RECUERDOS DE SAN ISIDRO: “EL LORQUINO”….

Hace 35 años, por San Isidro, Madrid le dio la bendición a Pepín Jiménez y lo consagró como un hijo suyo para siempre. En la plaza de toros de Las Ventas se celebraba el decimocuarto festejo de la feria del patrón madrileño. Estaban anunciados toros de Murteira Grave, pero en el reconocimiento se rechazaron todos. Para sustituirlos se enchiqueraron cuatro toros de Hermanos Santamaría y dos de Martín Peñato. Junto al torero murciano, hacían el paseíllo Morenito de Maracay y Pepe Luis Vargas.

La tarde del 27 de mayo de 1985 trascurrió como esos festejos típicos de la feria más importante del mundo, pañuelos verdes y sobreros, de Antonio Ordóñez y Puerto de San Lorenzo. En el tercer toro de la tarde, del hierro de Hermanos Santamaría, el oxígeno se convirtió en torería y todos los de la plaza la respiraron al ver al rubio torero de Lorca hacer una de sus mejores faenas en Madrid.

El gran Joaquín Vidal en El País título su crónica de la tarde como “El lorquino” y toreó las letras pensando en la gran obra que tuvo la suerte de presenciar de la siguiente manera:

“El toreo de Pepín Jiménez ayer en su primero era más rondeño y, a su vez, más variado. El de Pepín Jiménez, toreo puro, tenía ritmo hasta en la arritmia de la embestida del toro pelma que le correspondió. Un toro que tomó boyante y vivaz los primeros muletazos, y los aprovechó el lorquino para obligarle a humillar en el natural hondo, mientras en los siguientes iba perdiendo codicia hasta hacerse reservón.

Pepín Jiménez, tan relajado y seguro como le vimos en su reaparición el mes pasado, le dominaba pausadamente, sin forzar los tiempos; empleaba las suertes que en cada momento requería el toro. Unas veces era la tanda de naturales, otras la de redondos, o el cambio de mano, o la trincherilla. Cada muletazo poseía una acabada técnica de escuela, y lo interpretaba con primor.

En los pases de pecho se echaba todo el toro por delante y uno de ellos lo dibujó manteniendo erguida la planta, casi juntas las zapatillas, mientras marcaba suavemente el viaje con el movimiento despacioso de la mano de mandar dirigida al el hombro contrario. Pero si el conjunto de la faena había sido de escuela, aún mejoró su calidad en los últimos ayudados, que poseían la pátina de las añejas estampas de la tauromaquia.

El lorquino obtuvo un triunfo legítimo en ese toro. Pepín Jiménez planteó su segunda faena en los medios, bajó la mano en unos naturales, aguantó temerariamente otro, sufrió un peligroso derrote, y allí mismo se vino abajo el toro. Una pena, porque había sacado la bandera de la torería lorquina a todo trapo, y cuando un lorquino saca a todo trapo la bandería de la torería, los demás tienen que apretarse los machos”.

Este es el vídeo de la obra:

Fran Pérez @frantrapiotoros