VIDA Y ANÉCDOTAS CONTADAS POR EL TORERO MURCIANO JUAN RUIZ “LAGARTIJA” por Julián Hernández Ibáñez

Cuentan que hace muchos años, casi cien años, un periodista murciano, asistía a una peña de aficionados  levantinos,  que tenían su cobijo, apartados de todo ruido, en una clásica tasca madrileña, llamada La Mina (a la derecha de la foto) en la castiza calle del Olmo, junto a la casa donde de niña vivió “La Argentina” y algún que otro artista del baile y la canción.C24Ox7dXUAEbRn-

Cierto día, el encargado del mostrador le dijo a ese periodista que había llegado allí para apaciguar la sed de justicia en un soleado día otoñal:

               —Usted ha vivido en Murcia, ¿no? —Sí —contesto—, en la capital que baña el río Segura ejercí durante varios años la profesión de periodista. . .

               —Entonces —agregó el otro— conocerá usted al señor Juan, que ha sido torero de fama. Suele venir mucho por aquí. Un día que coincidan ustedes, se lo presentaré.

                       — De acuerdo.

Y el día de la coincidencia llegó. Entró este periodista, a la caída de la tarde, en el establecimiento referido, y cuando se disponía a levantar la trampilla del mostrador para pasar a reunirse con sus amigos, el encargado le llamó la atención:

            —Un momento, señor. Aquí está el hombre de que os he hablado.

Se detuvo, volvió la cabeza y se halló ante un anciano de mediana estatura y muy pálido de color, con la mano derecha enfundada en un guante y vestido con cierta pulcritud. En la semioscuridad que los envolvía examinó su rostro, que no le era desconocido.  Se trataba del ex torero murciano Juan Ruiz “Lagartija”. Se saludaron, cambiaron unas ligeras impresiones, y en aquel momento el señor Juan, a quien el siendo niño había visto torear, fue amigo suyo.flecha La Mina

En tardes sucesivas, Lagartija le contó de sus éxitos y sus descalabros cuando ejercía su profesión. De cómo había tomado la alternativa de matador de toros en el gran albero de la plaza valenciana, el año 1879, de manos del famoso diestro cordobés Manuel Fuentes “Bocanegra”. Que había estado en América, en cuyas principales plazas alternó con todos los matadores de nota de la época, y, finalmente,  la tremenda desgracia de la cogida que le había dejado inmovilizados la mano y el brazo derechos. Sucedió esto en la plaza de Valladolid, el día 25 de julio de 1896, al pretender descabellar al tercer toro. Este dio una arrancada, y sin lograr empitonar al diestro le tiró al suelo.47008201

              —La culpa paisano, fue porque no solté el estoque, y éste me cortó en el dedo pulgar. No le di importancia de momento a la herida, pero se me inflamó el brazo y tuve que someterme a una intervención quirúrgica, que me salvó de la pérdida del brazo, pero no de que éste y la mano se quedaran inútiles.

                  —Cuéntenos algo, señor Juan —solían decirle—. Una anécdota, un suceso que haya dejado en usted honda huella, aparte de su desgracia. Y entonces, el ex diestro murciano les contaba las faenas que él conceptuaba como más sobresalientes en su vida taurina. Entre sus relatos se destacaba uno digno de incluirse en los aspectos pintorescos de la fiesta.

Lagartija refería que él había tenido el honor de torear en París, y con este motivo realizó la hazaña más grande que pudo llevar a cabo un torero.

 MATO UN TORO EN PARÍS13668190

            —Pero ¿cómo, en París?  Sí, sí, en París, como lo oyen. En el año 1889 se celebró en la capital de Francia una Exposición Universal, y dentro de los terrenos del magno certamen se levantó una plaza de toros para dar a conocer a los visitantes la fiesta nacional española, pero suprimiendo de ella la suerte de varas y simulando la de matar.

           —Y usted, ¿por qué desobedeció estos extremos, que estarían dictados por la autoridad?

                 —Pues muy sencillo. En uno de los palcos presenciaba el evento nada menos que la reina Isabel II. Yo, al perfilarme para simular la muerte, miré a la soberana de España, y ésta me hizo una seña para que hundiese el estoque en la res.0b8a393df7160d184a4dedd33d65e524

         —Y al decir esto, el bueno del señor Juan guiñaba un ojo pícaramente

         — Obedecí y cayó el morlaco patas arriba. Hubo las consiguientes protestas. La Policía se echó al ruedo y me detuvo. Pero la cosa no pasó a mayores porque intervino la reina en mi favor, y la autoridad dispensó mi atrevimiento. En aquella ocasión terminaba diciendo Lagartija, desobedecí las leyes francesas para cumplir el mandato de la primera dama española.

Y el hombre se mostraba satisfecho y orgulloso de aquel acto. Su amistad con el señor Juan llegó al extremo de que éste confiase todos sus papeles que hacían referencia a su actuación en las arriesgadas prácticas del toreo, con objeto de que se documentase y escribiese una detallada biografía del diestro. Pero sus ocupaciones por aquel tiempo prolongaban los días sin que acometiese la pequeña empresa. También pasaron algunas semanas sin que Lagartija apareciese por el establecimiento de la calle del Olmo.

Una tarde, por fin, el ex diestro murciano le estaba esperando. Lo encontró muy decaído y más quebrado de color que otras veces. Después de saludarle con la deferencia que en él era habitual, le dijo:

            —Paisano, he venido exclusivamente a verte para que me devuelvas todos los papeles que te entregué, y esto no es por desconfianza, sino por la sencilla razón de que padezco una bronquitis crónica que ya por mis años se ha agudizado, y el fin de mi vida está próximo. Los datos de mi actuación en los ruedos que obran en tu poder son el único capital que voy a legar a mi hijo.

Animé al señor Juan con algunas palabras de esperanza, y al día siguiente le devolví sus papeles. No volví a verle. Esto ocurría al final del verano de 1926, y en el mes de diciembre de ese mismo año supo que el modesto y pundonoroso torero murciano había fallecido.COPvxfAWUAA0Er1

 Juan Ruiz “Lagartija” vino al mundo, en la capital murciana, en el mes de enero de 1855. Sea esta historia taurómaca un homenaje a este excepcional torero murciano. Uno de los toreros más importantes que ha tenido esta región y hoy injustamente olvidado.

Por Julián Hernández Ibáñez @julianhibanez