“Rosito” hace bueno el dicho de que “no hay quinto malo”

Victorino, aunque el resultado no haya sido el esperado, ha enviado a Calasparra una señora novillada con picadores. Guapa, sana y como la parió su madre. Una novillada con pinta de corrida de toros, y que si una figura de plástico como las  ahí ahora, la ve de lejos, se cae del cartel y pone pies en polvorosa.

 

Un placer para los que amamos la belleza del toro bravo y exigimos su integridad ver salir por chiqueros estos guapos animales. Un recital de belleza de los “patas-blancas” de las Tiesas de Santa María.

 

Pero todos los guapos no son buenos, ni todos los feos unos criminales y viceversa. A la novillada le faltó casta y empuje, tuvo nobleza en alguno de sus ejemplares y nos tapó la boca con un gran animal, de excelente condición y juego, que saltó en quinto lugar. Hoy el dicho fue cierto. “No hay quinto malo”.

 

Antes de desgranar el toro a toro, debemos comentar la pésima luz eléctrica que tiene la plaza de toros de la Caverina. Una plaza de tal importancia debe tener una buena iluminación, que no haga sombras y que favorezca la visión para toro y torero. El sexto, fue un cabrón que no veía, pero ni el toro, ni nadie de los que estábamos en la plaza. Normal que sacara mala leche. Tanto la familia Caballero como el Ayuntamiento de Calasparra deben ponerle solución a este asunto. La imagen que se da cuando anochece es tercermundista.

 

Del primero habrá imágenes espectaculares. Un toro ovacionado de salida y que nos regaló un derrote a la barrera, sacando todas las tablas, en un instante espectacular para todos, excepto para el carpintero. Luego el toro adoleció de fuerzas y se defendió en la muleta de un firme Juan Viriato. Antes, el toro pareció venirse arriba en banderillas, en un tercio de gran nivel protagonizado por Raúl Cervantes.

 

Se paró pronto el segundo y David Fernández tuvo que poner toda la carne en el asador para sacarle partido. Un animal simplón que se dejó la movilidad en el saludo capotero del novillero de Cehegín, que terminó cortándole una oreja a base de firmeza y valor.

 

El tercero, dio problemas en los primeros tercios, causando un poco el caos entre las cuadrillas. Pero en la muleta el toro sacó nobleza y Curro Durán anduvo por la periferia en lugar de sacarle pronto las quince o veinte arrancadas primeras que hubieran llegado al público.

 

El cuarto, soseó y pese a ser noble y dejarse, no tenía la emoción necesaria para llegar al público ni Juan Viriato quiso entrar en ninguna guerra. Un novillo orejero si hubiera tenido delante a un torero de garra tipo “Rafaelillo”.

 

El novillo de la tarde fue el quinto, gran novillo. Para mi gusto fue poco reconocido en la plaza. El toro tomó una vara con alegría, fue muy bien lidiado, y normalmente, cuando se hacen las cosas bien, cuando la serenidad predomina, suelen terminar las cosas bien. “Rosito” de imponente presencia, fue de escándalo. Un novillo de orejas al que lució David Fernández y con el que logró instantes muy de verdad. Gran tanda por el pitón izquierdo, aunque nos quedáramos con las ganas más por ese pitón. Por el derecho también ofreció embestidas francas y verlo venirse de largo a la muleta fue llenar los depósitos de afición otra vez.

 

El sexto, metió la cara abajo en el caballo, y desarrolló mucho, sin duda, muy molesto por la mala iluminación de la plaza. Problema que sufrió el novillero que tuvo que tragarse la papeleta.

 

Fran Pérez @frantrapiotoros