“SEÑOR ALCALDE: DOS PUNTOS” por Marcial García

Señor alcalde: 

                                   No tengo el placer o displacer de conocerlo, pero el motivo de mi misiva abierta es bastante preocupante. Verá:

            Soy un aficionado que ya ha pasado con bien varias decenas de tacos de almanaque, y ya estoy de vuelta de muchas cosas y muchos “postureos”.

            También le informo que soy afiliado, de hace muchos años, al partido que usted dice pertenecer, de lo que me siento orgulloso, sobre todo porque siempre hemos sido defensores de libertades, no prohibicionistas de tres al cuarto, como, al parecer, es el modvs operandi de algunos ediles de hoy en día.

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Marcial García, concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Moratalla, foto arriba a la derecha. Legislatura: 1983-1987

            Este aficionado socialista también fue edil, por tres legislaturas, pero de los de aquel tiempo de entrega gratuita y desinteresada, sin ansias de poltronas que nos alivien la incapacidad laboral o la canonjía de misa y olla, que no digo yo que sea el caso de vuestra señoría, porque, repito, no tengo el gusto –ni el disgusto- de conocerlo. En mi labor, nuestra labor, en un pueblo dejado de la mano de los anteriores ediles y el gobierno franquista, nos preocupamos de que nuestros ciudadanos tuviesen los servicios elementales de salud, servicios y educación, de los que se carecía en absoluto, devanándonos los sesos de cómo poder servir al compromiso social que adquirimos y al ansia de libertad que a todos nos abrasaba. No había tiempo para “armesias”, que es un término coloquial de mi pueblo para designar lo que en el resto de la Región se conoce como “tontunas”.

            A estas alturas, su señoría se estará preguntando a qué cuento viene todo este preámbulo. No tenga impaciencia. Todo llegará. Solamente quería dejarle muy claro que tengo vivencias y conciencia de lo que es el servicio público, a lo que usted, por su condición política y representativa está obligado. También podría decirle algunas cosas más sobre mí, pero las reservo, porque no soy muy dado de ir por ahí exhibiendo currículos para tapar mis desvaríos o mis “faenas”. Usted me entenderá.

            Y llegamos al meollo del asunto.45977251_10211007985109256_433790520074960896_n

            Como le he dicho soy “aficionado”, que es el honroso título de los que amamos un culto milenario que se llama tauromaquia. Pues bien, en mi condición de tal, me gusta mantenerme al tanto de lo que acontece en este mundillo, sobre todo en este tiempo en que tantos enemigos le han salido. Por esa curiosidad, me enteré de su decisión de no permitir una novillada que había anunciada en esa localidad que, como amante del flamenco, también lo es de este rito milenario. Repito: milenario y cultural.

            Al principio pensé que sería una más de las felices ideas que suelen alumbrar esos iluminados que han pasado del “ninismo” y “antitodo” a celosos defensores de la prohibición de todo lo que no les gusta. Pero mi gran sorpresa es que usted sea de un partido el mío, en el que siempre ha habido extraordinarios aficionados.

            Busqué con avidez sus razones para ponerse en el lado de la prohibición y me encontré algo tan falaz como el que su localidad, imagino que a su propuesta, se había declarado contraria al maltrato animal.

            Se me quedó la boca desencajada.

            No voy a darle una charla semántica sobre lo que es falacia, sofisma o mendacidad, de la que tan aficionados son los que no tienen nada más que vender que eso. Y me ratifico. Verá por qué.

            Imagino, que al haberse abrogado tan sensible y humanitario fin, es porque habrán acabado con las injusticias sociales que oprimen a los débiles, que tendrán cubiertas todas las necesidades de esa localidad, que tanto sabe de injusticias y sangre chupada por los poderosos. ¿Verdad, señor alcalde?iu 2

            También imagino que, siguiendo tan loable fin de abolir el maltrato animal, habrán cerrado todos los mataderos, prohibido el uso de insecticidas y antibióticos y clausurado todas las marisquerías. La lógica de su declaración debe ser así. O ¿acaso no son animales maltratados los cerdos, corderos, terneros de cebo, pollos, gallinas y conejos que van a matar en fila y serie; y de pulgones, moscas, mosquitos, chinches, virus, amebas que exterminarán para que no les molesten ni hagan pupita; o de ostras y almejas que caerán en sus fauces tras días de agonía? O ¿acaso ustedes, los puros y sensibles, echan una venda a sus ojos cuando estas víctimas caen, para su conveniencia?

            Mire, señor edil: usted es muy libre de gustarle o no gustarle los toros o el bacarrá ¡Faltaría más! Usted puede ser muy, pero que muy antitaurino ¡Faltaría más! ¡Hágalo! Pero usted no tiene ninguna autoridad para PROHIBIR algo que es legal y, aunque a usted le pese, una de las señas de identidad de nuestra cultura.

            No soy persona de consejos, pero en mis casi cuatro décadas de enseñante vocacional, he aprendido que, a veces, un consejo no hace mal. Lea, señor alcalde. Lea usted, desde Homero hasta Sabina o Miguel Hernández. Seguramente así se enterará que no somos un peligro; que no somos asesinos sedientos de sangre; que somos defensores de cultura, historia, ecología, economía y, sobre todo, de la libertad. Si a usted no le gusta: no vaya. Pero usted no tiene fuerza moral ni legal para prohibirme o prohibirnos asistir a un rito, que aunque usted no entienda o quiera, es legal.

            Y recuerde: los socialistas no somos liberticidas. Ese papel se lo dejamos a otros.

            Le deseo suerte en su gestión al servicio de sus ciudadanos, no al servicio de no sabemos –o sí- que intereses oscuros de los mal llamados animalistas.

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Picasso y Rafael Alberti

            Atentamente, ofreciéndome a señalarle el mal que hacemos estos criminales (como Goya, Picasso, Falla, Lorca, Bergamín, Hemingway, etc.) a la cultura y la ecología mundial, se despide de usted, bastante entristecido, este aficionado.

Por Marcial García