OPINIÓN: “ENTONCES HE GANADO YO, NO ELLOS” por Fran Pérez

Corría el año 1971. La Yugoslavia de hoz y martillo del mariscal Josip Broz “Tito” pasaba por una época dorada. Tanto era así que hasta se permitía acoger otras culturas. Incluso se llegaron a celebrar corridas de toros. En octubre de ese año, organizada por la familia González Lucas, se anunciaron dos festejos taurinos. Desde España, los “Dominguines” tuvieron que llevárselo todo para adecuar el campo de fútbol de Belgrado.

La idea nació de Domingo, el hermano mayor de Luis Miguel, torero como sus hermanos, no hay que olvidarse de Pepe, y tan buen empresario y negociante, como comunista. Tan afín al partido que parte del dinero que ganaba en los toros lo dedicaba a ayudar a la organización y a la ayuda de sus presos. Colaboraba tanto que incluso muchos de sus camaradas eran sacados del país porque simulaban al pasar la frontera ser de su cuadrilla.

Era un secreto a voces que hasta lo sabía el general Franco. Dicen las malas lenguas que en una cacería, el chaparro le preguntó a Luis Miguel que quien de los tres hermanos era el comunista. Luis Miguel, que le gustaba estar a la sombra de los poderosos, le contestó que los tres eran comunistas. Se hizo el silencio y siguieron pegando tiros.

Domingo lo dispuso todo y el 2 de octubre se hizo el paseíllo en Belgrado. En el cartel Luis Miguel “Dominguín”, Roberto Piles y el rejoneador Alfredo Conde frente a reses de Carlos Núñez. Al día siguiente se dio el mismo cartel, pero los toros fueron de Guardiola. La entrada del segundo día fue mejor y salvó los enormes costes de la organización del festejo.

En los tendidos del campo de fútbol yugoslavo, hubo presencia española. Junto a los curiosos que se acercaron a ver el festejo español agitaron sus pañuelos de exilio para conceder trofeos a los toreros Jorge Semprúm, Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri “La Pasionaria”, que era una fan de Luis Miguel.

Dolores, en sus paseos clandestinos por los jardines de Sabatini del Palacio Real de Madrid, quería que le hablaran de toros y de Luis Miguel.

¡Vaya!, el comunismo comulgaba con la fiesta. Convivía con ella y la disfrutaba, además de que la utilizaba para su financiación y auxilio de sus gentes.

Ahora resulta que Pablo Iglesias, el ministro de juguete Alberto Garzón, Iñigo Errejón y tantos otros que lucen el triángulo rojo, se sienten enormemente incómodos con ella hasta el punto que la censuran, la maltratan y la apartan. No quieren saber nada de ese espectáculo que en  Yugoslavia disfrutaban sus ídolos, de esa Cultura que salvó a muchos de los suyos de las tropelías de la España franquista, de esa que Ramón Tamames, mano derecha comunista del alcalde socialista de Madrid Tierno Galván, ayudó a divulgar en los años de la movida y el mechón blanco de “Antoñete”.

La tauromaquia no es de izquierdas ni de derechas, ni de centro. La tauromaquia es para quien la siente, para quien la disfruta. No se pide que a todo el mundo le guste, pero sí que la respete y que la trate de igual a igual con otras culturas que engrandecen nuestro país. Negarla, hacer como si no existiera, es borrar el sentimiento y la distinción de nuestras gentes, es exterminar una fuente de inspiración de artistas, pintores y músicos, es ahogar al toro bravo y toda la economía y ecología que soporta en su lomo y condenarlo a su desaparición.

¡Quien iba a decir que los que peleaban por la libertad ahora son los que luchan por las prohibiciones y tienen a un ministro cogido por los blandos de la entrepierna!

El mundo del toro despierta. Por fin parece que van al son del lema de “La Pasionaria”, “No pasaran”. Queda mucho trabajo por hacer, queda mucha calle que pisar (cuando las condiciones sanitarias lo permitan), queda mucha unidad que encontrar, quedan muchos despachos donde hablar para llegar a un acuerdo que firmar. Da igual quien esté en el poder. Ni unos ni otros han hecho nada por la fiesta, si no han visto que les beneficia políticamente con votos. Es el momento de protegerla de utilizaciones y discriminaciones. Ya no vale eso de que la fiesta se defiende sola.

Ojalá que dentro de unos años, podamos viajar en el tiempo como lo hacen en la serie de TVE, “El Ministerio del Tiempo”. Y al igual que el Federico García Lorca de la serie escuchó “La Leyenda del tiempo” en la voz de Camarón en Granada, nosotros podamos volver a sentarnos en un tendido, y decir como el de Fuente Vaqueros, “Entonces, he ganado yo, no ellos”.

Fran Pérez @frantrapiotoros