LA MURCIA DE 1885 RECIBE POR PRIMERA VEZ A MAZZANTINI por Julián Hernández Ibáñez

Don Luis Mazzantini se presentó como matador en Murcia en dos corridas de toros que se celebraron los días 23 y 24 de octubre de 1885, en la antigua plaza de toros de San Agustín. Un año después el 11 de octubre de 1886 el arquitecto don Justo Millán, pondría la primera piedra de la que aún es hoy nuestro circo taurino, La Condomina.Captura de pantalla (18)

Lagartijo, Mazzantini y Guerrita  como sobresaliente, con obligación de banderillear, se verían las caras con dos ganaderías punteras, la primera de Aleas y la segunda del Duque de Veragua.

Desde 1879 con la terrible riada de Santa Teresa y en años posteriores, Murcia era castigada en mayor o menor medida todos los años por riadas y crecidas desbordantes del rio Segura. Si esto no fuera poco, las riadas que se producían con relativa frecuencia en Murcia hace dos siglos fueron el origen de muchas epidemias, ya que las aguas quedaban estancadas durante meses, una de ellas fue una epidemia de cólera que dejó centenares de muertos en el año 1884 y 1885. Años catastróficos, repletos de calamidades donde los toros eran un auténtico soplo de aire fresco para nuestros paisanos de esa época tan dura.Captura de pantalla (16)

Muchos forasteros llegaron en trenes y diligencias, sobre todo del género masculino, porque los del género femenino se decía entonces que solo llegaban a la ciudad en días de feria y pudiendo disfrutar de otras diversiones y claro, estas corridas eran fuera de feria y la fiesta nacional no seducía tanto como para arribar a la ciudad, que en ese año no era tan bulliciosa, ni tan atractiva como en años pasados, porque aún eran visibles los desastres que habían causado tanta desdicha y dolor por culpa del Dios de la lluvia.

Era tanta la preocupación y el temor de nuestros paisanos pretéritos que en los colmados y en los corrillos se decían cosas tal así: —Aquí, en esta ciudad, hay un sitio sagrado, que nadie sabe dónde está, en el que se levantará un monumento que dará la inmortalidad al hombre que, seguramente, antes de ser elevado sobre dicho pedestal, ha de tener una de las mayores satisfacciones posibles en el mundo. El hombre que pueda decir alguna vez: “Yo he librado a Murcia de inundaciones”.

Desde el tren a la plaza llegaron trece cajones con ruedas, seis donde se encerraban los toros de Aleas y siete donde se trasladaban los de Veragua. La gente por donde transitaba ese cortejo se quedaba con un aire de temor y sorpresa por aquellas cajas con ruedas tan robustas y tan fuertes. No es difícil imaginarse a algún anciano impertérrito exclamando algo así: —¡Si se escapara Uno! ¡Dios nos libre!131760cde807148267b3854c743c7f69

Ya en 1885 Murcia era torerista antes que torista,  primero los toreros y picadores, luego los mozos y aliviadores, después  los caballos, y luego el toro, la verdad, es que gustaba ver cómo con la capa los mareaban y aburrían y les daban en la cara, como se acercaban al toro cortándole el terreno y les clavaban las banderillas, cómo se lo pasaban con la muleta y los vaciaban, los cuadraban y los mataban. Esas alimañas de entonces, bichos  malos, que  buscaban el bulto de los toreros, y se colaban, los cogían y los zarandeaban y más veces que pocas dañaban de gravedad a cuantos se ponían por delante. Pues si, a esos toros en Murcia gustaba que se castigaran.

Ya en la plaza en el tendido se vivía una atentica fiesta, en la Jerezana, que era una bodega de postín en Murcia, se vendían pellejos repletos de manzanilla y los aficionados se pasaban el elixir licor de mano en mano sin no antes probar tan oloroso manjar.Luis_Mazzantini2++

Todos los ojos se fijaban en aquel mocetón vasco, que aún no era llamado como don Luis, pero que ya hacía fijar la atención de todos los que presenciaban la corrida. Mazzantini que se había doctorado un año antes, era tremendamente esperado en Murcia y no defraudo el diestro de Elgóibar. En este país de los prosaicos garbanzos, o se es tenor del teatro Real o matador de toros, sentencio en una ocasión Mazzantini. Y así fue su vida, tras fracasar como cantante, triunfo como torero. De cultura inusitada entre los coletudos, terminó sus días como Gobernador Civil.

A la primera oportunidad brindó Mazzantini al publico murciano y los que tuvieron la suerte de oírlo en la plaza de toros de San Agustín dicen que fue así:   –BRINDO CON TODA MI ALMA POR ESTA TAN DESGRACIADA PERO MUY HERMOSA CIUDAD DE MURCIA. Fue muy aplaudido el brindis.

Como anécdota curiosa de Mazzantini en esa primera comparecencia en nuestra plaza capitalina, en el quinto toro y tras descabalgar al picador que quedo a merced del animal, Mazzantini sin pensárselo dos veces se fue al toro y agarrándole de la cola, con tanta fuerza y valentía que se lo llevó  al extremo opuesto de la plaza, este acto de redaños y valor hizo que la plaza se cubriera de sombreros y habanos, en medio de un aplauso general.Captura de pantalla (17)

Los toros de Aleas del primer día fueron bravos, ninguno alcanzó a los toreros, mataron trece caballos. Era un día nublado, sin sol ni calor, hubo un ligero chispeo pero no pasó de ahí. Lagartijo estuvo bien, en maestro, y Mazzantini muy valiente y presto en las ayudas a todos los compañeros.

La corrida de los Veraguas fue muy buena, pues si bien un toro salió con un cuerno inútil, para eso tuvo el público siete toros, y uno de ellos, el primero, de primera. ¡Magnífico toro! De los lidiadores, estuvieron bien los espadas. Mazzantini dio un susto, en una cogida que tuvo, de la que salió sin novedad, no sufriendo más que un golpe contra la barrera, donde lo despidió el toro que lo encunó. Este espada dio una superior estocada, que, con otra igual de Lagartijo, fueron las de la tarde. El séptimo toro fue el único que mató Guerrita con poco acierto. La entrada fue un lleno. La manzanilla hizo estragos en algún espectador, se oyó un grito en el tendido destinado a Lagartijo que decía: — ¡Brinda por Murcia y Alicante!, seguro era de Orihuela, a caballo de las dos ciudades, la gente se fue contenta a casa y los toros al desolladero y de ahí a las carnicerías a 5 reales el kilo.

Y esta es la historia taurómaca de la Murcia desdichada y muy golpeada, que recibió con los brazos abiertos al que ya empezaba a ser uno de los toreros más grandes de la historia, don Luis Mazzantini Eguia.

Por Julián Hernández Ibáñez @julianhibanez