GPS UREÑA por Fran Pérez

02Algún mal habré hecho yo para que el destino me mande, en el café de la mañana, a ese ser indómito que habita por terrenos hosteleros españoles atraído por el olor a tapas recién hechas. Su presencia se hace palpable porque emite un sonido peculiar, que va cargándote la cabeza hasta cocer el cerebro y que anula tu existencia. Si lo veis, esconderos detrás del periódico, haceros los disimulados o corred sin piedad. Pero hay veces que el bicho aparece a lo David Copperfield, y te encuentras frente a frente con él, sin espada ni muleta, y con el burladero muy lejos de ti. La voltereta es segura. Félix Rodríguez de la Fuente se fue el pobre sin hacerle un documental. Fauna Ibérica pura. La ciencia lo conoce como el asinus intellexerunt. Tu y yo lo conocemos como el “pesao” del pueblo.

Si la voltereta es segura y encima le das coba por cortesía, sabes que una cornada con más de una trayectoria te llevas. Tiene esta especie la capacidad de entender de todo sin saber de nada. Si habla de fútbol, parece que se crió junto a Johan Cruyff. Si habla de política, vaya presidente del gobierno nos estamos perdiendo. Si habla de trabajo, el lomo en el bocadillo. Hoy me ha salido hablando de toros como si su madre lo hubiera amamantado con los tomos del Cossío. Luego te dice quién es su torero favorito y entiendes en ese momento que has perdido una hora de tu vida y deseas llegar al botiquín para hacer un poco más rica a Bayern.

El tema estrella de la mañana. Ureña y el regalo de la tarde del sábado en Valencia. ¡Que si el apoderado, que si los toros, que si no va con quien va…..! Me sorprende al menos que ya sabe cómo se llama. (Antes había que recordárselo) Vamos bien. La campana del teléfono móvil me ha salvado. Y salgo pitando. ¿Cómo voy a la plaza de toros de Valencia?, me suelta en la despedida precipitada.

Como sé que a veces el burro se pone las gafas y lee. Le voy a contar como va uno a la plaza de toros de Valencia.

Para ir a Valencia hay que levantarse muy temprano por la mañana. Coger la azada y hacer caballones sabiendo que no te gusta, pero que no te queda otra. Coger tomates como un loco al toque de queda. Que los callos de las manos y el frío de la amanecida te hagan poner muchas cosas en la balanza de la vida y elegir pelear por tu sueño.

Para ir a Valencia hay que madurar en soledad como los tomates que cogías. Estar lejos pero a la vez tan cerca. Caerse, derrumbarse, llorar. Pasar hambre. Estar casi olvidado.

Para ir a Valencia hay que pedir favores. Aunque duela. Y que el destino te ponga en el camino a gente que merezca la pena y te de lucidez para pillar a los que van con aviesas intenciones.

Para ir a Valencia hay que ser muy humilde. Y que un mechón blanco crea en ti una noche de verano madrileño. Y conocerse el Valle del Tiétar como la palma de la mano.

Y que te vuelvan a olvidar. Y dudar muchas veces de si mereció la pena pelear. Y llevarse más de una cornada, y no de toro. Para ir a Valencia, hay que encontrar a alguien que crea en ti y en tu historia.

Tener las ideas claras y creer firmemente en ellas, y sacarlas a la luz un día octubre lluvioso delante de una embestida cárdena para hacer valida la frase de Mark Twain “Un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa”

Para ir a Valencia hay que ser de verdad. Y que la catedral del toreo te lo reconozca.

Para ir a Valencia, no hay que creérselo.

Y tratar de dar cada tarde lo que la gente espera de ti. Ser fiel a los que te lo han dado todo. Al toro, el que más.

Para ir a Valencia y estar anunciado con Ponce y Talavante el sábado 17 de marzo, te tienes que llamar Paco Ureña. Y eso, como que no lo regalan.

Así que pon el GPS, y déjame en paz.

Fran Pérez @frantrapiotoros