¿DE PRIMERA? por MARCIAL GARCÍA

Recuperado de la cornada traicionera de esta gripe anormal que ha corrido este año y, sobre todo, pasados unos días de las corridas de Fallas-18, creo que es el momento oportuno de lanzar a los cuatro vientos informáticos las sensaciones vividas, a través de las retransmisiones, porque este año no he podido asistir “en chicha” al tendido del Coso del carrer de Xàtiva.

Los historiadores tenemos tendencia a extender a todos los campos las coordenadas que utilizamos para nuestro trabajo. Así, lo primero que uno hace es la referencia al pasado.

Valencia, como toda la vieja Piel de Toro, especialmente la zona de mayor influencia de las culturas clásicas del Mediterráneo, ha sido una devota de la tauromaquia. Tanto en la forma antigua (Bous al Carrer) como en la moderna (Corridas de toros), Valencia ha sido uno de los lugares punteros. Concretamente en el ciclo anual de corridas, tanto en las generales de Fallas como en la Feria de Sant Jaume, en julio, Valencia era (así, en pasado) una referencia clave en la carrera de los toreros. Quien triunfaba en estos festejos tenía abierta buena parte de las plazas del momento. Nunca se olvide que algunas de las figuras claves se hicieron en Valencia, como ocurrió con Belmonte. Aquí comenzó la leyenda del Pasmo de Triana.

           Y de todo aquello ¿qué queda?   Visto lo visto, poco o nada.

Sin respetar ese subterfugio, tan caro a los “taurinos”, de “el toro de…”, el ganado que aparece por los chiqueros –salvo honrosísimas excepciones- es de pura risa. Y más, tratándose de una plaza incluida entre las de primera: abecerrados, escurríos de carnes, cabezas comodísimas, inválidos o al límite. El concepto de TRAPÍO, que tanto esgrimen algunos presidentes para su particular baile de corrales, es mucho más que discutible. Se rechazan toros con hechuras y presencia, para elegir verdaderas sardinas de tabal. No voy a reproducir nada, pero tuve una conversación muy ilustrativa con un ganadero, buen amigo, que ha sufrido esas arbitrariedades en más de una ocasión. Sus toros, los que él trajo de motu, fueron rechazados por ese argumento falaz, aprobando –entre los suyos mismos o en otras camadas- ejemplares de menor presencia o simplemente de juzgado de guardia. Explicación: ninguna, salvo la presión del entorno de las figuritas. Y digo figuritas con toda mi intención. Siempre, cuando un torero ha subido a la cúspide, ha intentado imponer sus criterios. Pero, cuando un novel venía arreando, en lugar de vetarlo, como vergonzosamente se hace hoy, le decía a su apoderado: “A ése, me lo pones con una de Miura”. Pero claro hoy ¿cómo va a hacer eso, si el primero que no se pone ante los “niños” de Zahariche es él?

Seguimos. Otro desastre, impropio de la categoría que se supone debe tener la plaza, es el deplorable criterio de las presidencias a la hora de otorgar trofeos. De todos estos desorientados usías, sobresale Jesús Merenciano y su equipo. Uno, que de poncista no tiene nada, aún no se explica ese flagrante incumplimiento de otorgar una oreja de aplastante mayoría en la petición de su primer toro y, mucho menos, la concesión de las dos, imagino que para compensar, tras una “faena” de penita, sobre todo con los aceros. Tercio de varas, devolución, cambios de tercio, trofeos denegados, trofeos regalados… Y de fondo ese gran manipulador o coordinador de eventos, que luce el alias de Simón Casas, porque su nombre original es Bernard Domb Cazes, autoerigido en “productor de arte”. Vista su trayectoria, imagino que el arte al que se refiere, será el de birlibirloque.

Un punto aparte y complementario lo ofrece el supuesto periodismo taurino, cómplice de todos estos chanchullos. Los locutores del canal taurino, salvo honrosas excepciones, de pura penita, manifestando ese untamiento sospechoso con manidas “muletillas”, heredadas de Molés, tales como “¡Buenooo, buenooo, buenooo!” y esos presuntos méritos exaltados hasta el nivel del heroísmo….

Poco se salva del ciclo: algunos extraordinarios subalternos, que dan lecciones de profesionalidad cada día; algunos matadores, honestos, entregados y con verdad. Y Ureña. Esa verdad luminosa que tanto molesta en los foros de las corruptelas y las pamplinas.

Visto el camino lechuguero, que ya hemos señalado en algunos lugares que también tuvieron un legendario prestigio, no es de extrañar la paupérrima asistencia, salvo a los supuestamente “carteles rematados”. Vayan tomando nota.

Y acabo con mi incomoda pregunta del título: ¿Valencia, plaza de primera?

 

Marcial García