EL DÍA DESPUÉS: COMO EL PRIMER BESO

Hay tardes que no se olvidan. Hay momentos que se quedan grabados en las retinas y que van contigo para toda la vida. Como joyas colgadas en el recuerdo. Pero sin oro, sin plata. El valor es la emoción, el sentimiento o esa gota que baña mejillas de alegría o que abre las compuertas del rubor de la piel. La tarde del 15 de junio será recordada para siempre. La historia de la tauromaquia se abre para que un torero la borde en oro, como borda su tierra, pero en cada puntada un reflejo de la pasión, una tormenta de esfuerzo, un terremoto de verdad y una riada de entrega. Así toreó Paco Ureña en Madrid. Y sí, salió por la Puerta Grande. Un matador de toros de Murcia, Rey de Madrid, después de Ortega Cano.IMG-20190616-WA0000

Su arrojo  fue tal, que desde el minuto uno, se puso cinco a cero en el marcador. Con un capote, en un quite en competencia con Roca Rey. Paco Ureña, ese chico de Lorca, pegó la media de su vida. Una media que como decía el maestro Antoñete puede ser entera. Y vaya que si lo fue. La Ventas pegó un crujido de los que marcan, y el capote de Ureña jubiló a la chicuelina del cóndor peruano, que se quedó desplumado toda la tarde, pasando frío entre tanto fuego. Fuego que quemó cuando el de Lorca jugó a ser celestino entre la entrega y la épica. Una costilla rota fue el precio de jugar con la alquimia del toreo. Un pinchazo y una estocada defectuosa lo dejaron sin la oreja pero con una vuelta al ruedo ganada a ley.

Pero luego, su segundo del lote fue el completo ideal para conseguir los sueños. El toro se dejó hacer. Y Ureña cuajó una faena sublime donde desde el inicio sonó el cante grande del toreo. La apertura de faena fue sobresaliente. En cinco muletazos Paco Ureña reventó Madrid. Y cuando Madrid revienta, Faustino “El Rosco” llora de emoción, el 7 olvida la dureza para ser paladín de la pureza, los espectadores se miran uno a otros comprobando en las caras de los demás lo extraordinario de lo sucedido y la plaza se quiebra ante el olé desgarrado que alimenta almas, que da vuelos y vida, mucha vida a la carrera del torero que lo escucha.

Y antes de ir a matar la plaza gritaba ¡Torero, Torero! Como prueba de la rotundidad de lo vivido.IMG-20190616-WA0001

La espada entró a la primera como premio a tanto esfuerzo. El toro se aguantó la muerte para poner suspense a la obra. Todos los que estábamos presentes hacíamos fuerza para que el toro doblara. Y nos hizo pasar un calvario, pero al final cayó muerto y las Ventas se inundó de pañuelos blancos como un viernes santo la avenida Juan Carlos I de Lorca. Pero no era tiempo de dolor y amargura. Era tiempo de hacer historia. Por fin llegaba lo más deseado. Paco Ureña salía por la Puerta Grande de la plaza de toros monumental de Las Ventas pero a la vez muchos salimos con él, nos contagiamos de su alegría y miramos hacia arriba dando gracias por todo. La vida, al fin y al cabo, es justa para los que luchan por sus sueños por muchos tropezones o equivocaciones que le persigan. Soñar y luchar van de la mano. El sueño de Paco Ureña se ha hecho realidad. Y los aficionados lo recordaran como el primer beso. Ojalá que los empresarios también lo recuerden.

Fran Pérez @frantrapiotoros