EXPECTANTE por Marcial García

Cuando uno estudiaba gramática al viejo y clásico estilo, distinguía dos formas del participio, ambas con valor de adjetivo: presente o activo y pasado o pasivo. En el primer caso se podía sustantivar, colocando delante el socorrido “el que”. De esta forma, de AMAR salía AMANTE. Y amante, lógicamente es “el que ama”. Del mismo modo, de EXPECTAR, nace EXPECTANTE, muy relacionado con el sustantivo ESPERANZA., porque “expectante” tiene como significado más directo: “el que espera con ansiedad”.

            Y vuesas mercedes se preguntarán qué demonios pinta toda esta despotricación semántica en un digital taurino.

            Aguarden. No sean impacientes. Seguramente, cuando terminen de leer esta pequeña comunicación de estado, lo comprenderán perfectamente.

            Mi amigo Joseantonio Miranda tiene dos pasiones que le hacen sobreponerse cada día a los alifafes que le regaló la vida. Sus retos los ha ido superando a fuerza de voluntad e ilusión.miranda-2

            Por suerte, mi amigo Jose (así, sin tilde, que es como lo llamamos los amigos) descubrió el mundo apasionante de los toros. Su magia lo dejó prendido y comenzó a devorar todo lo que de toros caía en sus manos.

            Pero las lecturas de Jose, lejos de atragantársele y convertirlo en un pedante repetidor de frases y párrafos, los analizaba, cribaba, sustanciaba y digería, en un rumio inteligente y selectivo.

            Poco a poco se fue convirtiendo en un aficionado cabal. En un buen aficionado. Así consiguió que se le tuviese en cuenta en los mentideros taurinos de la villa; que se le escuchase en tertulias con atención y aplauso.

            Pero a Jose le faltaba algo. No importaba que sus amigos lo visitaran, que le llevaran a su Caverina, que le regalasen un abono indefinido… algo seguía faltando.

            Pero todo llega y un buen día descubrió a un chiquillo tímido que hacía pinitos de aprendiz de Cúchares.

            Se las arregló hasta llegar a su intimidad. Así consiguió su complemento directo para conjugar todas las formas posibles del verbo torear, en oraciones simples y compuestas. Hasta periodos oracionales completos y pequeñas disertaciones donde el complemento directo, casi siempre era sujeto. Sujeto idolatrizado. Sujeto sublimado. Sujeto subido al empíreo de su particular religión vital.

            Su relación fue fraguando en algo entrañable que contagiaba a todos. El tiempo se dividía por temporadas. Y los ejes vitales estaban pegados a un cartel y una fecha donde su niño estaba anunciado.

            Como nueva Penelope, tejía y destejía sueños, siempre con el mismo protagonista, en una nostalgia esperanzada que llenaba la admiración de los que lo apreciamos.

             Consiguió que le hicieran tocar casi el cielo, cuando un día, sus amigos le prepararon la sorpresa de un tentadero en casa de su intocable Blas y con su niño vestido de corto.

            Pasó el tiempo con altibajos, como suele pasar en la vida cotidiana.

            Su ídolo tomó la alternativa, pero la carrera no despegaba.

            Jose se sentía un poco bastante angustiado, haciéndose cábalas y promesas a sus devociones celestiales, para que su águila particular desplegara las alas y se alzara, como un dios victorioso en el terrible y duro escalafón.

            Padecía en silencio contratiempos y ese quiero y no puedo. Conjugó todos los tiempos de los verbos del campo semántico de la tauromaquia, pero en frases condicionales, adversativas o potenciales. ¡Hasta la voz perifrástica llegó a usar en la construcción de sus sueños!

            Pero nunca perdía la esperanza, porque la Esperanza la sustentaba.

            Nuevos aires soplaron en la carrera de su torero. La fe se afianzo y los sueños volvieron a elevarse. Cualquier ocasión era buena para transmitir su ilusión. Siempre buscaba que en su corolario apareciera la figura idolatrada. Yo, de vez en cuando, le lanzaba puyitas de tienta. Se defendía o guardaba silencio, pero su fe no tambaleaba.

            Desde que se hizo público el cartel de los Santos, Jose no para. Y ahí viene la conexión con el comienzo de este pequeño relato: la expectación.

            El nerviosismo crece. Los temores y esperanzas se disparan. El desasosiego le tiene en un sinvivir. Hace cábalas y promesas. Se reconcome por dentro, dando quizás, demasiada importancia de lo que para él es su ilusión permanente. Se le ilumina el rostro profetizando lances, soñando faenas, estoqueando al mal fario, porque su niño lo merece todo.

DSC_1011

            Sí, Jose. Es importante tu expectación, aunque te quite sueño y la paz, pero ¡abre tantas esperanzas!

            Tienes todo el derecho a estar expectante, amigo mío.

            Yo también lo estoy.

Por Marcial García