“EL COSO DE SAN CAMILO” por Marcial García

En estos días de aislamiento forzado, que da tiempo para todo y rumiar textos y colaboraciones, he caído en la cuenta de que hasta ahora, con tanto hablar de toros en “EL MULETAZO”, nunca he realizado un pequeño historial de lo que en este campo conozco de mi tierra natal, Moratalla.

Así pues, voy a intentar redimirme de este pecado de omisión y delito de lesa tauromaquia y voy a castigaros con dos colaboraciones extra: la historia del coso de San Camilo y un resumen sobre las fiestas mayores. Vayamos al primero.

La corrida moderna, la de los toros en la plaza, volvió a renacer en las Españas en época de los borbones, desde su temporal eclipse de tierras cretenses o anfiteatros imperiales.

Moratalla, como tantos pueblos del reino de Murcia, incorporó sus particulares juegos de toros a fines del XVI, como veremos en la siguiente entrega. Hasta nuestros días, con cambios y oscilaciones, ha llegado, pero en el reinado de Isabel II, en pleno bienio progresista, un grupo de la burguesía del dinero, decide dar el paso a la moderna y levantar una plaza de toros en esta villa fronteriza, en tantos sentidos. Se apellidaban  Aldrete y Pernías y respondían a los nombres de José, Joaquín y Francisco.

Para la edificación de la plaza se tomaron unos ejidos del Hospital de San Camilo, en la plaza o Glorieta de Santa Lucía, con el benéfico fin de destinar a dicha institución las posibles ganancias extra de los festejos a celebrar, como ocurría con el teatro anejo, que funcionaba desde fines del XVIII.

En 1854 se inauguró la plaza, siendo una de las primeras de la región, pero con el mal cálculo de plantear las corridas para el 14 y 15 de junio (víspera y festividad del Cristo del Rayo, titular de las fiestas mayores), cuando se habían corrido gratis los toros por la mañana.

Rubio cuenta que los toros eran de Flores de Peñascosa y que las cuadrillas, de simples maletas, fueron contratadas en Granada por un miembro de la familia Aguilera (amigo de los empresarios improvisados) que acordó con un tal Manuel Hernández, de la ciudad del Darro. Cuando los improvisados maletas vieron la leña de los toros serranos, empezó la tragedia: exigieron burladeros, que no había, y el cambio de los dos toros de muerte, que eran de seis yerbas, por dos  utreros, como los de lidia sin muerte. Las cosas fueron de mal en peor y el público, con lleno total, fundamentalmente de forasteros, protestó airadamente. Por la noche intentaron escabullirse las cuadrillas, pero las autoridades lo impidieron, confinándolos en sus posadas. Al día siguiente, vista la encornadura de los pupilos de Flores, la cuadrilla se amotinó, negándose en redondo a matarla, pues decían que preferían que los matara el público que los toros. El festejo se suspendió, se devolvió el dinero y los empresarios noveles perdieron un capital.7

Los Aldrete, como mayordomos

            Al año siguiente, 1855, buscando resarcirse, se repitió el intento, pero fue mucho peor, pues, cuando el encierro venía por la Casa de Cristo, los toros se volvieron a la ganadería, la misma de Flores, la de la F, y las corridas no pudieron celebrarse, siendo mayores las pérdidas. La plaza entró en un letargo, sin que tengamos noticias de actividad durante los últimos años de la Reina de los Tristes destinos ni en el agitado Sexenio Revolucionario.

En 1875, restaurados los borbones, don Juan Tamayo, prócer liberal en horas bajas de su partido, reforma la plaza, añadiendo palcos y andanadas de maderamen, arreglando corrales y renumerando el aforo. Para los días 14 y 15 de junio se organizan sendas corridas, con ganado de Flores de Peñascosa, para los espadas: Manolo Carrión, “El Coracero” y Francisco Machío, hermano de José, más famoso que él. Aunque el resultado artístico fue bueno, no pasó lo mismo en lo económico, con fuertes pérdidas.

8M. Carrión, “El Coracero” (blog “Toreros Españoles”)

            Al año siguiente, 1876, buscando la revancha económica, vuelven a organizar toros los alfonsinos Régulo Rueda Cañete y Alfonso López Iniesta, los días 14 y 15 de junio. El cartel lo reproducimos, porque es toda una joya. Ganado de Julián Flores, de Peñascosa, para los espadas Pedro Campos, “Capón”, y Juan Ruiz, “Lagartija”, uno de los mejores coletudos murcianos. El resultado no fue de tirar cohetes, aunque durante mucho tiempo se habló del resultado artístico en los círculos taurino de la localidad.9

Al año siguiente no hay datos que nos indiquen la existencia de festejos. En 1878, sí, aunque fuera un festejo menor. Con motivo del enlace de Alfonso XII con su prima, la cantada María de las Mercedes de Orleans, en fechas tan poco taurinas como el 23 y 24 de enero, con la plaza adornada de arcos de sabina y una pancarta con la leyenda: “A SS MM DON ALFONSO XII Y DOÑA MERCEDES DE ORLEANS, EN SU REGIO ENLACE”, se celebraron sendas corridas de vacas, siendo servidas en caldera, con 1.500 libras de pan a los pobres de la localidad.

10“Lagartija”

            Se tardarían años, más de 20 años, para que, de nuevo, se celebraran festejos.

El nuevo promotor, tanto de plaza como de festejos fue don Antonio de Béjar y Ciller, ingeniero ceheginero con relaciones familiares en la villa, de ideas republicanas y gran aficionado a la arqueología y los toros. Por caminos que desconozco, rescató la plaza y se constituyó en empresario. Según la nota de prensa que se acompaña, el coso reabrió el 21 de abril con un festejo de aficionados, dirigidos por Bartolomé Giménez, “Murcia”, el torero jumillano, que repetiría en 28 de septiembre, víspera de San Miguel, día feriado en la localidad, corrida de cierto éxito, con ganado de don Ramón González, de Siles (Jaén).11

La construcción de la plaza tuvo sus más y sus menos, pues estaba de por medio el agrio enfrentamiento de Conservadores y liberales. En un borrador de “agravios”, que en su día publiqué, se dice que hay un gasto de 898’50 pesetas para la “construcción” de una plaza de toros, sin que haya ni licencia ni consignación. El proyecto, imagino, sería del mismo promotor, que era titulado para ello. A parte de estas reseñas y los carteles, se conserva la puerta, recientemente donada por su dueño al ayuntamiento, para que se restaure y conserve, aunque está en el exterior de almacenes municipales, con serio peligro para su integridad.

En 1902 y 1903, imagino que buscando buenos ingresos, para la feria de San Miguel se programa la presencia de las populares “Noias Toreras”, la peculiar creación de Mariano Armengol, que llenaba plazas y provocaba comentarios machistas y deplorables entre lo más rancio de la sociedad. “Lolita” y “Angelita”, con sus respectivas cuadrillas femeninas, no creo que guardaran muy buenos recuerdos de sus escapadas moratalleras.

12“Las Noyas Toreras”

            Y con este leve resumen acabo. Las vicisitudes de la corrida a la moderna en Moratalla, merecen un espacio más largo y contar momentos en los que participé personal y pasionalmente. Pero eso será en otra ocasión.

(Para un mayor conocimiento del tema, en el próximo artículo, les recomendaré alguna publicación mía, de donde se ha copiado -no siempre fielmente y sin citarme-, lo que circula en la red y hasta en páginas oficiales)

Cartel de 1900

15“Murcia”, torero jumillano.

Por Marcial García García