DECIR AMIGO….. por Marcial García

Una hermosa poesía musicada de Serrat, dedicada a Constantino Romero (qepd) me ha servido siempre como gálibo para medir amistades, pues uno tiene ya el lomo escoriado de puyas y bajonazos en este tercio.

                Como mi amigo Mellinas, jefazo de estas páginas, me decía que le tenía abandonado, porque hace tiempo que no le remito ninguna parida, pues he decidido comenzar por aquí: por los amigos. Del enrarecido y putrefacto “taurineo”, ya me lo pensaré.

                Viejo y pellejo, como uno va siendo, no tiene la pluma presta para la lisonja. Y en este erial, si te niegas a ella, puedes terminar como el gallo de Morón, “cacareando y esplumao”, que es mi versión de la segunda parte del refrán de marras.

                A pesar de mi distanciamiento de este albañal tolerado, aún me tira la llamada de algunos carteles y los graníticos tendidos del coso de Ventas del Espíritu Santo.

                No hace muchas semanas, acompañado de un elenco de buenos aficionados jóvenes, alumnos en su día de este maestro irredento, nos pusimos en la Villa y Corte, dispuestos a disfrutar de la verdad y arte de ese chico de La Escucha, que está poniendo a tanta bailarina en evidencia y a “figurones” (¡qué término más exacto!) en entredicho.

                Pese a llegar con tiempo de sobra, no pudimos ver el apartado, pues la reventa rapaz ya se había hecho del contado papel. A estas alturas, no me dejo asaltar por cualquier trabuquero en el arroyo del Abroñigal, que se ganan el 700% mínimo de la “operación”. (Uno recuerda con nostalgia tiempos no muy lejanos en que el pase de apartado se gestionaba con limpieza, pudiendo adquirirlo en su taquilla hasta minutos previos a mediodía).

                Para aplacar el escozor, visitamos el patio de cuadrillas, saludando a conocidos y amigos, y visitamos exposiciones y tertulias.

                En la sala “Bienvenida” se presentaba un libro sobre ese relicario de pureza y pundonor que se llama Juan Mora. Tomamos plaza, ya de pie, al fondo, frente al estrado, mientras comentaba algunas de mis anécdotas vividas con el placentino.

                Mi agradable sorpresa fue distinguir en el corrillo al protagonista que dedico estas líneas: Juan Miguel  Núñez.

-Mirad. Ese periodista es amigo mío. Seguro que si nos ve, se acerca a saludarme.

                Terminado el acto, percatado de mi presencia, se disculpó con quien hablaba y vino directo hacia mí, con los brazos abiertos. Un prolongado abrazo, de los que en mi tierra se llaman “chillaos”, y la presentación de mis alumnos, abrieron los minutos intensos de charla y preguntas. Juan Miguel, al que hacía bastante que no veía, hablaba con la frescura del que se ve al día siguiente. Se interesó por la afición de mis acompañantes y, al enterarse de que habían sido alumnos míos, me volvieron a llover alabanzas inmerecidas. Mis amigos miraban orgullosos y emocionados el fluir de sapiencia y vivencias del maestro periodista.

-¡Qué buenos amigos tienes, maestro!- comentaron después,  ilusionados.

                Mientras nos dirigíamos a “Puerta Grande”, el feudo de los hermanos  Rubio, donde recalo en mis escapadas taurinas –amigos, también, de más de tres décadas- les conté algo de nuestra amistad.

                Les dije que nos hizo conocernos una afición común, los toros, y un ídolo compartido, Pepín Jiménez. Siguiendo a éste y otros buenos coletudos se fraguó una buena amistad. Coincidimos en el viejo y nuevo coso veratense, su ciudad. Gozamos de buenas comidas y charlas en las “Terrazas Carmona”, sobre todo en aquella encerrona de Curro y Paula. Buenos amigos, como Encarnita y Elías; como “Segurica”, su paisano, volvieron a hacernos coincidir más de lo habitual. Lo mismo que ocurrió con mis tiempos de colaboración con Canal Sur, donde compartimos ferias y contrastamos pareceres…

                Pero siempre, por encima de mi admiración por su trayectoria periodística ha estado y está mi pleitesía por su amistad, sin trampa ni doblez. Mi admiración por su integridad que le ha llevado a plantar cara a algunos de los mercachifles de la “cosa nostra” de los cuernos. Frente a este ataque rufianesco, como el célebre de Curro Vázquez, su categoría se ha elevado en los círculos de los verdaderos periodistas y aficionados. La voz y la pluma de este buen degustador del toreo caro, no el de barraca de feria o salón versallesco, se ha alzado libérrima desde EFE y RNE. Sin sumisiones ni amedrentamientos.

                Por eso, desde ésta que puede ser mi nueva meta de salida, quiero dedicarle mi admiración, mi recuerdo y todas esas cosas que tan bien expresa Serrat en su “Decir amigos”.433_juan_miguel_nunez_batlles

P.S.- Es posible que algún día cuente una anécdota que me hizo protagonizar en una ya lejana cena de entrega de Cartel de Oro y Cartel de Plata de Hotel Foxà.