¡MENUDA ENGAÑIFA! por Marcial García

Ahora, que ya se vislumbra por un horizonte incierto el comienzo de la temporada taurina, uno tiene los ánimos bajo mínimos. Y hay razones sobradas para ello. Por una u otra razón, todas ligadas al monopolio de mercachifles, el panorama es sombrío como ala de cuervo agorero.

Ante esta verdad incontestable, todo el aparato “taurino”, empleado el adjetivo en la peor y más rastrera de las formas, sigue con sus turbios manejos de intereses de montajes, tan alejados de la liturgia de vida y muerte, que están vaciando lastimosamente los tendidos de plazas, más o menos presentables, y las talanqueras de las de carros, que siempre fue el palenque donde se empezaban a curtir los que aspiraban a este sublime sacerdocio.

Mientras tanto, los supuestos aficionados otorgando tamaño atropello. Unos, convenientemente “untados” y otros simplemente entontecidos a base de tragar una tras otra las gamellas de bazofia. A esto siempre se llamó borreguismo silente.

Los medios de comunicación especializados, salvo honrosas excepciones, se han convertido en “medios de manipulación”, para que las cuatro figuritas presuntas, anden por ahí escabechando sardinas, entre loas mercenarias y pasos de ballet trasnochado.

¡Y luego hablan de los antitaurinos!

No se engañen, presuntos aficionados, los antitaurinos están en el escalafón más alto de este mundo corrupto de montajes.

Echen un vistazo a las primeras ferias y se enterarán de lo que digo: Los puestos, monopolizados por falsarios de tres al cuarto, a medio camino entre bailarinas y forzudos de circo; las ganaderías, saldo de ganaduros; los carteles una pantomima… ¿Han visto ustedes un cartel rematado?

Pues el desastre está servido, por más que luego las figuritas gimoteen ante la “alcachofa” mercenaria, intentando vendernos su mandanga. Eso sí: a los que vienen arreando, se les ignora, se les ningunea o simplemente ¡se les estrella!

Como diría el autor del Apocalipsis: “¡Hasta cuando, Señor…!”

Pues mientras que el verdadero aficionado no denuncie, no procure abrir los ojos a los engañados y abandonen los tendidos de estos puticlub baratos, la muerte está servida.

Desde estas páginas, uno se atreve a aconsejar a esos “héroes” del destoreo, que presenten sus candidaturas a maestros de ballet en el Bolchoi o el Kirov. A otros, que miren a ver si encuentran plaza en El Price o circo similar, a domeñar tremebundas toras desmochadas, mientras la claque jalea apasionada la engañifa. Y a esos, que intentan arrastrar las despedidas o plantean regar manojos de alfalfa a modo de laureles, les aconsejo que dejen paso a la savia nueva, que no boicoteen a toreros de probada valía y que se dediquen al estudio de la mosca blanca del olivo, esa que está arruinando la cosecha.

A los buenos toreros, que los hay: perseverancia, verdad y entrega. Solo vosotros y los ganaderos con orgullo, no los ganaduros de las toras mágicas, podréis evitar la debacle en el gran ruedo nacional.

Ya sé que siempre nos quedará Francia, pero, alerta: recobremos el honor de nuestras ferias, impulsemos carteles abiertos, al viejo estilo, no canonjías de curas de misa y olla, esos que farfullan la liturgia sagrada en que se ha convertido su perenne engañifa; que salga el toro íntegro y de plurales encastes, con sus luces y sus sombras; y, sobre todo, que se premie al que entrega el alma en los ruedos, no a esos gallitos desplumados que se contornean como si hubieran tomado Constantinopla, después de haber dado cuatro trapazos indecentes jaleados por sus corifeos.

¡Que san Pedro Regalado nos asista! ¡Gloria a los toreros de verdad! ¡Honor al toro bravo!

Marcial García