Lo peor de perder a un ser querido es que todos los rincones huelen a él. Es el olfato el que te juega malas pasadas. Te hace creer en el oasis de un volverá cuando todo se ha quedado en el desierto del recuerdo. Es 17 de junio y muchos taurinos seguimos esperándole. Y es que la fiesta de los toros, irremediablemente, sigue aromatizada de su valentía y así es imposible no recordarlo.
Un toro de Baltasar Ibán no se lo llevó, nos lo dejó perenne en nuestro corazón de aficionados para siempre. Ya lo estaba, aunque no nos diéramos cuenta. El ser humano es así, no le damos importancia a las cosas hasta que no las echamos en falta.
Y lo era porque tomó las riendas de la fiesta por donde nadie había sido capaz de cogerlas. Por lo que la afición demandaba. De gris, porque todo el mundo tiene una parte gris y quien lo niegue que se quite la careta que es un extraterrestre, fundido en oro por domingo de ramos y a plaza de Las Ventas de “no hay localidades” puso a más de uno a cavilar y amenazó el trono a los acomodados. Si le llega a salir todo redondo aquella tarde, más de una pluma mal intencionada y comprada por algún miedoso se hubiera contenido en soltar bilis para escribir la gloria del gladiador.
Pero como son las cosas, aquel reto salió mal. Y la gloria, después de mucho tiempo con la cruz a cuestas, tuvo que llegar en una tarde a las puertas del verano, manchada de tinieblas, parca y sangre oscura en una rocambolesca pasión que a día de hoy no ha sido todavía aclarada.
Tuvo que ser la muerte la que limpiara ese río de mala baba. Un río que a pesar de verse más claro todavía no es puro.
Ha pasado un año y todavía no se le ha hecho el gran homenaje que merece el león de Orduña. Darlo todo debe ser sinónimo de agradecimiento. Y un torero lo dio todo, incluso la vida, para engrandecer las piedras donde hoy la gente se sienta a ver toros en Madrid. Que no se le haya hecho todavía un festival homenaje en las Ventas es toda una vergüenza que hace replantarse si este mundo de verdad aprecia a los que se juegan la vida o todo es un negocio de cuatro que solo piensan en las ganancias y las perdidas monetarias.
A pesar de todo, como cantaba Rocío Durcal, “habrán pasado los años”, pero nuestra memoria, la de todos los que estuvimos en Las Ventas aquel 29 de marzo de 2015 y en la de todos los que han entendido el significado de aquel día histórico, siempre estará frente a frente su mirada, y dará muchas vueltas la vida, pero siempre seremos de Iván Fandiño.
Porque pasaron las Fallas, y faltaba él. Pasó la feria de Abril, y faltaba él. Pasó San Isidro y el rincón se quedó vacío. Lo que no estaba vacío era nuestro recuerdo.
¡Qué difícil es olvidar a los valientes!
Fran Pérez @frantrapiotoros
