TESTIGO por Marcial García

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“La sangre de los mártires es semilla de cristianos”

Tertuliano, año 179.

            En griego “μάρτυς, -υρος” significa “testigo”, “el que da testimonio”. De esa palabra griega viene el término “mártir”, aplicado, no solo por las religiones, al que muere por sus creencias o está dispuesto a hacerlo. Con este sustantivo me creo en el derecho de titular esta glosa descarnada, esta reivindicación enervada de un testigo con todo el peso, anímico y testicular, que, además, es mi amigo.

            Y muchos de ustedes estarán diciendo que he perdido el poco sentido que me quedaba y que estoy rozando el sacrilegio. Nunca más lejos de ello. Sé perfectamente lo que digo y defiendo que las palabras, en la hermosa lengua de Cervantes, son, en su mayoría, polisémicas y, por ello, nadie tiene derecho a apropiárselas exclusivamente. Y por este aserto, exijo mi derecho de, con respeto y devoción, dar razón de lo que digo.

            No voy a repetir mi cantinela de la única liturgia viva, pero sí voy a recalcar que la mayoría de los toreros son y se sienten sacerdotes del viejo rito de la tauromaquia, Se necesita sentirse imbuido de ese carácter si uno tiene respeto a su profesión. Y la persona de la que les hablo lo tiene.

            Cuando uno está consagrado a esta profesión, que es una vocación cuasi divinal, debe estar dispuesto a ser víctima en lugar de victimario. Ese cambio de papeles, de sacrificador en sacrificado, te convierte, automáticamente en mártir, es decir en testigo. Y la persona de la que les hablo, da testimonio constante de su vocación. Y eso lo sabe todo el mundo. Bueno. Todo, todo: ¡¡¡NOOOO!!! Algunas malas sombras lo ignoran.102933715

            Conozco al protagonista desde que era un angelito travieso de bucles azafranados y cintura de junco juncal, jugando a torero a la menor insinuación. Luego, por aquello de ser yo liebre sin término y tener inoculado el veneno hasta los tuétanos, lo he seguido por esos ruedos del diablo y los chuflas y, alguna vez, por el del dios de los cuernos íntegros y los buenos aficionados. Además, he tenido la suerte de que se haya fijado en mi amistad, me haya correspondido y entienda mis prioridades en fidelidades, compartiendo alguna de ellas. Desde donde quiera que haya tenido oportunidad, he alabado su valor, su decencia, su entrega y sus co… corajes… ¡Hasta le he brindado mi “Tauromaquias con Historias”!

            En los últimos tiempos, por razones diversas, hemos tenido menos contactos, pero nunca me he olvidado de él. Sé de sus desvelos y de las zancadillas que tiene que fintar, como derrote avieso de cornífero de despacho y de largas sombras, malas sombras, con manía persecutoria. Pero siempre que puedo le mando ese mensajito, a veces un simple emoticono, porque mi tiempo actual lo tengo hipotecado y la cartera no resiste demasiadas inspecciones. Pero sus alegrías, siguen siendo las mías.

            La temporada no marcha como desearíamos, por razones varias.

            No he querido después de la nueva faena de su tierra, recordarle aquellas cosas que le decía desde estas mismas páginas, por igual ocasión. Mucha gente, el pasado año, cuando apareció en los carteles de la mojama, me decían que yo veía fantasmas. Me hubiera gustado. Pero no. Los fantasmas siguen y con más estulticia y vesania.

            La víspera de Pamplona, lleno de ilusión y esperanza, le mandé un nuevo mensaje con emoticono, al que respondió rápido. Los pamplonicas siempre han respetado su valor y su lidia, sin trampa ni cartón. Para ellos su cuerpo menudo se agiganta ante los gigantes cornúpetas que otros rechazan. Eso era un punto más a favor de la esperanza. Salió el mastodonte colorado de la A con asas, que por la cruz le sacaba una cuarta, y la esperanza se agigantó con esa lidia a la antigua, no exenta de arte… pero el cárdeno salpicado nos trastocó la ilusión en dolor, un dolor casi tan grande como el de su grito de titán, cuando le partió el pecho.xRafaelillo-clinica-Pamplona-2019.jpeg.pagespeed.ic.q9b08YN34G

            Seguramente, al ver su claro y prístino testimonio, algunos habrán sentido un resquemor en sus fementidas entrañas, cuando vieran tan cerca la guadaña y hasta habrán retorcido sus garras mugrientas en un amago de arrepentimiento.

            Lógicamente, no hace falta que diga de quién hablo y a quién gloso con todo mi cariño y respeto.

            Querido Rafa, admirado TORERO, no olvides la cita que encabeza estas líneas. Como decía Benedetti, “a más tardar, mañana”, retornará la veleidosa fortuna a sonreírte para castigo de esas malas sombras que han pretendido eclipsarte.

            Te quiere y admira este humilde escribidor.

Por Marcial García