El pasado domingo, antes de que Paco Ureña diera una lección magistral, obra cum laude, de cómo los toreros tienen que ir a la primera plaza de toros del mundo, en Madrid ya se hablaba de Lorca.
Al entrar a la plaza de toros de Las Ventas, en el programa de mano que la empresa Plaza 1 repartía para conocer los detalles del festejo que cerraba la Feria de San Isidro, estaba él. Había que llegar hasta la página 8 del mismo y un inmenso natural ejecutado a un toro de Guardiola Fantoni de nombre “Foquero” deslumbraba. Por el tendido 7 se pasaban los libretos para contemplar la monumental fotografía de Botán realizada el 3 de junio de 1997. El resoplido de admiración se hacía presente.
Han pasado los años, pero no se olvida su categoría. Por algo será. El día 13, en el homenaje que le tributó la Unión de Abonados de Madrid, ya se sintió todo el respeto que se le tiene, pero el pasado domingo, con solo una foto, se comprobó que Pepín Jiménez es religión en Madrid, y que como bien pidió el presidente del Club Taurino de Lorca, merece un azulejo en los bajos del Tendido 7 del coso madrileño.
Avanzada la tarde, y cuando Emilio de Justo naufragaba ante un encastado y buen toro de Victorino Martín, de la garganta de Faustino “El Rosco” salió una frase que erizó la piel de todos los que pertenecemos a este dogma de fe al que no le hacen falta extravagancias: “¡Qué vuelva Pepín!”
Justo es recordar también a uno de sus banderilleros ilustres, el tristemente desaparecido Juan Carlos de los Ríos “El Formidable”, que también ocupaba un sitió destacado en la página con otro fotón de Botán.

F.P @elmuletazo
