PAN DEL NORMAL por Fran Pérez

jose+maria+manzanares+vmen+givenchyCon la llegada del mes de marzo, una nueva temporada taurina amenaza con volver a ser el centro de atención del sufrido aficionado. Cada año, la tauromaquia se alimenta de los sueños de los que quieren ser y de las ganas de mantenerse de los que son. Un equilibrio que ha de mantener el interés de los simpatizantes e intentar crearlo en los que por casualidad, o por destino, se han encontrado con este espectáculo, que ni tu ni yo, podríamos vivir sin él.

Soy consciente de cómo está este espectáculo. Todos sabemos que está contaminado desde la base. Que los intereses tienen presa a parte de su grandeza y que el futuro anda encadenado a la espera de que una vez por todas, el juicio de la cordura dicte la sentencia de la unión por la supervivencia de ese espectáculo que el poeta de Fuente Vaqueros calificó como el más culto del mundo.

Federico, vivió la magnitud sin igual de la fiesta de los toros. Porque todo el que ha tenido la suerte de gozar de su plenitud, ya no se puede separar de ella. Esto es como una droga, de las duras, que engancha y envicia, que cuanto más prohibida más gusta, pero que no daña y culturiza. Sentirse aficionado a los toros es sentirse único, sentirse especial y orgulloso. Bendita y presumible diferencia.

Por eso quiero fumarme hoy este cigarro de ganas. Quiero empaparme de nicotina optimista y emporrarme hasta las cejas de la verdad de la fiesta de los toros. Y desear suerte a todos los que se van a poner delante de las agujas bordadoras de los bravos del campo, y decirles que sus triunfos serán nuestros recuerdos. Y que su suerte será la nuestra. También  me acuerdo de los ganaderos, ellos también son los héroes de esta historia. Criar al animal bravo en estos tiempos debe ser reconocido como una proeza. Cada estanciero es un diputado que trabaja por la monarquía parlamentaria del toro, el rey de la fiesta. Sin discusión.

Y  mi enhorabuena para los empresarios que son capaces de mirar por el que se sienta en el tendido más que a la caja de la taquilla. Ojalá existieran muchos más como vosotros, aunque de momento, sois una especie en peligro de extinción.

No quiero que se me olvide la parte fundamental del pitillo. Cada calada sabe mejor porque hay muchas personas que desinteresadamente secan las hojas y las compactan con la mejor de sus intenciones. Las agrupaciones taurinas, clubs y peñas que trabajan por cultivar y hacer crecer la fiesta de los toros en las ciudades y pueblos llevando la tauromaquia a la gente más allá del espectáculo taurino, son esa joya escondida en el lugar más recóndito de la casa pero que nos jodería lo más grande que nos la robaran. Su esfuerzo es equiparable a la evangelización, pero sin armas en la mano y con la ilusión por delante.

Todo vicio se cotiza por su pureza. Es por eso que no hay que perder la esencia. Cuanto más pureza más calidad. No es lo mismo el chocolate negro 90% que el mezclado con leche, ni el refresco de cola original con esa moda del bajo en azúcar. Ni el pan normal con el integral. Cuando aparece el pan moreno, la enfermedad está presente. Por eso no es momento de darles alas a los enemigos. Estos días se ha presentado un proyecto llamado “Tauromaquias integradas” que trata de dulcificar la fiesta menguando puyas, acortando banderillas y llevando el trascurso del festejo de toros hasta un acontecimiento incruento, tal y como piden esos que se tiran a las plazas a toro muerto.

Pero este lodo viene de aquellos barros donde la emoción del público se cambió por el disfrute y relajo del torero. Y ahora nos encontramos con un espectáculo sin emoción y un animal, en la mayoría de ocasiones, limitado de casta.

A lo mejor es el momento de irse atrás en el tiempo. Que vuelva lo vintage, como en la moda, y recuperar la emoción y la casta.

A mí nunca me gustó lo light. Las luchas y batallas entre toro y torero me aficionaron y me siguen dando motivos para seguir aferrado a este mundo. De “Bastonito” a “Pastelero”. Y no me fije en la sangre. En mi memoria queda el recuerdo del derroche de valor y amor por su profesión de los toreros, la fuerza y bravura de un animal defendiendo su estirpe en el ruedo y el rugido de los tendidos al ver la balanza de la tauromaquia equilibrándose.

Así he acabado, en el psiquiátrico de la pasión por poder volver a vivir eso. Pidiendo pan, del normal, por favor.

Fran Pérez @frantrapiotoros