Pedro Barrera Elbal (1912-1977) El ilustre torero de Caravaca

9a7570b5a04bb070e731d2f66bdc7c6c_xlEl pasado 24 de junio, día de San Juan, se cumplieron ciento cinco años, y el 21 de agosto cuarenta, desde el nacimiento y fallecimiento, respectivamente, en Caravaca de la Cruz, de un torero al que el mundo taurino, tan injusto en muchas ocasiones, ha mantenido quizá en demasía en los depósitos de los archivos de la memoria, si bien el Club Taurino de Murcia le ha rendido varios homenajes en estos últimos años y el Ayuntamiento de su tierra natal realizó una gran exposición y tertulias a las que acudieron importantes personajes del mundo del toro, colocándosele un azulejo en la plaza de toros. Cehegín, Calasparra, Córdoba, Hellín, Blanca o Cieza son otros lugares que se han acordado de él.

Aprovechando que la Ciudad Santa celebra este 2017 el tercer Año Jubilar desde su concesión por la Santa Sede allá por 2003 “in perpetuum” con una frecuencia de siete años creemos de justicia recordar a un caravaqueño que escribió una importante página en la prolija y diversa Historia de la Tauromaquia.

Lo hacemos en este caso a través de una entrevista a su hija, María José Barrera López-Chicheri, maestra de profesión, buena aficionada y heredera del legado de su padre. Ella nos desvelará algunos de los entresijos de la vida de Pedro Barrera como torero y, por ende, como persona:

 P: María José, tu padre es el más conocido, pero en tu familia ha habido más personas relacionadas con el mundo taurino, hasta el punto de que se podría hablar de una verdadera saga de la que se puede decir que eres la actual representante. ¿Quién plantó la semilla?

R: Su padre era muy aficionado y lo llevaba de niño a los toros. El primero que empezó a torear fue mi padre, Doctorado en tauromaquia. Años más tarde dos primos suyos, Ramón y Pepe, le siguieron. El primero fue novillero y Pepe fue un extraordinario banderillero. Últimamente mi hijo Daniel lo intentó.

Mi abuelo materno y un primo suyo  tenían sendas ganaderías de bravo (llegaron a lidiar en Barcelona, Zaragoza o Murcia) y actualmente lo es un primo.

En casa hemos vivido el mundo de los toros de la mano de mi padre. Mis hermanos Pedro y Mª Teresa (casada con un ganadero) son muy buenos aficionados, así como mis sobrinos y mis hijos. Y me encantaría que lo fuese mi nieta.

Representantes de mi padre somos todos. Tal vez a mí se me conozca más al estar metida en la prensa taurina y participar en ponencias y tertulias.

 P: “Se torea como se es…” decía Juan Belmonte. La carrera de tu padre, marcada por importantes éxitos en España (Madrid, Barcelona, Valencia ­–donde tomó la alternativa en la Feria de Julio de 1941 con el toro Diano, de José Mª Galache, cedido ni más ni menos que por Pepe Bienvenida y con Manolete dando fe–, Pamplona, Zaragoza, Albacete, Murcia, Granada, Almería…) y fuera de ella (América, y sobre todo Portugal, donde gozó de alta consideración) puede considerarse corta, pero intensa, habida cuenta de que hay que considerar que estuvo diezmada por la Guerra Civil. Y es que se trató, sin duda, de un torero que marcó la diferencia por su personalidad. Cuéntanos, ¿cómo lo recuerdas?

R: Su carrera fue corta pero muy intensa, toreó en todas las ferias importantes de España alternando con las grandes figuras del toreo. Fue la tercera muleta en su época.

Tenía una gran personalidad  y mucho carácter. Era inteligentísimo y muy culto.

Sus defectos eran tapados por sus insuperables cualidades y por su corazón, que no le cabía en el pecho… Todo el mundo que le conocía lo catalogaba como un gran señor, todo un caballero, tanto dentro como fuera de los ruedos.

P: De una carrera tan plagada de éxitos ­–como sus cinco orejas en Barcelona en tres tardes consecutivas, la triple Puerta Grande en Madrid como novillero o varias orejas cortadas como matador, el rabo de Pamplona o las patas de Albacete y Murcia–, éxitos que se debían probablemente gracias a unos sólidos cimientos como novillero cuya primera piedra, si no me equivoco, la puso en 1932… ¿cuál fue la tarde que recordaba tu padre con más cariño? ¿Coincide con una de esas tardes?

R: Recordaba muchas, (los toreros recuerdan todas sus tardes, ganaderías, nombres de los toros, compañeros de terna, faena etc.). La primera vez que se puso delante de una vaca en los encierros de Moratalla. Su primer novillo de luces, que como bien has dicho, fue en 1932, las novilladas con la Vda. del Atarfeño, su presentación en Madrid, la alternativa, la confirmación, las salidas en hombros de tantas ferias, los festejos de Argentina, los de Portugal, sus 19 tardes con “Manolete”. Cada tarde era distinta y tenía algo especial.

P: También vinieron las cornadas… Ya se sabe que el toro vende cara su muerte. Algunas, como la de El Escorial, se produjeron en tentaderos. Córdoba, Gijón o Cehegín, entre otros lugares, también fueron testigos de algunos de estos lógicos percances. ¿Cuál fue la más grave? ¿A qué nivel crees que le afectaban más? ¿Física o psicológicamente?

R: Estas tres fueron de las más graves. La de Córdoba le obligó a cortar la temporada. No viví su época de torero, pero me imagino, que como ahora, le afectaría más psicológicamente. Aunque las físicas, una vez retirados, siguen ahí con sus secuelas y se ven a diario.

P: Hubo también algunas anécdotas reseñables en la vida como torero de tu padre. Por ejemplo, en su trayectoria pasa por ser el primer murciano que actuó en la feria de Fallas, llegando a ser nombrado Fallero Mayor por los valencianos como muestra de afecto, siendo además el único murciano que toreó con Marcial Lalanda o el único de los nuestros que también toreó en Argentina (además de actuar en la inauguración de la plaza de Mar del Plata en julio de 1935, volvió otras nueve veces como novillero). Ese mismo año inauguró la plaza de toros de Águilas. Parece que fue un pionero…

R: Parece ser que así fue. En Argentina toreó con Francisco del Pozo “Rayito II” y Alejandro Sáez “Ale”. Coincidió con “El Papa Negro” (entablando con él y su familia una gran amistad) y otros toreros españoles.

El 4 de agosto del mismo año inauguró la plaza de toros de Águilas, desaparecida 40 años más tarde. Compartió cartel con José Benítez “Niño de la Venta”, que sustituía  al “Niño del Barrio”, con novillos-toros de D. José Ruiz Dayesten.

Anécdotas hay infinidad, y muy divertidas, como la confusión del embajador de Japón con un artista de circo. Era muy querido en todas partes, tras muchos años retirado de los ruedos por donde iba lo reconocían y trataban con gran cariño.

P: Su presentación en Las Ventas, justo un año más tarde de la inauguración en el país de la plata, coincidió con ser el último festejo celebrado en ese ruedo antes del estallido de la confrontación fratricida que asoló a España. Lo cierto es que le tocó vivir en unos tiempos muy convulsos…

R: Tras esa novillada estalló la guerra. Lo pasó muy mal, como casi todo el mundo. Estuvo todo el tiempo en el frente y en un campo de prisioneros. No sabía nada de su familia. La guerra civil paró en seco su brillante trayectoria de novillero, como a la mayoría de los toreros. Finalizada la misma tuvo que empezar de cero.

En las temporadas de 1940 y 1941 fue la máxima atracción taurina como novillero. “Pedro Barrera es muy querido en Madrid”, escribió el crítico taurino D. Luis.

P: El toreo, siempre solidario, y tu padre fue una buena muestra de ello, intentando paliar los horrores de la guerra y la posguerra. No en vano, participó durante la contienda si no me equivoco en algunos festejos benéficos y también destaca que la confirmación de su alternativa fuese a beneficio de los huérfanos de la Legión, el día de la Virgen de los Desamparados del mismo año de su alternativa, en un cartel de lujo que completaron Marcial Lalanda, quien le cediera al cárdeno Risueño, de Antonio Pérez, en una corrida de ocho toros que completaron su padrino y testigo de alternativa. Seguro que hubo más acciones de generosidad por parte de tu padre. Incluso me comentabas que regaló tres de los cinco capotes de paseo que tuvo y que conservó solo dos. Cuéntanos algo de la faceta solidaria de tu padre y, si quieres, de sus capotes de paseo, una muestra más de la posición que ocupa el toreo entre las Artes.

R: Siempre estaba pendiente para ayudar al más necesitado. Durante la guerra toreó para recaudar fondos para Komsomol, comité de refugiados o para los niños huérfanos del Socorro Rojo. En la posguerra participó en muchos festivales benéficos, como para la Hermandad del Cristo del Descendimiento de Córdoba. Varios en Cehegín para el hospital de ancianos; en Cañada de la Cruz para la Iglesia; en Caravaca para la Stma. Cruz, para el hospital o para las fiestas; en Murcia participó para el asilo de ancianos, el santuario de la Fuensanta… También lo hizo en Madrid, Salamanca, Portugal, Pamplona, Valencia, Granada o Bilbao. El último fue en 1959 en Calasparra.

 De su humanidad y generosidad conocían muy bien sus paisanos de Caravaca, principalmente. No te puedes imaginar lo que nos han contado algunos a los que ayudó: “Me regaló la casa donde vivo; “Pagó la operación de mi hijo”; “Sufragó la carrera de mi hijo”; “Gracias a él no fusilaron a mi padre en 1942”; “Mantuvo a mi familia hasta que mi padre se curó de una grave enfermedad”; “Pagó el pasaje desde Argentina a mis padres, abuelos, a mis cuatro hermanos y a otro señor. Al llegar a Cádiz les dio dinero para los gastos hasta que tuviesen un trabajo”; “Gracias a tu padre mis hijos no pasaron hambre. Nos dejaba hacer carbón en sus fincas y llevarnos leña y piñas, algunos sacos, siendo suyas, nos las pagaba”; “Por ser gitanos nadie nos daba trabajo. D. Pedro nos lo dio, durante un mes, para la siega y trilla. Nos dio de comer todo el tiempo. Nos pagó muy bien y al finalizar nos pudimos llevar trigo y cebada para varios meses”. Los vendedores, de lotería, de cupones de ciegos (le compraban los que le quedaban por la noche), limpiabotas (le limpiaban los zapatos 8 o 10 veces al día, camareros, serenos (nunca se llevaba las llaves para que ellos le abrieran por la noche la puerta de casa), los Paisas, etc. No acabaría de contar a los que ayudó.  

 Lo regaló todo, vestidos, capotes de paseo, de brega, trajes camperos. Tan solo conservó dos capotes de paseo bordados en Lorca: el primero que tuvo de 1934 y el que lució en el mano a mano con “Manolete” 1943. Los vestidos de la alternativa, de la confirmación, uno que trajo de América y el último que se enfundó en Lorca, también.

La tauromaquia es un arte entre las artes, cultural y artística. Los capotes de paseo unen el arte del toreo con el arte del bordado. Su primer capote, de 1934, está considerado como “Joya del arte en seda” formó parte de la exposición “Arte en seda: la tradición del bordado lorquino”, realizada por la Fundación Santander Central Hispano, y celebrada en Madrid en febrero de 2001. Actualmente está expuesto en el Museo Azul de la Semana Santa de Lorca en la exposición “Capotes  con Historia”.

 P: ¿Qué hay de su relación con Manolete, como hemos dicho, testigo de la alternativa de tu padre? Parece que ambos, además de rivales en los ruedos, fueron amigos y visionarios. Con el propio califa cordobés toreaba mano a mano con toros de Escobar el 9 de octubre de 1943, en un festejo que concitó gran expectación a nivel local y regional y para el que tu padre invitó a los mejores médicos ante la ausencia de enfermería por las conocidas reticencias del “monstruo” a torear en los pueblos debido a esta cuestión. En unos tiempos tan difíciles, el papel de los amigos, que siempre es importante, debió ser fundamental. Háblanos un poco de todo esto.

R: “Manolete” y mi padre eran muy amigos. Mi padre comentaba que era extraordinario, amigo de sus amigos y muy buen compañero. Aunque callado y reservado, en la intimidad era muy divertido. Por esta buena amistad accedió a ir a Caravaca cuando mi padre se lo pidió, para que sus paisanos pudiesen verle torear.

Rivalidad en los ruedos siempre la hay: “Perico, no creas que porque estamos en tu pueblo te voy a dejar triunfar”. “Y así fue, le faltó subirse encima del toro”, comentaba el periodista  José Antonio Ganga.

La corrida levantó una gran expectación. Se fletaron trenes especiales, acudieron aficionados de las provincias limítrofes, incluidas autoridades civiles (gobernadores y alcaldes de Murcia, Alicante), militares y eclesiásticas. 

Mi padre invitó a sus amigos los médicos murcianos Sánchez Parra, Abellán Ayala o el doctor Alberca para que estuviesen allí. Y el coronel de Artillería de aquella época, no recuerdo el nombre, le cedió una ambulancia del Ejército. Todo gracias a la amistad con ellos.

Fue una tarde memorable, cortaron tres orejas y un rabo por coleta.

P: La retirada definitiva, acaecida el 16 de abril de 1949, Sábado de Gloria –el diestro se había retirado por primera vez el 29 de junio de 1944 en Castro Urdiales (Cantabria), con reapariciones esporádicas–, es una buena muestra de lo que comentábamos anteriormente, pues se da la circunstancia de que se produjo para no fallarle a sus amigos Pepe y Luis Miguel Dominguín, por entonces “patronos” de la plaza de Lorca, el coso de Sutullena, por la que tanto luchan desde hace años desde el Club Taurino de la Ciudad del Sol para devolverla a los lorquinos y para su rehabilitación. Parece que la sagacidad de ambos hizo el resto y que tu padre no se pudo negar a una fugaz reaparición y retirada en un cartel que levantó mucha expectación y que se publicitaba, ni más ni menos, que con una pintura del genial poeta Rafael Alberti…

R: Nunca dijo por qué pero dejó los ruedos cuando más cómoda se iba a poner la fiesta y cuando más se iba a ganar. Sus compañeros no comprendían tal decisión y no consiguieron convencerle para que cambiase de idea. Tan solo toreó algunos compromisos muy especiales como en Portugal; el 30 de mayo de 1946 en Murcia en una corrida pro damnificados en las inundaciones, o en la retirada de Marcial Lalanda y la corrida de Lorca del 49. Los hermanos “Dominguín” y mi padre eran como hermanos, le dijeron que si no toreaba con ellos no vendrían a Lorca (para ver si así se picaba y seguía toreando). Alberti pintó el cartel para la ocasión. El original lo tenía Luis Miguel. El cartel se conservaba en la plaza de toros de Sutullena.

Por último, no quiero dejar pasar la oportunidad para dar mi enhorabuena al Club Taurino de Lorca por su lucha. Deseo continúe con ese empeño y espero que pronto podamos disfrutar de toros en la plaza de Lorca, por donde han pasado las grandes figuras del toreo.

P: Un placer, María José. Un abrazo y muchas gracias por atendernos tan amablemente.

R: El placer es mío, Diego. Un abrazo.

 

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La muerte le sobrevino a Pedro, según nos cuenta María José, en una finca que compró siendo novillero, situada entre las pedanías caravaqueñas de La Almudema y La Encarnación, donde su padre pasaba temporadas, en la tranquilidad del campo, y donde recibía a sus amistades.

Desde allí pasó a la eternidad un torero cuya vida, como el toreo mismo, es una muestra más de un mundo donde los prejuicios quedan al margen y en el cual el único protagonista es el toro, verdadero dios, señor y dador de vida para el torero como para el cristiano es el Altísimo.

Entrevista realizada el día 07/07/2017 por Diego A. Reinaldos Miñarro. Agradecemos la colaboración desinteresada desde el principio de María José Barrera López-Chicheri.