“EL QUE MANDA ES EL RESPETABLE” por ALBERTO CASTILLO

El año dos mil dos fue el ultimo que pisé la querida Malagueta en la cada día mas añorada “Feria de Agosto”. Desde entonces no he vuelto a la capital de la Costa del Sol en su ciclo ferial si bien lo he hecho, lo hago y lo haré mientras pueda, en otras épocas del año. Para nadie que me conozca en un secreto, hoy, el amor que profeso a aquella bendita ciudad donde pasé unos años inolvidables. Siempre he dicho, y me mantengo en ello, que Murcia es mi “amor de Madre” y Málaga es el amor de la mujer soñada con la que no te importa compartir toda una vida. Explicado esto, que me parecía obligado hacerlo, voy al asunto que me ha hecho escribir esta columna de opinión.

Conozco perfectamente a la familia Romero desde el primer día que llegué a la capital de la Costa del Sol. Enrique Romero, Quique, fue mi compañero de redacción en la desaparecida Antena-3 Radio casi una década. Día a día. Codo con codo. Yo era el responsable de programación y encontré en Quique el compañero, el amigo, el cómplice y el periodista capaz de sacar una noticia debajo de la piedras. Hasta tal punto, y lo digo con todo el orgullo del mundo, que todavía hoy muchos malagueños recuerdan con extraordinario cariño aquella emisora de la calle Compositor Lhemberg y especialmente a los protagonistas de esa hazaña que trabajamos sin horas ni días para convertirla en lo que fue, líder indiscutible de audiencia en la provincia. Ahí están las hemerotecas.

Pero no me quiero apartar del tema que me ocupa y me preocupa, no les voy a engañar.

Al tener la inmensa suerte de trabajar con Quique Romero conocí a su hermano Juan Ramón, entonces novillero y hoy matador de toros, y por supuesto a Ana Mari Romero. Entonces una chiquilla enamorada de la radio y de la información pero especialmente de la información taurina. Esta mujer, ya en aquellos años estábamos en la segunda mitad de los ochenta, tenía problemas para entrar a los corrales de la plaza, los días de sorteo, pues el machismo caduco y viejo del mundo del toro aun estaba en todo su apogeo. ¿Qué hacia una mujer, ademas guapa, en los corrales entre tanto tío? Aquello era poco menos que una provocación y no digamos los días de corrida para moverse por el callejón a hacer su trabajo. Era algo inconcebible. Lo que les cuento es la pura verdad porque lo viví en primera persona con ella.

Les confieso públicamente que me llevaban los demonios y que en mas de una ocasión discutí con subalternos y miembros de cuadrillas que no la miraban con buenos ojos en aquellos terrenos que, ellos, consideraban sus dominios. Machismo viejo y ridiculo.

Pero ella siguió adelante y nunca desfalleció. Ana Mari siempre ha sido una mujer muy valiente y dispuesta a dar la cara.

 Un buen día, leyendo “Diario Sur”, les confieso que casi todos los días lo consulto en la red para saber como está todo por aquella mi amada ciudad, me entero que la han nombrado Presidenta del palco de la Malagueta. Me lleve una enorme alegría pues pensé, solamente, que aquella chiquilla enamorada de la fiesta, con una afición terrible y sobre todo valiente y dispuesta, había llegado al lugar mas alto en esa  querida plaza. En la misma que, algunos, le habían prohibido tantas cosas ahora la tenían de máxima autoridad. Así son los caprichos de esta vida. Nunca sabes las vueltas que va a dar.

Y tenemos a la Señora Romero de Presidenta y quiere lo mejor para la fiesta. Para mi no es ninguna sorpresa. Purista, seria y sobre todo exigente. Si el toro no le gusta se rechaza, si ve algún problema en el ruedo saca el pañuelo verde y no “traga” con imposiciones, presiones y bravatas de la mafia del toreo. Siempre he dicho y me mantengo en ello que el enemigo de la fiesta está dentro. No es la moda de los “anti” ni las presiones políticas, que también, pero el verdadero enemigo lo tenemos camuflado en los despachos, en el campo e incluso vestido de luces en muchos casos. Entre todos la mataron y ella sola se murió.

Ahora cuatro asociaciones taurinas profesionales, toreros y empresarios, exigen al Ministerio del Interior que la quiten del palco malagueño. Que la echen a la calle. La señora Romero es muy estricta y les daña, presuntamente, sus oscuros intereses. Le acusan de animadversión hacia ciertas figuras, arbitrariedad en los reconocimientos del ganado y de tener un hermano matador de toros y otro periodista conduciendo el mejor y mas reconocido programa de televisión en Andalucia. Su hermano, y mi amigo querido, Quique Romero. Esas son la acusaciones contra Ana Mari. No hay mas. Ni tampoco menos.

Olvidan los denunciantes que, el que exige, paga su localidad y mantiene la fiesta es el espectador también conocido como “respetable”. Por algo será. Los únicos que tiene poder en un espectáculo democrático como es una corrida de toros, quien da y quien quita, es el publico que paga la entrada. El ganadero se puede quejar, está en su derecho, el torero también, lo tiene igualmente, pero olvidan fácilmente que ellos están donde están porque unos señores pagan una entrada que, por cierto, no es nada barata. Y que ese publico es quien pone y quita figuras. Quien premia o castiga. Ellos pueden protestar o hacer lo que les venga en gana pero al final es el “respetable” el que da y quita razones. Y si, como es el caso, la queja al Ministerio del Interior, que espero no caiga en la trampa, es que la señora Presidenta es muy estricta aplicando el reglamento y tiene un hermano torero y otro periodista aparte que ella misma conduce un programa de los llamados “de información del corazón” es para decir aquello tan castizo de “agárreme usted la mosca por el rabo”.

En fin el complejo mundo del toro está así y difícil será reconducirlo ante conductas caciquiles como esta. Pero el aficionado no es tonto. El que paga su localidad sabe aquello de “torea fulano pero tiene que ser con la ganaderia mengana” o eso otro de “mi torero va a tu feria pero ya tenemos la corrida apartada en tal sitio. Si no es esa, no cuentes con nosotros”.

Cuando yo llegué a Málaga, en 1985, se conocía a la feria malagueña como la “Del chanquete” dado el tamaño irrisorio del ganado que salía a la plaza. Grandes e inolvidables presidentes cambiaron aquello y el toro serio se fue imponiendo con criterio. Viví en aquellos corrales muchos enfrentamientos al ver lo que esperaba al torero para esa tarde. Incluso en mas de una ocasión unas dos horas antes del festejo no se había sorteado pues estaba el encierro rechazado y tenían que traerlo, de otra ganadería, de prisa y corriendo para la corrida de esa tarde. Se le dio seriedad a la Malagueta como el respetable quería.

Hoy por esa seriedad demostrada valientemente, algunos llamados profesionales, se quieren cargar a la Presidenta Ana Mari Romero. Insisto, espero y deseo que el Ministerio del Interior no ceda ante estas presiones y todo siga igual. Porque pienso, y creo, que hacen falta muchas personas como esta en los palcos de las plazas de toros de España.

ana maria romero

Alberto Castillo

Foto: José Pastor -El País-