SE CUMPLEN 90 AÑOS DE LA NOVILLADA MÁS CATASTRÓFICA Y TRÁGICA DE LA HISTORIA DE CALASPARRA

En una Calasparra engalanada, repleta de turistas llegados sobre todo desde la capital y con motivo de la feria de los Santos Patronos, el 30 de julio de 1931, se celebró una tradicional novillada sin picadores.

Primeramente, se encargó de rejonear dos novillos de García Ceballos, el caballista Alfonso Reyes, que realizó con sus dos jacas bonitos ejercicios de equitación y clavó buenos rejones que fueron aplaudidos. Mató los dos novillos Julián Medina, con más voluntad que suerte.

Vaquerín y Rafael Moreno eran los encargados de la lidia y muerte de cuatro novillos de la ganadería de Idelfonso Gómez de Madrid, que estaban bien puestos de pitones, tenían muchos kilos y dicen que algunos más de cinco años. Novillos (?) para ser lidiados en corridas de toros y en una plaza de ruedo mayor.

Los novillos sembraron el terror desde que salieron y tuvieron a los espectadores con el corazón en un puño, haciendo los novilleros todo lo humanamente posible por librarse de los pitones de los animales. El tercero, que sembró el pánico en el público, saltó la barrera, se metió en la contrabarrera y a punto estuvo de subir al tendido. Cogió a Vaquerín, que fue llevado a la enfermería arrojando abundante sangre por la pierna. Cogió los trastos Rafael Moreno, que tampoco pudo con él, siendo también cogido.

El novillo volvió al corral y se suspendió la corrida, con las protestas del público, ordenando la presidencia la salida del último de la tarde, para evitar más alteraciones del respetable, pero que volvió a los corrales por no poder con él un banderillero llamado “el Chico”.

La cogida mortal de Vaquerín

A pesar del peligro, no le perdió la cara al astado Miguel Olza “Vaquerín”, que lleno de pundonor lo lanceó bien de capa. En la suerte de muleta resultó volteado aparatosamente, y el toro, cebándose con mucho sentido en su víctima, le propinó una tremenda cornada en la parte anterior del muslo izquierdo, con tres trayectorias, que le produjeron tal hemorragia que tuvieron que inyectarle suero y cafeína para reanimarlo. Fue atendido en la misma plaza por el doctor Serra, que quiso trasladarlo a Murcia, pero la voluntad del diestro fue que le llevasen al Sanatorio del Montepío de Toreros de Madrid. Allí fue operado por el doctor Jacinto Segovia, quien al principio creyó que dada la fortaleza y juventud del herido su curación sería cosa de 20 días. Al no advertir mejoría, decidió hacerle una segunda intervención, que constató la presencia de gangrena gaseosa, certificándose el fallecimiento de Vaquerín el 1 de agosto, a última hora de la tarde, en brazos de su querida madre y rodeado de su familia y de los miembros de su cuadrilla. Miguel Olza tenía solamente 22 años.

Y esta es la historia taurómaca de la novillada más accidentada y catastrófica que haya visto el ruedo de La Caverina en toda su historia. Novillada que tuvo caracteres de tragedia, por culpa de lidiarse sin picar toros, que no novillos, en aquellos tiempos, y que llevó a la muerte en el ruedo de Calasparra al infortunado novillero navarro Miguel Olza “Vaquerín”.

Julián Hernández Ibáñez

                                                                                         

Twitter: @julianhibanez