ANTONIO CAÑERO, EL MEJOR CABALLERO REJONEADOR DE LA HISTORIA Y SU PASO POR MURCIA por Julián Hernández Ibáñez

Antonio Cañero actuó un total de nueve veces en la plaza de Murcia. La primera vez que el caballero cordobés pisó tierra murciana fue en el año 1924, siendo empresario de la plaza murciana don Alvaro Guíxot, quien organizó para el día de San Pedro, fecha taurina en Alicante, pero no en Murcia, la presentación de Cañero en la Condomina, con seis toros de don Juan Terrones, dos para él y los cuatro restantes para “Maera” y “Gavira”.thumbnail_IMG_6572

La plaza registró un llenazo absoluto. La entrada de sombra del tendido tres, fila octava, costaba ¡seis pesetas! Ese día en el palco estuvo ocupado por unos 40 marineros argentinos que habían llegado días antes a Cartagena y que la empresa invitó para que pudieran deleitarse por primera vez de la fiesta taurina española. Huelga decir que la primera ovación fue para estos intrépidos marinos.

Cañero en su primero, jugó con el toro, hizo de él lo que quiso. Colocó varios rejones admirablemente, lo mató de un rejonazo en todo lo alto, cayendo la res en el centro de la plaza y sin puntilla. Los aplausos fueron nutridísimos durante toda la lidia y se convirtió en cerrada cuando el toro cayó en el centro del ruedo.

En su segundo, clavó varios rejones con gran elegancia y a petición del público echó pié a tierra y provisto de muleta y estoque, después de brindar a los marinos argentinos, se fue al toro y le dio varios pases buenísimos, sobresaliendo uno por su calidad. Entró a matar y salió prendido. Saleri III que actuaba de auxiliar de Cañero, acabó con el toro como buenamente pudo. También fue trompicado, pero resultó ileso. Cañero resultó con una luxación en el hombro, según los doctores Sánchez Parra, lo que llevó a estar un mes fuera de los ruedos.

Los otros diestros estuvieron bien, sobre todo Maera que cortó una oreja, el cartagenero Gavira fue aplaudido en sus dos toros.

Las otras ocho veces que actuó en Murcia fueron las siguientes:

7 y 8 de septiembre de ese año  con “Maera” y “Algabeño”,  con toros de Pablo Romero la primera tarde, y de Miura, la segunda.

El 12 de septiembre de 1926, con Rafael  “El Gallo”, Sánchez Mejias y “Rayito”, y toros de González Nandín.Captura de pantalla (24)

El 11 de septiembre de 1927, con Marcial Lalanda, “Niño de la Palma” y “Rayito”, con reses de Clairac.

El 7 de junio de 1928, con astados del duque de Tovar actúa con Marcial Lalanda, “Rayito” y Mariano Rodríguez.

El 9 de septiembre siguiente con el mismo último cartel, Marcial Lalanda, “Rayito ‘ y Félix Rodríguez, y esa tarde se lidiaron seis tocos de Clairac y dos de Terrones.thumbnail_IMG_6590

El 10 de septiembre de 1933 se lidiaron ocho toros de don Vicente Martínez,  para Victoriano La Serna, que sustituía a Félix Colomo, Pepe Gallardo y “Gitanillo de Triana III”.

Su última actuación en la Condomina fue el día de la Virgen del año 1934, cuya tarde se corrieron ocho toros de Rincón, y los tres espadas que torearon fueron Vicente Barrera, “Armillita Chico” y Domingo Ortega.

Cañero ha sido el Belmonte del toreo a caballo, otro gran revolucionario, pues el, como Juan, realizó la gran armonía taurina, la de la gracia y la elegancia fundidas con el valor y la emoción. Porque los rejoneadores anteriores eran unas figuras suntuarias, decorativas, frías, que lucían su habilidad circense ataviados a la Federica, y Cañero, más elegante que ellos, más pinturero, fue también más emocionante, más torero en suma. Supo trasladar al anillo de las plazas la grandiosa visión del toreo en las llanuras andaluzas, los jugueteos y recortes realizados con el toro en el campo abierto, y españolizó una suerte que parecía vinculada a Portugal, embelleciendo en forma aristocrática una faena campera.CUCglP_WEAAlPYN

Doto a la fiesta la gallardía de su destreza, de su arte y de su valor, y creo, dentro de la sugestiva suerte del toreo a caballo, un estilo primoroso y personal, pleno de arte y de belleza.  Rejoneando y banderilleando señaló una nueva ruta a los toreros rejoneadores, y su maestría como jinete hizo que torease a las reses sobre su cabalgadura de una manera que hasta que él vino a los cosos taurinos parecía inconcebible. Además tuvo el gran mérito de que los toros que rejoneaba entraban en el sorteo con los que habían de lidiar las grandes figuras con quienes alternaba. Nada de toros escogidos y afeitados o emboladas sus defensas para evitar el peligro, y las jacas o los caballos que montaba para lucir su destreza y su arte llevaban la cola cortada, que también eso tenía su mérito. Hizo extensiva la práctica del toreo de muleta y la de estoquear al toro cuando éste no moría en los rejones de muerte.

La última vez que tomó parte en una corrida de toros, fue en Madrid, el 15 de octubre de 1939 en la corrida de la Prensa, rejoneando un toro de doña María Montalvo que fue muerto por el sobresaliente “Zurito”, y en dicha plaza había actuado anteriormente el 24 de mayo de ese año, en la corrida de la Victoria, siendo esas dos tardes las últimas que lució su arte y su maestría en los cosos españoles.

Y esta es la historia taurómaca de Antonio Cañero, excelso caballero rejoneador, que durante 10 años, agasajó con su arte y elegancia a todos los murcianos, desde 1924 hasta 1934.

Por Julián Hernández Ibáñez. Twitter: @julianhibanez