UN BALÓN PINCHADO por Fran Pérez

De nada vale tener un organismo que luche por la fiesta de los toros si los mismos taurinos atacamos su esencia desde otro lado. El fallo dictado por el titular del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 1 de Alicante negando que el Ayuntamiento de Villena pueda impedir la celebración de corridas de toros en su preciosa plaza de toros y considerando a la tauromaquia una manifestación cultural protegida por la normativa autonómica y estatal es toda una victoria para la fiesta. Un escudo conseguido por la Fundación del Toro de Lidia con el apoyo de la Peña Cultural Taurina Villenense contra todos aquellos irrespetuosos que atacan a una cultura legal seguida por millones de personas y que además es la que más ingresos aporta a la Hacienda pública española.1547108335635

Una cultura que se identifica con España, aunque sea Universal, y eso jode a muchos. El toro y España van de la mano, véase cualquier folleto de agencia de viajes extrajera sobre nuestra tierra “El país de los toros”, así lo califican, y eso está tan arraigado que ningún complejo puede quitarlo.

Un balón de oxígeno que, sin embargo, nace pinchado por el inmovilismo de un sector taurino que no se mueve para defender su pan y el del futuro de los que quieren comer de él. Cuidar la fiesta debe ser un mandamiento esencial, pero desde su cima se le ataca con tormentosas prácticas que hacen que el espectáculo más verdadero del mundo, más real y más emotivo quede como una pantomima arreglada, como un circo sin emoción donde el protagonista sale a la plaza sin sus mejores galas.

Los casos de Guijuelo, Tomelloso, Huesca y muy recientemente el de Manizales (Colombia) donde alguna de las principales figuras del toreo se ha visto envuelta en casos de supuesta manipulación de astas de los toros estoqueados es todo un desprestigio. Una barrera para todos aquellos que intentamos defender la fiesta desde las letras, desde la afición, desde la cola de una taquilla de una plaza de toros, desde una red social, desde la palabra, desde la justicia o incluso desde un parlamento o salón de plenos.dwvpbh0x4am4-sp

Además del desprestigio llega la pena. Ver a toreros con un enorme potencial delante de animales impropios de su grandeza, engañando con ello a la gente que ha ido a verlos, es como ver un concierto de José Mercé en Playback o un partido del Madrid contra solteros y casados. Le pueden llamar fraude, aunque lo vamos a dejar en decadencia.

Y tras la pena el insulto. Un insulto a todos los compañeros que si van por lo legal y establecido, y todos los que lo han hecho antes. Toreros reales, que no le ponen muecos ni escofina a su verdad.

¿La Verdad de lo que sucede? Ya la saben. Llega la contratación de tal figura y el apoderado exige que para que ese torero esté presente en la feria tiene que torear tal ganadería.

Llegan los veedores del torero a la ganadería, y de la corrida que tiene apartada el ganadero descartan varios toros porque tienen mucha cara. La corrida la recomponen con otros toritos menos ofensivos con su correspondiente paso por el mueco, para que las uñas, “veneno” o “muerte” del pitón se quede en la finca para mayor tranquilidad de los actuantes.maxresdefault

Si el ganadero se niega. La corrida se queda en el campo. Esa y las que tengan reseñadas más adelante. O los pasa por el mueco o no vende y se come los toros con patatas. La mayoría de los ganaderos ceden.

Salen los toros a la plaza y el descontento general por la presentación de los mismos es evidente. En cada remate en el burladero los pitones de los toros florecen. Las culpas son para el ganadero. ¡Vaya presentación!

Si se encuentra con algún equipo presidencial exigente y valiente, el ganadero se encuentra con el análisis de astas de sus toros y una posible multa. Las excusas de que los toros han rematado mucho en los corrales tapan un supuesto engaño.

Si los pitones no se pierden por el camino, que es lo que suele pasar, la multa llega. El ganadero paga. Los medios callan. Y vuelta a empezar.

Y llegan los titulares que dicen del torero “¡Cumbre!” y otras cosas varias.

Cumbre la manera de escaparse de algo del que si tiene que ver.

Ojalá la posible multa de lo acontecido en Huesca donde se afeitaron los seis toros de la corrida lidiada en mano a mano por Ponce y Juli no se quede solo en los ganaderos de Vellosino. Hay que tirar de la manta. Dar un toque de atención a todos los implicados. Que corromper la fiesta no salga en balde.

En este asunto la Fundación del Toro de Lidia tiene un largo camino por recorrer. Va siendo el momento de arreglar el pinchazo.

Fran Pérez @frantrapiotoros