Puerta indulta a “Historieta” en Abarán, un gran toro de Jandilla

[Img #9911][Img #9907][Img #9909]“Historieta” se llama el toro que se lidió en sexto lugar la tarde de ayer en Abarán. Con el hierro de la “estrella”, Jandilla, y de pelo negro, mulato, bragao y meano. Con fecha de nacimiento en septiembre de 2011 y que, a estas horas, cuando usted lee esta crónica ya andará por la dehesa extremeña donde pastan los toros de esta ganadería de procedencia Domecq. Causó el delirio en los tendidos, cuando lo lidiaba Antonio Puerta. Se pidió el indulto de este ejemplar y ante la insistencia, la consulta previa a Borja Domecq y el comportamiento del animal que no paraba de embestir a la muleta en el centro del ruedo el presidente, Carmelo Gómez, sacó el pañuelo naranja. El entusiasmo en los tendidos no se hizo esperar y sonaba el himno nacional, en honor de “Historieta”, cuando este sin los mansos y sin engaño alguno que lo incitara entró solo a chiqueros.

 

Tres cuartos registró ayer el coso de “la Era” de la ciudad de Abarán. Día grande y festivo por celebrarse San Cosme y San Damián, patronos de la villa. Tarde soleada, aunque con rachas de viento que llegaron a molestar durante la lidia especialmente a Enrique Ponce, en el primero de la tarde, al que levantaba los engaños y lo dejaba al descubierto.

 

El diestro de Chiva, con un terno grana y oro, no tuvo suerte con los aceros en su primero. Un toro al que saludó con verónicas profundas en el centro del albero. El animal, tras el puyazo, dejó patente su escasa fuerza y sus nulas ganas de pelea. Ponce lo fue embebiendo en la muleta. El de Jandilla tenía un buen pitón derecho que el valenciano vio enseguida. Por el izquierdo no tomaba bien los engaños y salía rebrincado de la muleta. El toro fue de más a menos y nada pudo hacer Ponce, pese a su entrega y voluntad para cuajar la faena. Había mucho más torero que toro. Falló con los aceros pues tras un pinchazo logró otro más hondo. Un mete y saca para terminar con una estocada. El cariño del público se mostró en una gran ovación que recibió en los medios. El cuarto, segundo de su lote, fue otra cosa. Con mucha más alegría a la hora de embestir, pero con las fuerzas justas. Enrique Ponce dio una auténtica lección magistral y demostró, también en Abarán, porque está ahí y los méritos que tiene para que nadie le pise los terrenos. El toro lo descubrió el. En otras manos no hubiéramos visto nada. Lo llevo a media altura, le dio sus terrenos, le dejó respirar, marcó los tiempos y consiguió sacarle tandas de ensueño. Este hombre jamás defrauda y es apuesta segura cuando uno quiere ver toreo del bueno. Ponce encandiló ayer al público de Abarán en este cuarto de la tarde al que mató de certera estocada en todo lo alto. Dos orejas concedió la presidencia.

 

Alberto López Simón se presentó en Abarán luciendo un terno purísima y oro. El madrileño recibió al primero de su lote con un bonito toreo de capote sacando el toro al centro del ruedo con extraordinarias verónicas que finalizaron, en la boca de riego, con una revolera.  El toro recibió un puyazo, apenas señalado, pues el diestro de Madrid se dio cuenta de la fuerza que guardaba en el interior el que le había correspondido en suerte. Brindó la muerte de este toro a Javier Cortes que se encontraba en uno de los burladeros. Comenzó la faena de muleta con una tanda extraordinaria de rodillas en la puerta de arrastre. El toro humillaba muy bien y tenía un magnifico pitón derecho. López Simón comenzó su habitual toreo vertical, metido entre los pitones y sacó tandas de muy buena factura. Después comenzó con pases en redondo que acabaron con el de pecho. Siguió en la cara de este Jandilla, metidos entre pitones, con cambios de manos, pases por detrás y bajándole mucho la mano. Cobró una estocada desprendida y algo trasera pero suficiente para que el toro rodara sin puntilla. El presidente concedió las dos orejas. En el quinto de la tarde, segundo de su lote, la cosa fue a peor. Un toro soso, sin transmisión, sin clase, sin ganas de pelea y huyendo constantemente de los engaños. Tampoco hizo mucho el madrileño pues apenas le vimos una o dos tandas. No había agua para sacar del pozo. Se cuadró y consiguió una gran estocada. El público pidió la oreja y el presidente la concedió. Sin pena ni gloria.

 

Antonio Puerta salió vestido de blanco y oro. El primero de su lote, un toro castaño, estaba herrado con “Vegahermosa” el otro hierro de Jandilla. El único del encierro que venía con esa procedencia ya que los otros siete, los dos sobreros y los cinco lidiados, eran del hierro de “la estrella”. Lo recibió con una larga cambiada que arrancó los primeros aplausos del público. Tras un puyazo y dos pares de banderillas el de Cehegín cogió muleta, estoque y montera y brindó a su tía, hermana de su madre, que se encontraba en los tendidos de sol.  Tenía ganas de triunfo Puerta y lo demostró desde el principio. Echó ambas rodillas en tierra y la primera tanda la desarrolló en esa posición. El toro demostró su calidad y su nobleza pues tuvo un comportamiento distinto a los lidiados en primer y segundo lugar.  Tenía gran calidad este tercero de la tarde. Estuvo entregado en todo momento para hacer la mejor faena, pero quizá anduvo un poco precipitado. El corazón le pudo a la razón. Pese a ello se “enfajó” con el de Vegahermosa y consiguió unas tandas que llegaron a los tendidos. Le vimos precipitado y sin darle los terrenos al toro. Consiguió una estocada algo caída y fue suficiente para que el toro rodara sin puntilla. Se le concedieron las dos orejas. Durante el descanso, Puerta, pasó a la enfermería para que le vieran un pequeño corte que se había hecho en la mano izquierda con el arponcillo de una banderilla. Le dieron cuatro puntos de sutura y salió tras unos minutos con el dedo vendado. Con el sexto llegó el delirio. Tengo que confesarles, en este punto, que por la mañana en los corrales el veterinario, José Gaona, me dijo: “Ojo al sexto que va a ser de escándalo” Tengo que reconocer públicamente que no se equivocó en absoluto. El toro tomó muy bien el capote donde Puerta se lució a la verónica y después entró dos veces al caballo. Una primera llevada por el Cehegín y una segunda, y desde más lejos, con una arrancada brava. Se empleó en la suerte. Puerta brindó al ganadero Juanjo Ríos que estaba en el callejón y comenzó una interminable faena de muleta. “Historieta” que así se llama el toro, veía la muleta e iba pronto y alegre a por ella. Le hizo toda la faena, toda, en el centro del ruedo. Le dio “mil pases” y el toro siempre volvía al engaño con la boca cerrada y cabalgada alegre. En uno de esos pases, el diestro, salió volteado y quedó a merced del toro en unos minutos interminables. Lo levantaron del suelo y le llevaron al callejón pero, Antonio Puerta, tras echarle agua en la cara y la nuca volvió de nuevo al centro del ruedo donde había quedado el toro. Le acompañó Enrique Ponce en un gesto de gran torero y compañerismo hablando con el hasta que el de Cehegín le dijo que estaba bien y que seguía. Ponce le dejó en la boca de riego y volvió al callejón. Puerta, enrabietado, dio unas tandas magnificas a los gritos de “torero, torero”.  Cuando iba a coger el estoque comenzaron las primeras protestas del público para que no lo matara. Cuantos más pases le pegaba Puerta más se pedía el indulto. Al final, incluso, el de Cehegín se deshizo de la ayuda, el estoque simulado, y solo con la muleta arrugada y caída, el toro entraba una y otra vez. El delirio se vivía en la plaza repleta de pañuelos blancos y con todo el público puesto en pie. Al final, el presidente, sacó el pañuelo naranja y el toro, “Historieta” salvaba la vida por su nobleza y bravura cuando la noche caía ya sobre el coso de la Era en Abarán.

 

Alberto Castillo

 

Fotos: Pedro Laforet