#Opinión: ¡ESTEFANIAAA! por Fran Pérez

Si eres de los que viendo el cartel del Festival Taurino de la Asociación Española contra el Cáncer en Murcia se te ha quedado la cara del pavo anabolizado que grita el nombre de su pareja, te comprendo.

Pese a todo, los aficionados nos uniremos a ese otro público que va a merendar a los toros a Murcia para ver a las viejas glorias. Y es que cuando el presidente de la AECC, Manuel Molina, te dice que la donación que hacen a su asociación de los ingresos obtenidos en este festival supone casi el 90% del presupuesto que tiene esta institución murciana, la afición se queda a un lado, aparcada pero no olvidada, y el humano se remanga para ayudar en lo que se pueda.Screenshot_20200202-202323_Gmail

Ya sé. Han vuelto a ponernos los cuernos a todos aquellos aficionados que nos ilusionamos cada final de año con la esperanza de que el ridículo funcionamiento de la tauromaquia cambiará. Ya no solo con el cartelito murciano sino con la composición de las ferias que se avecinan. El invierno, en sus últimos retazos, vuelve a traernos la más rabiosa y cruel realidad. Nos vamos a la con perdón, irremediablemente. Pero los taurinos, los que forman parte y comen de este singular sector, seguirán tocando, como la orquesta del Titanic, hasta que se den cuenta que morirán ahogados en su propia baba.

Queda claro que la culpa no será de una tonta inculta que se atreve a opinar sin conocer la fiesta de los toros en un programa en el que destrozan las mejores canciones o de un vicepresidente con coleta y chalet en el pueblo de uno de los mejores toreros, y de un ganadero, de la historia. El miedo de algunos taurinos al son de ¡que vienen los rojos!, no hace nada más que hacer crecer su fama de paletos. Por cierto, los actores y el mundo del cine en España, tampoco deben ser la diana de las miserias taurinas. Si ellos son más listos y han sabido encontrar un escaparate único, como son sus premios Goya en la televisión pública, se dice y no pasa nada.

Mientras el sector taurino anda en las antípodas, anclado en los tiempos de Paquito el de la corneta, pensando que todo se arreglará porque hay algunas plazas que se llenan de vez en cuando, o poniendo la ya manida frase en las redes sociales de la tauromaquia interesa. Tanto interesa, que los medios generalistas de este país pasan de ella y solo la rescatan cuando el morbo y la tragedia se pasean por el ruedo. La juventud ahora se fija en otros cuernos, los anunciantes también. Los niños quieren ser futbolistas, youtubers o ninis con iphone, por no decir putos de pequeña pantalla. Es el futuro. ¡Pobre del que diga que quiere ser torero! Bicho raro.DPF_3716-480x328

Un bicho que no tiene la culpa de la decisión que tomaron hace años algunos “sabios” que pensaron que la tauromaquia se defendía sola. Otros, algo más avispados, tomaron ventaja y metieron en la sociedad un pensamiento que el mundo del toro no puso contrarrestar. Ahora, es un poco tarde, y aunque Chapu Apaolaza trata de apagar los fuegos con buen criterio desde la Fundación del Toro de Lidia, estamos pagando por aquellos tiempos donde los defensores de la fiesta eran Jaime Ostos y Oscar Higares, grandes toreros y pésimos defensores de su profesión.

Y en la isla taurina, un millón de naves e ilusiones hundidas. Jóvenes y ganaderos que están dejándose la vida para darle a la tauromaquia el futuro que se merece, pero que son exterminados como si fueran el coronavirus. Y gentes que se miran al espejo sin darse cuenta de los que son, exigiendo como si fueran lo más demandado y luego va a verlos el cemento. También están las propiedades de las plazas de toros, que creen que la fiesta está en la edad de oro y que por organizar un festejo en una plaza, a veces ruinosa, le van a dar el gusto y la gana. Como sigan así van a ser los reyes de un puñado de piedras.

Y cazafortunas de subvenciones públicas para dar toros en los pueblos, que llenan de pagarés y deudas el mar infinito del verano.

Y traidores, de despachos y de luces, que por una bolsa de papeles verdes, o por rabia y pura envidia, son capaces de poner la dignidad de la profesión y la ilusión de sus compañeros a las puertas del cementerio. Por no hablar de los que escudan su miedo a perder el trono acomodado vetando a compañeros, o mandando a Eduardo Manos Tijeras al campo bravo.

Ante este panorama, y sin novilladas, normal, que a ti, que pagas una entrada para ir a los toros, que perteneces a una asociación taurina y trabajas todo el año para defender y divulgar la fiesta de los toros en tu tierra, o simplemente te interesa la grandeza, la verdad de este gran espectáculo, único y que debe perdurar en el tiempo, te entren ganas de gritar ¡Estefaniaa!

Fran Pérez @frantrapiotoros