UN SAN ISIDRO DE RECUERDOS: PACO UREÑA “REY” DE MADRID

Hace un año. Un año desde que un torero recogió el premio más importante de su vida, después de haber escalado el Everest para recuperarla. Para los soñadores, para los luchadores y para los trabajadores siempre hay una recompensa, algo por lo que merece la pena haber llorado, y haber sufrido el dolor de los callos en las manos y en las heridas del alma.

Hace un año que Paco Ureña abrió la Puerta Grande de la plaza de toros de Las Ventas de Madrid y todos fuimos felices por ello. La vida eligió ser justa esta vez……..

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“Hay tardes que no se olvidan. Hay momentos que se quedan grabados en las retinas y que van contigo para toda la vida. Como joyas colgadas en el recuerdo. Pero sin oro, sin plata. El valor es la emoción, el sentimiento o esa gota que baña mejillas de alegría o que abre las compuertas del rubor de la piel. La tarde del 15 de junio será recordada para siempre. La historia de la tauromaquia se abre para que un torero la borde en oro, como borda su tierra, pero en cada puntada un reflejo de la pasión, una tormenta de esfuerzo, un terremoto de verdad y una riada de entrega. Así toreó Paco Ureña en Madrid. Y sí, salió por la Puerta Grande. Un matador de toros de Murcia, Rey de Madrid, después de Ortega Cano.

Su arrojo  fue tal, que desde el minuto uno, se puso cinco a cero en el marcador. Con un capote, en un quite en competencia con Roca Rey. Paco Ureña, ese chico de Lorca, pegó la media de su vida. Una media que como decía el maestro Antoñete puede ser entera. Y vaya que si lo fue. La Ventas pegó un crujido de los que marcan, y el capote de Ureña jubiló a la chicuelina del cóndor peruano, que se quedó desplumado toda la tarde, pasando frío entre tanto fuego. Fuego que quemó cuando el de Lorca jugó a ser celestino entre la entrega y la épica. Una costilla rota fue el precio de jugar con la alquimia del toreo. Un pinchazo y una estocada defectuosa lo dejaron sin la oreja pero con una vuelta al ruedo ganada a ley.

Pero luego, su segundo del lote fue el completo ideal para conseguir los sueños. El toro se dejó hacer. Y Ureña cuajó una faena sublime donde desde el inicio sonó el cante grande del toreo. La apertura de faena fue sobresaliente. En cinco muletazos Paco Ureña reventó Madrid. Y cuando Madrid revienta, Faustino “El Rosco” llora de emoción, el 7 olvida la dureza para ser paladín de la pureza, los espectadores se miran uno a otros comprobando en las caras de los demás lo extraordinario de lo sucedido y la plaza se quiebra ante el olé desgarrado que alimenta almas, que da vuelos y vida, mucha vida a la carrera del torero que lo escucha.

Y antes de ir a matar la plaza gritaba ¡Torero, Torero! Como prueba de la rotundidad de lo vivido.

La espada entró a la primera como premio a tanto esfuerzo. El toro se aguantó la muerte para poner suspense a la obra. Todos los que estábamos presentes hacíamos fuerza para que el toro doblara. Y nos hizo pasar un calvario, pero al final cayó muerto y las Ventas se inundó de pañuelos blancos como un Viernes Santo la avenida Juan Carlos I de Lorca. Pero no era tiempo de dolor y amargura. Era tiempo de hacer historia. Por fin llegaba lo más deseado. Paco Ureña salía por la Puerta Grande de la plaza de toros monumental de Las Ventas pero a la vez muchos salimos con él, nos contagiamos de su alegría y miramos hacia arriba dando gracias por todo. La vida, al fin y al cabo, es justa para los que luchan por sus sueños por muchos tropezones o equivocaciones que le persigan. Soñar y luchar van de la mano. El sueño de Paco Ureña se ha hecho realidad. Y los aficionados lo recordaran como el primer beso. Ojalá que los empresarios también lo recuerden”img-20190616-wa0000

Fran Pérez @frantrapiotoros