Cuando la bravura y la clase brillan por su ausencia en una plaza de toros

Antonio Soler se tiene que plantear muy seriamente, si quiere seguir en esto, el apartado torista para las plazas que regenta.  Dos de ellas, Cieza y Archena, están en nuestra Región y la crítica ha sido coincidente en las valoraciones realizadas a lo que metió en chiqueros.

 

En Cieza, haciendo un resumen general de lo escrito y opinado, se decía “Toros de Murube, mal presentados, anovillados, muy mansos y deslucidos. Un remiendo 6º, de Daniel Ruiz, impresentable y deslucido”.

 

Ayer, en una novillada mixta celebrada en Archena, se utilizaban calificativos para el ganado como “chicos, de irregular juego, con muy poca cara, cortos de pitones y faltos de clase”.

 

O Soler no tiene veedor, o él no sabe ver. Las imposiciones de las figuras tienen un límite y quien traga a las primeras de cambio, traga para toda la vida.

 

En Archena, y lo vio por televisión toda la Región, aquello fue un atentado a la Fiesta. Utreros que era en hechuras  y en cara erales, pero erales recién cumplidos, con falta de pitón, sin clase alguna… un eral con los pitones puestos en los ojos para el que alguien se inventó una vuelta al ruedo.

 

No le pedimos a Soler que traiga a sus plazas victorinos, miuras, adolfos… no, no es eso. Lo que le pedimos a Soler es que vele por la integridad de nuestra fiesta, que se vean en el campo mil y una vez las reses, que ponga él también sus condiciones y que no se le escriban artículos como este.

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