Gran esfuerzo de Ureña en Sevilla ante una desclasada corrida de Alcurrucen

[Img #9841][Img #9842]Enorme expectación había despertado el cartel con el que arrancaba el ciclo de San Miguel en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla en la tarde de este sábado, en el que hacían el paseíllo Morante de la Puebla, el lorquino Paco Ureña que había entrado sustituyendo a Andrés Roca Rey y Javier Jiménez en el tradicional puesto joven que se guarda en la Feria. Un encierro de Alcurrucén era la materia prima ganadera. Cubría el festejo para Cultoro y El Muletazo nuestro compañero Emilio Trigo.

 

Manso de libro el abreplaza. El primero de la tarde no dejó que Morante le pegara ni un lance. Un toro de preciosa lámina, chorreao girón, lucero y calcetero que no quería embestir. Astado de viaje insulso, corto y desganado al que no se castigó en varas. Trámite burocrático.  El de la Puebla buscó y rebuscó en el escaso fondo del Alcurrucén hasta conseguir sacar alguna gotita personal. Un Morante con ganas y un toro pasota de formar alianzas entre ambos.  Eso sí la parroquia está deseosa de ver a  José Antonio cuajar un toro, puesto que lo  más mínimo se jaleaba como si fuera el acabose. Por encina Morante que se justificó con creces. Pinchazo, casi entera y ovación.

 

 

Salió andarin, mirando a todos los estímulos y con un cuarto de embestida en el capote plano de Ureña. El murciano salió a pies juntos con la planta erguida y con expresión en el cuerpo, pero vio cómo su toro era un pasota de órdago. Cada lance era un “déjame tranquilo” y en varas apretó tapándole puerta. Ureña sin prisas, pero pronto y en la mano, le endosó tres iníciales que espabilaron al público. Un verdadero oasis entre la nada. Lástima que eso endulzó al respetable, pero la siguiente otra vez el Alcurrucén regresó a las andadas. Y nunca mejor dicho, puesto que embestía andando, sin humillar e insulso como una ensalada sin aliño. Paco lo intentó una y otra vez, pero su esfuerzo fue infructuoso en todo momento ante semejante desecho de bravura. Se atascó con los aceros. Silencio. 

 

 

Salió en el mismo son de dormido que los anteriores pero Jiménez que fue a por él a la boca de riego lo espabiló con el percal. Tres verónicas de sello personal y una media en el centro que cerró un vistoso recibo. Este era un negro girón sin mucha codicia, pero con algo más de chispa en su embestida. Se movió sin rumbo por el ruego como un niño perdido en la playa. De aquí para allá. Sin embargo, después de varas, el pupilo de los Lozano echó el freno y se puso muy tardó en la lidia. Lipi le ayudó en todo momento para alargar el justo viaje. Bien el de plata. Javier brindó al respetable. El sevillano muy encajado le presentó la muleta con suma claridad de ideas y lo reventó por abajo de primeras. Gran tanda inicial que además de estética abrió el camino al toro. Otra más con la diestra que tuvo ligación y temple, además de llenar la obra con seguridad. Jiménez le cambió el pitón, cogió la zurda y la Maestranza vivió naturales de cintura quebrada y muñeca roca. El hispalense con la cabeza despejada prosiguió con la misma cadencia por ahí y mantuvo el máximo interés en su buena labor. Otra con la diestra donde lució un temple natural y mucha quietud ante una embestida andarina. Javier estuvo torero y seguro en su faena, pero falló con la espada en un inoportuno pinchazo antes de la estocada. Vuelta tras petición ante un manejable tercero. 

 

 

La del cuarto fue una tediosa lidia con inocuos tercios. Lo más destacable, el impávido quite de Ureña con el capote a la espalda. Lo demás para olvidar pronto con un astado ausente de todo y de todos. Morante se puso por allí ante un toro tardo y negado a embestir. Nada que hacer, aunque se percibió la apatía del astado y del diestro. Casi entera contraria, descabello y pitos.

 

 

Basto, grandón, el quinto que marcó mansedumbre y genio en el capote de Ureña. Trabada lidia ante uno que constantemente quería rajarse a los terrenos de chiqueros. Participativo Jiménez en un voluntarioso quite por chicuelinas. Mientras el toro a la retranca en los adelaños del tendido 11 haciendo pasar fatigas a los de plata. El de Lorca no se anda con titubeos en el inicio de trasteo al quinto. Paco se puso en el sitio con la fidelidad de su registro y a modo que le regalaba una embestida, Ureña le soplaba uno con toda su verdad. Pocos, pero muy buenos. Paco lo intentó por ambos pitones con el mono de trabajo ajustado hasta arriba, lo que le sirvió para decir aquí estoy yo e imponerse ante la desclasada y probona embestida del Alcurrucén. Otro inservible que aburre hasta la saciedad. Ovación al sincero esfuerzo.

 

 

Al corral por descoordinado se fue el sexto. En su lugar salió un sobrero de El Tajo. Y hubo que esperar al sobrero para saborear el mejor toreo de capa de toda la tarde. Javier se lució en un recibo variado y personal, dejando fluir la verónica y las chicuelinas engarzadas. Tras la primera vara de las dos, Jiménez le endosó un preciso quite mezclando tafalleras y capote a la espalda. Morante quiso enjaretar el “quite del perdón” pero aquello no se remató y tampoco finalizó de forma compacta el voluntariosa réplica de Jiménez. Otra vez Lipi se lució. Ahora con los palos en dos grandes pares que pusieron al respetable en pie. Javier Jiménez brindó  a Morante. Toro alto, muy serio de cara y desrrazado en el último tercio. Toro probón, mirón y reservón que desarrolló sentido hasta voltear fuertemente al sevillano. Angustiosos segundos con Javier colgado de los pitones. El joven diestro tiró de raza y actitud ante uno muy complicado. Jamás volvió la cara Jiménez, a pesar de la tremenda paliza. Ovación.  

 

 

FICHA DEL FESTEJO

 

Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Primera de la Feria de San Miguel. Corrida de toros. Casi lleno en los tendidos.

 

Seis toros de Alcurrucén, correctos de presencia. 

 

Morante de la Puebla (lila y azabache): ovación y pitos.

Paco Ureña (rosa y oro): silencio y ovación.

Javier Jiménez (blanco y oro): vuelta al ruedo y ovación.

 

Emilio Trigo para Cultoro y El Muletazo

Fotogalería: Emilio Méndez