“QUERIDOS REYES MAGOS” por Marcial García

A estas alturas, pensarán ustedes, estimados lectores, no es muy de ley que uno ande de misivas a sus majestades de Oriente. Y es posible que lleven razón.

            Sin embargo, como en tantas cosas, uno se resiste a pasar de la infancia, a ese sentirse protegido, cuidado y mimado, con su universo de ilusión no profanada. Por eso uno se niega a dejar de creer en la magia de la mañana de Epifanía, cuando el corazón te salta del pecho esperando la sorpresa de rasgar el envoltorio del presente real.

            Así pues, con esa esperanza incólume, con esa ilusión esperanzada, tomo mi papel pautado, mi boli de punta gruesa y comienzo mi carta…

            Queridos Reyes Magos: Os escribo ilusionado, confiando en que atenderéis mis peticiones, porque he sido bueno todo el año, incluso, sin enfadarme demasiado con tanto malandrín que anda suelto.

            Mis peticiones no son de regalitos ni juguetes, ni caros ni baratos, porque hay muchos con más necesidad de ellos que este humilde servidor de vuestras altas majestades. Más bien son solicitudes para que interpongáis vuestra especial magia para arreglar algunos asuntillos de esta pasión mía, que se agranda casi al mismo ritmo que se desespera, porque las cosas, majestades de Oriente, no van, como ya sabéis, demasiado bien. Paso, pues, a exponerlas:

-Mi primera petición sé que resulta casi imposible hasta para vuestro alto poder. Me gustaría que limpiarais el esterado de tanto sinvergüenza de despacho, trilero de pacotilla y otras mafias varias que juegan con nuestras ilusiones y nuestro dinero. Haced lo mismo con tanto politicucho oportunista, tanto a los liberticidas como a los supuestos favorecedores, para que aparten sus sucias manos de una liturgia milenaria, que no soporta de su presencia nefasta.

-En segundo lugar, espero: que a las bailarinas las mandéis al Bolshoy  o al Marinsky, donde las élites las puedan jalear y pedir bises; a los gladiadores al anfiteatro y a los mascarones de proa, hacia algún museo marítimo de categoría, por razones similares a las de las bailarinas. A los buenos, a los que hacen honor a la palabra TORERO, traedles el honor y la gloria de los héroes, ganado en buena lid ante astados de verdad.

-En tercer lugar, espero que traigáis carbón (pero poco, que lo venden) a todos esos desalmados que programan ferias, a bombo y platillo, con figurones y figuritas, y se olvidan de la base de toda la tauromaquia: las novilladas, privando a los que comienzan esa base fundamental (cuando programan alguna, es para el protegido de turno, con “ganado” al uso).

-En cuarto lugar, a los buenos ganaderos, dejadles ilusión, esperanza y coraje, para que puedan aguantar estos tiempos de cenizas y sigan inundando de casta y bravura los ruedos. A los malos y a los del ladrillo, no traedles nada: ya tienen bastante con las autoridades sanitarias y el precio de los piensos.

-En quinto y último lugar, con la venia, os haré mis peticiones personales:

-Para mi querida Calasparra, traed un buen cargamento de cordura y diálogo, para que se solucione la discrepancia que pone en peligro la ya famosa Feria Taurina del Arroz, y así podamos seguir disfrutando de uno de los mejores ciclos de novilladas que hoy existen en el calendario.

-Para Filiberto, mi debilidad esperanzada, traed perseverancia en su objetivo de unir luz y quietud a ese don privilegiado de entender el toreo, enlazando la primigenia liturgia sotérica del toreo eterno con el perfume del arte que enerva y eleva. Dadle también la compañía del mentor que, como a Telémaco, conduzca su carrera hacia la meta  que anhela.

            Me despido con el respeto y el agradecimiento anticipado a vuestra bondad, deseándoos un regreso venturoso a vuestro reino de ilusión, hasta el año venidero.

            Vuestro leal servidor.

Por Marcial García García

Imagen: Antonio Mingote