“MIS RESPETOS SEÑORÍA” por MARCIAL GARCÍA

            Hace mucho tiempo que las presidencias de las plazas de toros, salvo muy honrosas excepciones, se dejan llevar, de aquella manera, de las presiones ambientales, que es una forma muy elegante de negar lo evidente.

            Aprovechando que el día 8-mar se celebra una reivindicación femenina y que, en su última entrega de premios, el Club Taurino de Calasparra ha hecho un especial reconocimiento a una usía, con todo mi reconocimiento, quiero dedicarle este pequeño homenaje a la premiada, por el galardón y por su valentía.

            No conozco personalmente a doña Ana María Romero, la citada presidenta, que, en su día fue recusada por los hombres de paja de la cosa nostra que, desde hace demasiado tiempo manejan a su albedrío los asuntos taurinos de muchas plazas, pasándose por el forrillo lo que determinan y señalan los reglamentos taurinos de cualquiera parte de las Españas que se trate.

            Si ya el círculo cerrado del mundillo taurino es descaradamente misógino, los altos lugares de decisión son, a veces, o pretenden serlo, simplemente excluyentes de lo femenino, salvo en su “función jarrón” y otras, que omitimos, por decencia. Si para ello, y mantener sus regalías, hay que limpiarse el esfínter con alguna página de la Constitución, concretamente la del artículo 14, ese que dice: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, pues se hace ¡faltaría más!

            La Malagueta, ese coqueto coso de Málaga, consiguió la inclusión entre las plazas de primera no ha mucho. Pero, dada su área de ubicación y zona de influencia de uno de los trust del “taurineo”, lo que ocurre en su interior, de cara al público, deja mucho que desear, porque algunos han hecho de ella su particular placita de tientas, pero con el dinero de los además, esos que pagan la boleta y tragan sin rechistar la bazofia que les sirven.

            Siguiendo lo que establece el reglamento andalusí, la señora Romero ha dado algunos golpes de timón que ha hecho temblar el aparato de la cosa. Y claro, desobedecer a estos personajillos poderosos no sale gratis. Para eso tienen a sus chicos, para hacerles el trabajo sucio y dar “avisos a navegantes”, con lo que ello supone de recordar que uno puede acabar en una cuneta con la palera en la boca, las manos atadas a la espalda y la materia gris esparcida. Pero, a la señora Romero creo que no se deja amilanar y exige el cumplimiento o suspende el “espectáculo”. Y, claro, los perros defensores abren las fauces y ponen el ladrido en el cielo.

            De un tiempo a esta parte, el “acrisolado” panorama se ha puesto impresentable. Supuestas figuritas, que confunden el albero boquerón con las tablas del Bolchoi o el Marinsky, exigen también figuritas de cuatro patas, convenientemente alucinadas, descastadas y sin la integridad que exige el reglamento. Y la señora Romero, en esta temporada pasada dijo “niet!”, que en ruso es una negación inapelable. Y, claro, se lo han querido hacer pagar, porque, se cuenta, que ya estaba preparado el correspondiente camión de toritas para sustituir lo que se recelaban no pasaría…

            Señoría: No tengo el gusto de conocerla, repito, aunque he trabajado gratuitamente con su hermano Juan Ramón. Pero esa falta de conocimiento no impide que me rinda a su integridad y valor.

            Los aficionados que pagamos por ocupar un puesto en tendido o andanada, los que aún creemos en la sacralidad del rito, los que esperamos ver verdad en el ruedo, le estamos muy agradecidos. Los mismos intereses inconfesables que a usted pretenden hundir, son los que están convirtiendo a la cuna de la tauromaquia moderna en un repulsivo albañal, que terminará por emponzoñarlo todo y acabar lo que no pudieron reyes ni pontífices. Ellos, como próximos al espíritu del gran manipulador, tienen su auto perdón en ese “Solo dios me ha de juzgar”, con el que excusan su punible conducta y su descarado y abyecto negocio.

            Espero que su ejemplo se prodigue, porque soy de los que aún no ha perdido la esperanza de una revolución que mande a la guillotina a estas figuritas de minué y a todos sus valedores. La vergüenza torera bien merece una mujer que la reivindique.

            Por eso, señoría, tiene usted todos mis respetos y simpatía.

¡Suerte, vista y al palco!

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MARCIAL GARCÍA

Foto: Pedro Laforet