CELESTINO PARRA, EL LUJO DE LA FORTUNA

48820616Celestino, mata al toro / mátalo con fantasía / y a la primera estocada / déjalo patas arriba

Decía una coplilla que cantaba la chiquillería por las calles y plazas de Murcia, en los primeros años del siglo XIX, en honor del gran torero murciano Celestino Parra. ¿Qué les parece si recordamos quien fue el torero Celestino Parra?

Celestino Parra no fue el primer torero murciano, pero quizás si el primer torero murciano importante. No se tiene dato exacto de la fecha de nacimiento de Celestino Parra, pero aproximadamente nacería por el año 1800, en el murciano barrio de Santa Eulalia. Se dice que de familia humilde y no de ilustre alcurnia. Honrado, buena gente y sincero. Siendo bondadoso y galante, sensato e inteligente, cualidades que le llevaron a ser querido por todos sus paisanos, por su trato y finura. Era un mozo bien parado, de regular estatura, de formas redondeadas, pero forzudo, pelo entre castaño y rubio, ojos negros y grandes pupilas, cejas pobladas y arqueadas, nariz proporcionada.images

Celestino fue un ídolo en Murcia, aclamado y encumbrado como un héroe. Regentaba junto a su hermano Pepe, la carnicería más importante de Murcia, la de Santa Eulalia. Celestino y Pepe que también fue torero, pero de peor prestancia, inauguraron junto a otro torero llamado Julián Roca, la plaza de toros de Tortosa en el año 1833.

Como hasta hoy no llegaron noticias en gran medida, vamos a recordar una corrida de toros que se celebró en la plaza de Camachos, un mes de septiembre de 1843, donde se usaron dos suertes hoy finiquitadas, una la de echar los perros a toros que no pelean y otra la media luna (que era una cuchilla cóncava en la curva, afiladísima en los bordes, con un palo largo y que se usaba para cortar los tendones de las patas traseras, desjarretar se decía) todo esto para acabar con la fiera.jjs

        –Celestino está en la plaza, y los aplausos lo anuncian, con terno verde, medias blancas y negra chupa, chaleco bordado en sedas oro y plata que deslumbran, zapato oscuro, lleva montera de las que en Sevilla usan con sus bellotas de seda que se chocan y susurran. Prende a la izquierda su capa, ensayando lances y mirando el tendido de esa plaza de toros de madera, donde repleta los espectadores le jalean. La cuadrilla preside y a la autoridad saludan en medio del griterío del público que enfadado protesta impaciente por los dos minutos de tardanza. Se oye por fin el clarín, Celestino no se inmuta, allí va en busca de la fiera.

El toro de casta navarra, de divisa amarilla, bien armado y de sentido boyante, brama irritado, escarba en el suelo, bufa, muge atronador, arroja abundante espuma, se convierte en una furia, arremete a Celestino que impávido no rehúsa y sereno, inalterable y con valor burla a la bestia, con capacidad unas veces y con astucia otras, toma siete varas con furia, se crece en la pelea, tumba al picador, cae a pies del gran lidiador murciano, y este le salva la vida con destreza, llevándose al toro a otros terrenos. Ahora es el toro el que a los pies de Celestino encuentra la tumba, recibiendo una estocada que aplaude todo el gentío.

El segundo era castaño, de feas hechuras, algo seco y cornialto, pero de intenciones asesinas. Quince varas recibió sin escocerle ninguna, cargó con diez banderillas y con graciosa soltura lo capeo Celestino poniendo al público enloquecido, y el toro murió a sus manos a la segunda estocada.

Duro, negro, y bien armado con afiladas agujas era el tercero, arrogante, de buena musculatura, tomó sobre trece varas, pero a la postre se raja, bravucón y cobarde, huye de las picaduras. Celestino dominador de toda clase de comportamientos, lo enmendó sin temor, tirándole de los cuernos y provocando su furia, de manera que logró que el toro entrase en bravura y lo preparo con su conocimiento y su astucia para darle muerte segura.

Navarro también el cuarto y de buena lamina, castaño, buen mozo y armados con dos puñales recibió varas con saña, fue muy feroz en la lucha, mató siete caballos y envió diez a la cura, hirió a dos banderilleros y consternó a toda Murcia saltando al graderío.                                                           

Puso a la gente en fuga, pero Celestino Parra que a valiente no le ganaba nadie, subió a un palco y allí mismo mató a la fiera, y desde entonces el pueblo cuya gratitud es mucha le puso por sobrenombre el lujo de la fortuna.MEDIA-LUNA-de-Perea

El quinto de buenos cuernos, con excelente armadura, retinto de buena estampa, metió al salir mucha bulla porque corría y saltaba, pero después se creció y con sus astas atravesó ocho jacos. Todos le temen al toro, pero a Celestino Parra no le intimida ni asusta, que animoso imperturbable, con su capa y con la ayuda, de su conocimiento taurino, lo atempera y lo aturulla, y cansada ya la fiera y vencida en la pelea a los pies de Celestino derramó su sangre.

El sexto era de la Mancha flaco y de fea figura, bravucón y burriciego. No entró a varas ni al capote, hicieron dos mil locuras los toreros, pero en vano. Al fin le echaron los perros que muerden muy bien, y dejaron sin orejas aquella flaca figura que sucumbió por cobarde a la imperial media luna.0-Pharamond-Blanchard-Museo-municipal-Madrid-1024x606

Como anécdota final, diremos que cuando se inauguró la plaza de toros de Murcia en 1887, se decía en la prensa de esa época, que la gente de la huerta que asistió a las corridas de toros inaugurales, no había entrado nunca a una plaza de toros desde los tiempos de Celestino Parra. Esto dice mucho de la gran figura y celebridad que tuvo este torero murciano.

Y hasta aquí mi historia taurómaca recordando a Celestino Parra, que su habilidad y afición ejerció en plazas de toda la península, pero que un 23 de junio de 1845, tuvo final funesto, al caer desde lo alto de un paso de madera que había en el barrio de San Juan de Murcia, que llevaba pon un canal el agua del Segura a la rambla de La Condomina.

                                                                               

@julianhibanez