EL DÍA QUE MURCIA LLORÓ A PEPETE por @julianhibanez

ANDRES SALAS foto 2El Liberal anunciaba los numerosos trenes especiales que vendrían de Alicante y, sobre todo de Cartagena, donde Machaquito era muy querido, pues no olvidemos que, unos años antes, había contraído matrimonio en la ciudad hermana con la distinguida señorita cartagenera Ángeles Cletmenson. Hasta los mineros de La Unión, abandonaron las entrañas de la tierra para ir a Murcia a ver torear a Machaquito y Petete.4550090

José Claro no quería nunca torear en sustitución de otro compañero. En los cinco años que llevaba de alternativa fue esa fatídica tarde la primera que reemplazaba a otro. Creía que tenía mal fario y la superstición se cumplió. La verdad sea dicha es que él se resistía de torear en Murcia, no estaba de acuerdo con lo que le ofrecía la empresa y lo que él quería cobrar. Sobre todo estaba descontento porque hacía tres años había tenido un gran triunfo en el coso condominero y hasta esa fecha nunca se acordaron de él. Bombita se lo pidió como favor, y por desgracia ese favor se lo llevaría a la tumba.

Aún así, Pepete venía a Murcia animoso, con ganas de obtener ovaciones además se cumplía su deseo de torear una corrida mano a mano con Machaquito. Mientras se vestía dijo a los amigos: hoy hare cuanto pueda por complacer a los aficionados.

En los primeros momentos de la lidia al toro Estudiante que era de la ganadería de Parladé. Machaco y Pepete rivalizaron en quites. Machaquito puso la montera en un pitón del toro y José Claro hacía lo mismo. Al entrar Pepete a hacer el cuarto quite, lo hizo metiéndose en el terreno del toro y salió trastabillado, quiso el diestro librarse del mismo, apoyándose en el testuz, pero perdió el equilibrio y cayó al suelo, el animal hizo presa con una cornada seca y rápida en la ingle derecha. Pepete cayó, se levantó inmediatamente y dio unos cuantos pasos, hasta que percibió el calor de la sangre. Se echó mano al muslo y sintió la cornada, sacó la mano, totalmente roja, de la entrepierna, para llevársela a la cabeza. Cayó en los brazos de su mozo de espadas, para no levantarse más.Captura de pantalla (17)

De los labios del diestro, todavía consciente, escucharon los médicos su desesperada despedida. Pepete no cesaba de mostrar su dolor. Bañado en sudor decía: _Me muero, madre mía. Dirigiéndose a su mozo de espadas le gritaba: _No me dejes, Manuel que me muera. ¡Qué lástima! ¡Con lo bueno que había venido hoy a la plaza!Captura de pantalla (16)

Ya antes de alcanzarlo la muerte, cuando lo llevaban a la enfermería, a su mozo también le espetaba: No duro ni dos minutos. Te quedas sin matador. Toma estos besos para mi mare y mis hermanas. La última frase que se le escuchó fue: ¡Ay, mare mía! ¿Qué vas a hacer ahora con esas doce bocas? Dejaba una madre anciana, tres hermanas y un hermano.

Los doctores Luis Gómez y Mariano Precioso, le apreciaron una herida de 6 cm. en la ingle derecha, con rotura de la femoral, que ligaron inmediatamente, pero que tenía también una trayectoria hacia el periné y otra hacia el vientre, causando horribles destrozos. El enfermo se colapsaba por momentos, por lo que se le administraron varias inyecciones de cafeína y éter y dos sueros Hayem para reponer las pérdidas de líquido sanguíneo. Todo fue inútil. Pepete no se reponía del colapso. Recibió la extremaunción que le administró el capellán del Colegio de San José, cercano a la Plaza de Toros. A las seis cuarenta de la tarde del 7 de septiembre de 1910, en la misma enfermería de la plaza de toros de Murcia, perdía la vida el infortunado y valiente espada.

Como suele pasar en esta profesión tan dura, mientras Pepete agonizaba y moría, Machaquito conseguía un enorme éxito con los seis toros. El público aplaudía a rabiar.

A las ocho de la tarde llegó la triste noticia al domicilio del infortunado torero, produciéndose una escena emocionante. A pesar de que se trataba de ocultar a la madre de Pepete la horrible desgracia, la infeliz se dio cuenta de la verdad. El banderillero Perico Recorte recibió un telegrama puesto por el mozo de estoques de Pepete, que decía, _Muerto nuestro padre. Dígame qué hago.

La familia le telegrafió ordenando que preparase lo necesario para trasladar el cadáver a Sevilla.

Murcia entera estaba allí,  capitaneada por el diestro murciano ya retirado, Juan Ruíz “Lagartija” (también merece muy pronto otra historia taurómaca este genial torero murciano), siguiendo aquel coche fúnebre, tirado por seis caballos. Guardia Civil a caballo ponía orden en la multitud que miraba con estupor el entierro de aquel torero que, lleno de vida, cargado de ilusiones, llegó a la ciudad dispuesto a triunfar. Machaquito, Vicente Pastor y cuadrillas acompañaron el cadáver hasta el cementerio de nuestro Padre Jesús. Pepete quedó en el depósito, donde fue embalsamado. A la noche lo trasladaron a la Estación del Carmen para, en el furgón de un tren mixto, trasladarlo a Sevilla vía Alcázar de San Juan.

Pepete era de carácter bondadoso, muy amante de la familia, sobre todo de su madre a la que sentía devoción. Tenía un capital de 30.000 duros, y pensaba torear sólo un año o dos más y casarse cuando tuviera reunidos 40.000 duros, con una hermosa joven sevillana. Noviazgo que le hizo sufrir mucho, porque la familia de la novia se oponía a que continuaran las relaciones, por causa de los riesgos de esa profesión tan dura. Captura de pantalla (14)

EL APODO MALDITO

José Claro fue el tercer Pepete muerto trágicamente en una plaza de toros. El primero de los Pepetes murió en la plaza vieja de Madrid el año 1862, el segundo falleció en Fítero, de resultas de una horrorosa cornada recibida. La cogida de José Claro fue muy semejante a la del primer José Rodríguez; los dos encontraron la muerte al hacer el quite a un picador.

                                                                                                    @julianhibanez