RICARDO TORRES “BOMBITA” GENEROSO DE MURCIA por Julián Hernández Ibáñez

La ciudad de Murcia siempre ha sido magnifica anfitriona para todos los toreros que la visitaban. Murcia ciudad torerista por encima de torista, colmaba en atenciones y cariño a los matadores que se encontraban en esta ciudad como en su propia casa. Uno de los que mejor se sentía tratado en la capital del segura fue Ricardo Torres “Bombita”, que desde muy jovencito la visitaba en mayor o menor medida. La primera vez que hizo su presentación en la Región de Murcia como torero, fue en el año 1896, con 17 años recién cumplidos, en una novillada triunfal en Cartagena como integrante de la cuadrilla juvenil sevillana.

En 1911 siendo contratado para torear las corridas de la feria de primavera, ocurrió una anécdota que más adelante relatare. Ya eran antaño nuestras hermosas fiestas atrayentes y esplendorosas; según las crónicas, dicen que por aquel tiempo lo eran mucho más que en el presente. Para el que nos lea y no sea murciano, sepan que a las  incomparables procesiones que aquí se celebran, durante las cuales pueden admirarse los magníficos grupos escultóricos del genial imaginero Salzillo, suceden los festejos profanos, y entre ellos la Batalla de Flores, Bando de la Huerta y Entierro de la Sardina.

Las corridas de toros eran un incentivo indudable durante esas fechas, algo que hoy día tristemente está perdido, y que siempre tenían el reclamo de alternar en ellas los espadas más famosos y renombrados. Entre ellos se encontraban los hermanos Bomba. Aunque fueron tres hermanos toreros, Ricardo fue el más famoso de todos ellos, el auténtico y graciosísimo Bombita por antonomasia. Esto se debía no sólo al pundonor torero de Ricardo, a su arte y a su escuela como matador, sino también a sus otras excelentes cualidades personales, entre ellas las que destacaban era su elegancia en el vestir, su corrección, su exquisito trato y su sonrisa. Con aquella sonrisa Ricardo despertaba en las mujeres admiraciones y simpatías, y en los ruedos, con esa sola arma simple y cautivadora, llegó a dominar a los públicos, lo mismo en las tardes de apoteósicos triunfos como en las que la suerte se le mostraba adversa.

En Murcia contaba Bombita con legiones de admiradores. A su paso por las calles le seguían éstos a todas partes, y Ricardo, agradecido y rumboso, solía invitar a los “espontáneos”, que de este modo llamaba él a sus partidarios en los bares y colmados del recorrido.3

Bombita cada vez que paseaba por Murcia, era acompañado por el glorioso y laureado poeta murciano y a la sazón director del periódico “El Liberal”, Pedro Jara Carrillo. Solía visitar un colmado que se llamaba “La Campanilla”, en los aledaños de la Trapería, donde se reunían gran número de amigos de Bombita y de Don Pedro, que también tenía en Murcia, en su calidad de poeta, numerosos admiradores. Cuentan quien tenía la suerte de ser integrante de esas tertulias, que Ricardo hablaba de muchas cosas, y entre ellas de su afición por la abogacía, estudios que más tarde emprendió y que vio coronados al fin con brillantes calificaciones. Pero Bombita no hablaba sólo del estudio. Manifestó también su amor por la poesía y como un consumado artista, recitaba de memoria pasajes de “La Carta”, de Ramón de Campoamor, con una perfecta entonación:

Mi carta, que es feliz, pues va a buscaros,
cuenta os dará de la memoria mía.

Aquel fantasma soy que, por gustaros,
jugó estar viva a vuestro lado un día.

Curiosamente una cosa de la que jamás hablaba Bombita entre sus amigos era de toros. Parecía como sí le desagradara tal conversación, y delicadamente, la rehuía siempre que alguien trataba de suscitarla. En cambio, se mostraba comodísimo hablando de viajes, de elegancias, de mujeres… Sobre todo de mujeres, batía el record y apuraba el tema en todas las ocasiones. Con gran naturalidad refería sus oportunidades y su buena suerte con las damas. Cuentan que no lo contaba con vanidad, lo contaba coma algo pintoresco y curioso.1 (17)

La popularidad de que gozaba el gran torero de Tomares, pintoresco pueblecito de las cercanías de Sevilla, le hacía objetivo de los pedigüeños y gente con nada para echarse a comer, que, alentados por la bondad, y los rasgos de generosidad del torero, no lo dejaban ni a sol ni a sombra. Ricardo tenía un corazón incapaz de desoír la desgracia ajena. Pero antes de dar dinero a quien no lo merecía, se hacía asesorarse con el interés de que sus dádivas, iban siempre a parar a personas verdaderamente necesitadas. En Murcia tuvo lugar un rasgo de su caridad que quiero compartir con ustedes.

Bombita hallábase esa tarde, junto a Jara Carrillo y rodeado, como siempre, de amigos y admiradores, en determinado establecimiento, desconozco su nombre, de la plaza de los Apóstoles. Cuando acertó a pasar por allí una pobre mujer que por lo humilde de su vestido y lo decrepito de su rostro, denotaba una pobreza extrema y un gran sufrimiento.

Aquella mujer se dio cuenta de que algo extraordinario tenía que pasar cuando tanta gente se agolpaba a la puerta de aquel local. Penetró en el y vio que Bombita, el famoso torero, era la causa de aquella expectación. La afligida mujer se dirigió sin vacilar a Bombita y le expuso su situación con una sinceridad conmovedora. Cuando le declaró que nunca jamás había pedido, y que si lo hacía era para alimentar a su hijo tuberculoso, que era viuda, y que su hijo enfermo, era el único que traía el sustento a casa. Ricardo, dando maestras de hallarse emocionado, se llevó automáticamente la mano a la cartera. Vio de una rápida ojeada que no contenía lo que él hubiera querido dar a la mujer, y con ademán decidido, se quitó el alfiler de brillantes que llevaba prendido en la corbata y que debía valer un potosí, y se lo entregó a la pobre madre que pedía para su hijo enfermo.

Ella quiso rechazarlo pero Bombita, sujetándole la mano y acercándose al oído le dijo:   

          —Te lo doy de corazón, espero que lo administres y que sirva para ayudar a sanar a tu hijo.

Ni falta decir que la mujer se fue llorando emocionada, camino a su casa.

Y esta es la historia taurómaca de Bombita chico, gracioso torero de Tomares, grande de Sevilla y generoso de Murcia.

Por Julián Hernández Ibáñez – Twitter: @julianhibanez