Ante la falta del toro, arte, gusto, fiesta y doble salida a hombros

[Img #9685][Img #9686][Img #9687][Img #9688]El público de Murcia es santo. Una gente que para sí quisieran muchos empresarios taurinos pues con nuestra gente en los tendidos la fiesta estaba asegurada. Con ganas de bulla, puertas grandes, alegría y poco más. ¿Qué los toros no tienen presencia? No pasa nada. ¿Qué son flojos, mansean o no tienen un pase? Eso no importa. Vamos a la plaza a pasarlo bien y eso es lo más importante. De ahí que ya se ha acuñado la frase de que “Murcia es más torerista que torista” Y no hablemos de los pañuelos y las peticiones de orejas y sus posteriores concesiones. Las de ayer de Fandi y López Simón no tienen nada que ver. Si la del granadino fueron “orejas de fiesta y tendido. De adornos y efectismos” la del madrileño fueron de ley. De toreo vertical, de mano izquierda, de sacar los muletazos a un toro descastado y de embeberlo en la muleta haciendo que se pararan las agujas del reloj de la Catedral. Eso es lo triste que las dos puertas grandes de anoche no tienen nada que ver la una con la otra. Pero Murcia es así. Magnánima y generosa y eso lo conocen perfectamente en los despachos del complicado mundo taurino. Lo saben ganaderos, apoderados, veedores de campo y hasta el tonto de mi pueblo. Por eso traen los encierros que traen. Pasa lo que pasa en los corrales y las presiones se multiplican por mil. “O torean esto o no torean” y como manda el imperio de la sinrazón te salen por chiqueros novillos sin trapío más propios de plazas de tercera que de la vieja y siempre bella Condomina. Pero por eso, decía al principio, que Murcia es tierra de santos y no precisamente los cuatro de Cartagena que esos sí que se ganaron la santidad a pulso. Vayamos con la corrida pues el lector querrá saber que pasó en la tercera y última corrida de toros de “a pie” del presente ciclo ferial.

 

El Fandi recibió al primero con un capote variado y artista. El “remiendo” de Victoriano del Río fue un toro muy bravo. Repetidor. Iba de lejos. Metía la cara con excelentes maneras y buscaba la pelea en todos los lances. Un toro que podía haber sido, perfectamente, el toro de la feria en otras manos. ¿Indulto? Pues hasta es posible. Pero el granadino no lo vio o no lo supo ver. Dejó una faena de buenas formas en la que destacó un inicio de rodillas en los medios. Molestó mucho el viento en este primer y segundo toro de la tarde. Se alargó mucho sin necesidad. Escuchó un aviso. Y de estocada y dos descabellos acabó con este bravo toro de Victoriano del Río al que le podíamos haber visto muchas más cosas pues era bravo, noble y repetidor. Hubo más toro que torero. En el cuarto se encontró a gusto el de Granada. Una zapatilla sin trapío alguno ni presencia. El toro tenía incluso cierta violencia en la embestida. La faena tuvo dos partes bien diferenciadas. La primera importante y de mucho fondo sobresaliendo en dos tandas con la mano izquierda de largo trazo. La segunda parte fue más efectista y de calado en el tendido. Ya estaba caliente el público pues había pedido el cuarto par de banderillas que el presidente concedió y que Fandi ejecutó con su variado repertorio. Mató bien. Escucho de nuevo un aviso por lo largo de su faena y el público, santo, santo, santo, le concedió las dos orejas.

 

El segundo toro de la tarde, del hierro de Hermanos García Jiménez, fue un toro justo de presencia. Engatillado, bajo, con escasa fuerza y echando las manos por delante. Eso no quita para que después se entregara en la muleta de José Mari Manzanares y la gran entrega que puso en la faena el de Alicante. El torito se dejó embarcar en la muleta, sobre todo, por el pitón derecho ya que por el izquierdo hizo amago de rajarse. Manzanares basó su faena sobre la mano derecha en series de gran profundidad. Hizo toda la faena en los medios, pese a lo molesto del viento, y dejó pinceladas preciosas con pases en redondo cerrados con el de pecho. La estocada fue el colofón a una actuación premiada con una oreja. Hubo mucho más torero que toro desde luego.  El quinto fue un toro con ciertas complicaciones. De nuevo otro ejemplar sin trapío que se descomponía sin ir sometido. Apenas fue señalado en el caballo pues, el diestro, nada más llegar al encuentro con los petos ya dijo al picador que levantara la mano. Y así se hizo. Fue precioso el quite por chicuelinas que realizó sobre la boca de riego. De lo mejor de la tarde. Pero el toro protestaba en cada muletazo. No tenía recorrido y se salía de la muleta a la primera de cambio. Manzanares hizo una faena de perfecta técnica, con mucho fondo y en la que tapó los defectos del toro. Estuvo muy por encima el alicantino, que falló con el descabello tras la estocada. Al final, ovación. Una pena el fallo con los aceros pues una oreja hubiera sido su premio más que merecido.

 

Alberto López Simón se encontró con otro novillejo sin fondo ni trapío. Apenas fue señalado en el caballo. Pegaba derrotes en banderillas, apretaba para los adentros, buscaba las tablas para refugiarse e incluso recorría el albero buscando la querencia de chiqueros. El toro, manso, desarrolló muy mal estilo en la muleta. No quería pelea. El madrileño estuvo muy voluntarioso en el contexto de una lidia que no tuvo brillantez debido a las condiciones del animal. Estocada. Pitos en el arrastre al toro y palmas para López Simón.  Toro de clase, aunque de nula presencia, el sexto. Aunque todo se debió a López Simón que supo en cada momento lo que el animal quería pues hizo amago de rajarse en más de una ocasión.  Se descalzó el madrileño para comenzar su faena, fue a los medios, se arrodilló y dio una tanda en esa posición finalizando con el de pecho que levantó al público de sus asientos. Faena muy seria y completa con series ligadas y cadenciosas. Toreo a gran nivel, con frescura y abandono. Toreo muy vertical y fajándose con su enemigo. Dentro de los pitones y sin perder la compostura un solo momento. El público estaba entregado.  Estocada recibiendo. Prohibió que nadie de su cuadrilla tocara al toro herido de muerte. Se retiraron con él al burladero de matadores y el toro, tuvo muerte de bravo, en la soledad del albero rodó sin puntilla. Dos orejas de ley.

 

Después de todo lo visto y vivido el día de ayer, desde primeras horas en los corrales de la Condomina, cuando Fandi y López Simón salían a hombros a la Ronda de Garay pensé en la grandeza de este viejo arte. Como dos hombres, con distintos estilos, recibían el mismo premio. Y como no había tenido nada que ver, pero nada, la lidia de uno con la del otro. Fandi encandiló a sus seguidores, que tiene muchos en Murcia, con su toreo efectista y de aplauso fácil. López Simón dejaba abierto el frasco de las esencias más puras. Con un toreo de verdad, sin concesiones. De los que hace que salgas de la plaza toreando. Y mientras en el desolladero los impresentables toros de hermanos García Jiménez eran descuartizados para restaurantes y carnicerías. Atrás quedaba un largo día de presiones, teléfonos, despachos, veladas amenazas e imposiciones para que se toree lo que unos pocos quieren pero que, por suerte o por desgracia, son los que tienen la última palabra en este negocio. O conmigo o contra mí. Flaco favor le estamos haciendo entre todos a esta fiesta.

 

 

Alberto Castillo

 

Fotos: Toromedia

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