“MAMARRACHADAS” por José Luis Valdés

Cuentan que la crítica teatral más breve y demoledora de la historia la publicó hace años un periódico del que no recuerdo el nombre. Decía más o menos así: “Anoche fulanito estrenó su última obra: ¿Por qué?”

Pues otro fulanito llamado Pedro Alberto Cruz llegó a consejero de Cultura y Turismo de nuestro gobierno regional. ¿Por qué? Seguramente degenerando, como explicaba Belmonte de su banderillero Juan Miranda cuando lo nombraron gobernador civil de Huelva.img_11279

Desde hace tiempo La Verdad publica una sección dominical de este lánguido “poeta”. “¿Por qué?”, podríamos también preguntarnos, pero hay que respetar los criterios del diario. El caso es que la página donde depone el fruto semanal de sus tortuosos pensamientos queda cercana a la de los pasatiempos y el humor gráfico. Yo al menos la suelo leer cuando el cuerpo me pide una sonrisa.

En su última deposición (La Verdad, 15/9/2019) -sin duda tras una desafortunada digestión mental-, arremete contra el reciente nombramiento de Miguel Abellán como director del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid por el simple hecho de ser torero. Quizás sus incomprendidas y enrevesadas neuronas crean más apropiado para ese cargo un astronauta, un linotipista o un espeleólogo. Cualquiera sabe; a veces cuesta trabajo comprender a ciertos poetas cansinos y viscosos como éste.

El problema es que también ataca personalmente al diestro calificándole de “carnicero” (RAE: cruel, sanguinario, inhumano). Además, considera que la tauromaquia no es un arte, sino un crimen ritual, lo que implica, por extensión, que los toreros son unos criminales. A los aficionados, con Picasso y García Lorca a la cabeza, también nos toca en el reparto: nos acusa de disfrutar con la crueldad, es decir, de sádicos; de gentes rancias que se regodean en el hedor de las alcantarillas. Y no es su primera vez.

De su concepto de arte lo más piadoso que se puede decir es que es muy particular. Este dizque experto en arte es el mismo que nos colocó en 2006 una montaña de escombros en la calle San Cristóbal, junto a las Cuatro Esquinas, por la que la “artista” Lara Almárcegui sabrá lo que nos cobró a los murcianos. Lo que para todos era una mamarrachada colosal, habitual en el consejero, para él era una sublime expresión que simbolizaba la fugacidad de la vida, o la volatilidad de la existencia, o… O vaya usted a saber qué otra bobada le puso de pretexto la moza para sacarle (sacarnos) los cuartos.

Éste es también el cualificado lumbrera que se gastó tres millones de euros nuestros en su memorable campaña “Murcia No Typìcal”, de funesto recuerdo porque fuimos el hazmerreir urbi et orbi, protagonizada por un presunto croata llamado Vladimir Karabatic que luego resultó ser un payo de Barcelona.

Son solo dos elocuentes mamarrachadas de la interminable retahíla por las que su nombre está grabado en los anales de la Historia de esta Región..

Ahora este personaje, que se proclama votante del Partido Animalista, debe de pensar que hay una regla no escrita por la que los taurinos tenemos que soportar estoicamente los insultos de gentes como él, que se creen moralmente superiores a nosotros.DOCU_VERDAD

Desconoce que la tauromaquia no sólo es arte, sino que encierra valores añadidos como la honradez, el pundonor, la superación, la entereza, el compañerismo, el sacrificio, la constancia, la paciencia, la generosidad, el respeto… y tantos otros. A veces ésta incluso nos regala lecciones de heroísmo.

Y si hay suerte, de tarde en tarde, surge en el albero de una plaza de toros el arte fugaz y efímero que pellizca el corazón y nos pone el vello de punta a los aficionados que tenemos la fortuna de saberlo apreciar. Si un antitaurino carece de la sensibilidad y el conocimiento necesarios, haría mejor en guardar un respetuoso silencio en vez de insultarnos.

Probablemente por ese mismo e imparable proceso degenerativo al que se refería Belmonte, en una reciente entrevista publicada en La Verdad Pedro Alberto (¡qué!) Cruz se autodefinía como “friki” -tipo extravagante, raro y excéntrico, según la Real Academia de la Lengua -, y a fe mía que lo es; no seré yo quien se lo discuta.

Cuando un friki cae en el ridículo se convierte en mamarracho y sus mamarrachadas provocan la risa (confío en que el abogado del exconsejero no me demande porque a veces me entren ganas de reír con sus tontunas).

Pero su última mamarrachada no ha tenido gracia ninguna. Es una temeridad y una verdadera imprudencia señalarnos públicamente como criminales, carniceros y sádicos, pues algunos antitaurinos fanáticos y descerebrados, en unos tiempos en los que extienden envalentonados su vandalismo, podrían inspirarse en sus insultos y sentirse legitimados para pasar de la violencia verbal a la agresión física, como ya ha sucedido alguna vez. Con estas cosas no se juega. Él debiera haberlo aprendido mejor que nadie porque ya lo sufrió en sus propias carnes.

Mejor sería que nos deje en paz y siga con sus tiernas poesías. Los mamarrachos, aunque hayan sido Excelentísimos, también cansan.

Por José Luis Valdés.