TRAS LOS PASOS DE ALBACETE por Fran Pérez

Un estudio de la revista de investigación y negocios Elsevier sobre las reuniones de trabajo realizado en el año 2015 a trabajadores de 41 países diferentes arrojaba un claro resultado. La mitad de estas son una fuente ineficiente de pérdida de tiempo. El estudio va más allá y declara que suponen un alto coste para las empresas y una frustración para el trabajador. Estos encuentros no tienen un enfoque concreto, están mal planificados, tienen una elección inapropiada de los convocados y tampoco garantizan que el trabajo que se lleve a cabo sea lo que verdaderamente se busca con ellos.

Entre esas reuniones ha estado el II Congreso Internacional de la Tauromaquia que finalizó el pasado domingo en Murcia. No dudo de la valentía del Gobierno de la Región de Murcia y de su consejero de Presidencia, Pedro Rivera, principal valedor del Congreso, por tirar hacia delante con él, a pesar de que la idea inicial quedó mermada por el cambio de color en los inicios del verano en el Gobierno de España.003

Cuando las amenazantes nubes de los nuevos gobernantes, presos de la aprobación del partido del señor de la coleta, casi acaban con la suspensión de Congreso, Pedro Rivera, a sabiendas de que iba a ser muy difícil suscitar la expectación entre los amantes de la tauromaquia con el programa propuesto, decidió que el Congreso se celebraba sí o sí. Un detallazo por su parte y compromiso con la fiesta en tiempos donde otros se esconden porque se creen que les perjudica políticamente hablando. No sé lo que nos habrá costado a los murcianos su empeño, pero como aficionado valoro su defensa de la fiesta.

El nuevo Gobierno de España quería que este Congreso pasara inadvertido en la sociedad y desde luego que lo ha conseguido. Pero ha hecho pleno, porque también ha quedado eclipsado en la actualidad taurina, ya sea por su escaso interés en los contenidos que ofrecía o por la guerra entre Talavante y Toño Matilla que pasa por su máximo esplendor.

Cuando todo se presentó, la palabra “Ruina” se nos pasó a todos por la cabeza como el miedo a Juncal, “quiebra, bancarrota, decadencia, depresión, hundimiento, insolvencia, desgracia, miseria, crack, desastre, desolación y destrozo”. Si el primer Congreso de Tauromaquia en Albacete fue un fracaso, el de Murcia ha seguido sus pasos. Duele decirlo, porque soy consciente de los esfuerzos que muchas personas han puesto para que así no fuera, pero un Congreso de espaldas a los problemas reales de la fiesta, de espaldas al pueblo, a las soluciones, al toro y que esconde a los que se parten la cara en esta bendita tierra murciana por la fiesta de los toros, olía al desastre que ha sido.005_

El acto de apertura en el Teatro Romea el pasado jueves en Murcia, con la conferencia inaugural de Enrique Ponce Martínez fue el que más arropado de público estuvo. Surgen las dudas si de verdad la gente iba a ver al maestro de Chiva o al ballet que se encargó de amenizar el acto. Fue terminar la agrupación de bailarines y quedarse el teatro en familia. Un claro termómetro de lo que después sería el aspecto de las butacas en las conferencias celebradas en el aula de Caja Mediterráneo el viernes y el sábado.

Los que fueron a ver la actuación de excelente grupo de baile, se tuvieron que tragar el discurso de un Enrique Ponce que con el paso del tiempo, ha olvidado porque es tan reconocido en el mundo del toro. Ponce se cree que la afición lo alaba por su manera de torear toritos con la lengua fuera mientras una banda filarmónica suena y toca “La Misión”. El caso es que parece que su misión es que la tauromaquia pierda su esencia a través de ese espectáculo bochornoso que convierte la emoción en gritos de palmeros, que se llama “Crisol”. Una pena que al maestro, y yo quería ser Ponce cuando me adentre en este mundo extraordinario y de sin sabores como es la tauromaquia, se le haya olvidado aquella faena al toro “Lironcito” en la feria de San Isidro de Madrid, curiosamente la versión de Ponce que entrará con más fuerza en la historia. Ponce dio en el clavo al final de su discurso. Habló de las enfermerías. Pero, ¿quién iba a hablar de las enfermerías tan de actualidad en esta temporada por lo sucedido con Manuel Escribano, David Mora o el subalterno Albero López “Niño del Barrio” si no había ninguna mesa dedicada a los ángeles de la guarda de los toreros?salon_2

Y como eso todo. Ni había picadores que hablaran de la situación del tercio de varas, ni ganaderos que hablaran de la situación del protagonista principal de la fiesta de los toros, ni subalternos para hablar de la necesaria actualización de los actuantes en las cuadrillas para los supervivencia de los festejos menores, ni periodistas para hablar de la situación crítica del periodismo taurino con libertad y sin presiones de anuncios del propio sector, ni presidentes de plazas de toros que denuncien las presiones a las que se les someten los integrantes de la fiesta por ejercer y aplicar el reglamento, ni empresarios a los que el público les pueda mostrar lo que realmente quieren ver en las ferias a un precio razonable. Y por supuesto faltó debate entre todos ellos. Eso es lo que realmente se echa en falta para que un Congreso de la Tauromaquia sea productivo y enriquecedor para ella. Hubiera estado fenomenal que a la idea de reducir la puya y mermar la sangre en la lidia del abogado Joaquín Moeckel, se hubiera visto interpelada por profesionales taurinos.

Sin debate no hay lugar a las soluciones. Y nos encontramos otro invierno taurino camino de esa tauromaquia del escarabajo pelotero que hace cada vez más grandes los problemas hasta que ya no se puedan arrastrar más de ellos.

El estudio empresarial del que antes les hablaba termina diciendo que cuando surge la oportunidad de discutir en las reuniones los trabajadores son más propicios a resolver problemas.

Dice el refrán que a la tercera va la vencida. Ojalá sea en el próximo congreso de la tauromaquia donde los problemas reales de la fiesta de los toros salgan a la palestra, aunque se antoja ya, demasiado tarde.

Fran Pérez @frantrapiotoros