flojedad de fuerza y pitones de las vacas tentadas, mientras el cansancio da la puntilla a Trigueros, derrengado en el asiento trasero como una de ellas, expuesto a partirse el espinazo, mientras desandamos camino y acortamos el tiempo de esta hermosa vivencia…

            Mientras tecleo estas apretadas líneas, en la madrugada de mi retiro cortijero, rumio estas sensaciones, estas ya “hojas muertas”, que, como la canción apunta, nos tienen  tan a su merced, que termino llorando, porque nadie me ve, no sé si de felicidad colmada o ya de ausencia nostálgica.

            Grandes. Muy grandes, estas pequeñas cosas.

Por Marcial García