OPINIÓN: “Y A MÍ TAMBIÉN” por Marcial García

A primera hora de la mañana, cuando me dispongo a la caminata diaria, recibo un WhatsApp de un querido amigo.

Me alegra enormemente. Primero, por dar esa señal de vida y cierta complicidad, en estos tiempos de muerte y desconfianza. Segundo, por el contenido, porque dice, en el lugar idóneo, el mensaje que muchos de los de su cuerda pensamos que había que decir.

Se trata de la intervención de Fernández Vara, defendiendo su opción de aficionado a los toros, en un tiempo en que parece que tal opción es un crimen de lesa humanidad, en el máximo órgano de su partido, el Comité Federal.

Me alegra. Y me alegra, porque somos muchos, desde los más altos cargos a los más humildes militantes -como mi caso-, que somos aficionados a los toros, defendemos su carácter cultural y ético y luchamos y lucharemos por seguir teniendo ese derecho.

No voy a glosar sus palabras, pues están al alcance de un clip de ratón. Pero, por aquello de la asociación de ideas, recuerdo otras que recientemente han estado en candelero, sobre todo a la hora de agredir con ellas al “enemigo”. Me refiero, claro está, a las intercambiadas por el vicepresidente del actual gobierno con el senador Vidal -que dice representar, entre otros, los derechos animalistas-, en las que Iglesias, que afirma no sentirse cómodo con ello, dice que el actual criterio del dicho gobierno de encuadrar la tauromaquia en Cultura le resulta incómoda, pero que la decisión, como no podía ser de otra forma, reside en la voluntad popular.

Los señores Iglesias y Vidal, o Vidal e Iglesias, tanto me da, son muy libres de profesar los afectos o desagrados que quieran, pero no tienen el más mínimo derecho de CONCULCAR los míos ni los de nadie.

Tampoco voy a entrar al trapo de un huero debate de toros sí-toros no. No me gusta perder el tiempo.

Pero sí voy a realizar un pequeño recuerdo y a descargar mi desprecio por el fantasmeo, de cualquier color o especie.

En los años ochenta del pasado siglo, los que se auto consideraban “gente guapa”, bebían los vientos por zascandilear en los asientos caros de una plaza de toros, a ser posible de relumbrón y en feria. Vaso de güisqui en mano, meñique izado y mueca indolentemente superior, hacían la rueda donde había algún taurino (taurinillo o taurinete) que pontificaba, para pegar la hebra o salir en la foto. Si, aunque fuese de refilón, algún torero le rozaba -o eso imaginaba- los pavoneos eran orgásmicos. Seguro que ustedes conocieron a varios. Yo desde luego que sí, sobre todo en plazas de las que me alejé a tiempo.

Está claro que dichos especímenes ahora han cambiado la guayabera por el descorbatado y airean, con motivos o sin ellos, su progresismo de pacotilla, su animalismo o ecologismo de paripé. No tienen pudor de, como antaño con el güisqui y su ignorancia, pintarrajearse el cuerpo con pintura roja, enarbolar una pancarta sofista o corear, con estentórea mala educación, sus mantras de insulto, descalificación y expulsión.

Asco y desprecio. Más de una vez he denunciado las falacias de falso animalismo, que solo defiende al que interesa, pero que no tiene reparo en engullir almejas y ostras, sobre todo si son de invitación, que palpitan vivas a las gotitas de limón, mientras que nos llaman asesinos a los devotos de esta milenaria liturgia. Me cisco en todos ellos y los denuncio por falsarios y embusteros.

Solo creo en el animalismo de los jainistas, sobre todo de esos que caminan en pelotas, barriendo suavemente delante de sus plantas para evitar dañar a cualquier animal. Lo demás: postureo. Tan despreciable como el que se refugia tras de un credo o una bandera, para esconder su miseria intrínseca.

Y vamos a por otra, aprovechando que el Guadalquivir pasa por El Bojar.

Venía salteando en el caletre la noticia de que los toreros (sic por “primeros del escalafón”) se habían reunido en casa de Roca Rey para defender el toreo de la “discriminación” del gobierno.
¡Qué risa, tía Luisa! ¿Defensa del toreo o, mejor, de sus intereses de clase dominante? ¿Dónde están esos toreros que no pueden entrar en un cartel, porque los aludidos monopolizan todos los puestos, vetando a los que no son de su cuerda o pasan bajo sus Horcas Caudinas?

A otros con esos cuentos.

Como a Fernández Vara, a mí también me gustan los toros. Y los defiendo. De los enemigos exteriores y de los INTERIORES.

Mi apoyo a una revisión total y absoluta a la nueva forma que habrá de regir en la tauromaquia. Una forma que tendrán que conformar TODOS los afectados: toreros, ganaderos y auténticos aficionados. Una revolución desde abajo, desde donde siempre se defendió el toreo eterno, el de la sangre redentora y el baile de la vida y la muerte.

Lo demás, postureo e intereses de privilegiados.

Ah, se me olvidaba: estoy deseando ver la foto de la cabecera del “paseo” convocado en Murcia. Y no sedme mal pensados.

Y a mí también me gustan los toros y la tauromaquia, señores.

Por Marcial García García