OPINIÓN: “YO TAMPOCO TOREO” por Marcial García

Estamos atravesando un túnel de pesadilla desde que cualquier HP, poderoso e interesado, abriese la nueva caja de Pandora de cualquier laboratorio terrorista y mercenario, que los hay.

            Esta sociedad, desnortada y amorfa, ha recibido el impacto de esta felonía anunciada con incredulidad de incauto tiralevitas, de nenico mimado y, siempre, de irresponsable borrego, que, en un momento de lucidez, se da cuenta del irrecuperable tiempo perdido y de la bobalicona complicidad en la catástrofe.

            Lógicamente, después de los primeros momentos de incredulidad o del despertar de pesadilla onírica, viene la angustia del irreflexivo e ignorante. Su mundo de confeti, cartón-piedra y mala farsa de tinglado de feria ha caído con estrépito sobre su reblandecida mollera y se siente perdido y solo. Terriblemente solo. Ahora no le sirve para nada su colchón fabricado con sandeces y falacias, mucho más, cuando ese innombrable ser no reconoce tontos ni poderosos…

            Y ahora viene el llanto y crujir de dientes de la admonición evangélica. Inútil y sordo, porque no vale absolutamente para nada. Ni tan siquiera para expresar un dolor por sus pecados, sin propósito de la enmienda y con la terrible penitencia que lleva aparejado el mal.

            Las autoridades han optado, como en tiempos arcanos, por la cuarentena de inmovilización y todas sus secuelas. Una medida que será más o menos aceptada, pero que son las lentejas unívocas que el legítimo poder te da como opción. Y, lógicamente, con ellas, la paralización de espectáculos de masas, ya sean circenses o artísticos, que en esto también hay equiparación.

            Y, con ella, este mundo del taurineo, taurinismo y demás estulticias varias, incluidas las de los poderosos despachos.6

            Solo la de la verdad, el TORO, queda libérrima e indomable, sin acatar otra orden que la que impone el sol diario en su orto y su ocaso, en su reburdeo o en su rumia, en su andar del prado al umbro encinar, del pastureo al dormidero. Con sus rencillas y sus aquerenciamientos; con sus mayorales y sus cabestros.

            Un golpe duro, de rebote e inmerecido, pero un golpe, ha aturdido a todo el tinglado. Ante tanta incertidumbre, los huesos de los viejos patriarcas de casta y encaste se han removido quejumbrosos en sus tumbas, incluidos los silenciosos cartujos de Santa María de la Defensión, los guardianes de la raza de Gerión. Desde los Toros del Guisando hasta el Toro del Puente salmantino; desde el Torico estrellado turolense hasta el eral de Azaila, se remueven inquietos en sus siglos de piedra o bronce, mientras la Bicha de Balazote, ese androcéfalo flor de gamón, interroga con ahínco de siglos a los hados, que han traído, con golpe despiadado, tan incierto presente: si no hay espectáculo de masas, tampoco tendrá salida la sangre brava de la dehesa.

            Y si no hay espectáculo de masas, no hay corridas. Y si no hay corridas, dejan a los toreros en paro. A los mandamases engreídos y a los aspirantes esperanzados. Aquí tampoco hay distingos. Da igual artista que gladiador, da igual vulgar pantomima adocenada que esmerada liturgia de arte.

            Y si el torero se para, mueren muchas esperanzas. Los que hacían cálculos de la lechera de la fábula, con montajes y ganancias, se han encontrado, de improviso, con el cántaro al que ordeñarían, quebrado y por tierra, con la linfa de su ganancia derramada. Ferias de postín y humildes festejos anulados de un simple manotazo del destino manipulado. Adiós pollitos y lechones. Adiós cromitos y millones. Por más que estrujen sus pecadoras manos, las primeras ferias del año van por el sumidero de la prevención. De nada les valió a los poderosos su férrea ley del compadreo y la “omertá” mafiosa.

            Y si el padrino está inmovilizado, también lo están sus poderdantes y sus palmeros…7

             “Sic transit gloria mundi” (“Así pasa la gloria del mundo”) le decía un bello esclavo al general que entraba en triunfo en la Urbe, mientras quemaba ante sus ojos triunfantes estopa en un platillo de oro. “Finis gloriae mundi” (“El fin de la gloria del mundo”), pone Valdés Leal en una filacteria, al pie del sarcófago agusanado de un obispo y un calatravo, pintado en una de sus “Postrimerías” para el Hospital de la Caridad de Sevilla, que fundara Mañara, aquel vividor barroco arrepentido.

            Pero en el castigo bíblico también entra ese soñador, que sueña verónicas de alhelí y teje naturales, de frente y por derecho, en un albero de ilusión expectante.

            Si por los primeros me alegro, para que recobren el sentido de la equidad y el tiempo, para que atemperen su soberbia altanera, edificada sobre arenas y ventajas, me entristece enormemente por los segundos, por lo que supone de niebla de eclipse para sus sueños de porvenir.

            Pero tampoco sirven de nada mis alegrías y mis tristezas.

            Sin embargo, sí, como en el mito helénico, en el fondo de la píxide de Pandora, queda la irrenunciable y sempiterna esperanza. Esperanza de que este ajuste de cuentas del destino, deje con sus vergüenzas al aire a tanto desaprensivo. Que retrate tanta conducta rastrera e insolidaria de tantos aprovechados. Que engrandezca y ponga de espejo tanto ejemplo de abnegación heroica… y que enseñe al mundo, torero o no, los valores y la cordura que tanto tiempo han despreciado.

            Por eso y por otras cosas que me callo (desdenes, desplantes, reniegos…), yo tampoco toreo.

            Saludos esperanzados desde mi retiro campestre, donde rumio mis soledades y espero ese amanecer que ya se otea por el horizonte rosáceo.

Por Marcial García