EL DESIDERÁTUM DE UREÑA EN BILBAO CUMPLE UN AÑO

Después del triunfo viene la confirmación del triunfo. O haces eso o vuelves a la casilla de salida entre voces que te gritan que todo fue por casualidad. Así de duro es el mundo del toro. El olvido está a la orden del día, pero solo hay una manera de evitarlo, hacer historia.

Hace justo un año, en Bilbao, por su Aste Nagusia, Paco Ureña bordó con naturales de oro su toreo de seda en la mente de todos los taurinos. Su tarde fue antológica. Los años de esfuerzo, lucha y sacrificio que carga a sus espaldas, donde lo ha dado todo (incluso un ojo de la cara) para llegar a disfrutar de su pasión, se encauzaron en la oscura arena de la plaza de toros de Bilbao, para dejar claro que el toreo de verdad, de sentimiento y que sale del corazón, es Patrimonio de la Humanidad.

Fue un regalo con sentido doble, el que nos regaló el torero a todos los que nos corre el veneno de la fiesta por las venas, y a la vez el merecido regalo que la fiesta de los toros le debía a alguien que ha manifestado muchas veces que no puede vivir sin ella. El destino le mandó dos buenos toros de Jandilla, lo demás estaba en sus manos.0-5

Ureña venía de triunfar en San Isidro y lo ocurrido en Bilbao, más que confirmación de su potencial torero, fue la coronación de una nueva figura del toreo. Le pese a quien le pese. Otros van de divos y no han conseguido ni la mitad del cuarto de lo que Ureña ha plasmado en las plazas de toros, con su capote y con su muleta, sin necesitad de intermediarios en los despachos.

El inicio de faena al primer toro de su lote fue una obra maestra. Estatuarios por donde no pasaba el aire, dos remates con la izquierda donde captó la atención de todos, y de remate, para hacer que los corazones latieran de la emoción que produce la sincera entrega delante de la bravura de un toro, dos naturales, dos, largos, profundos, señoriales, más dos pases de pecho cumbres que enloquecieron a los espectadores de la plaza y los que los presenciaban por televisión. Hubo comunión, la faena rica por ambos pitones y la guinda al pastel, una tanda de derechazos de belleza sublime, engarzados con un natural y un pase de pecho, donde la expresión fue magnifica. Como diría Manuel Molés, el espíritu santo salió por televisión, porque son pocas veces las que las cámaras de TV son capaces de captar el sentimiento y verdad de la faena. Esto de Ureña fue como lo de Aparicio en Madrid, por poner un ejemplo.

En el otro toro, más paradito, pero noble, Ureña se entretuvo en dar una oda al natural. Rescató el toreo clásico, el de siempre, en tiempos de arrimones y morisquetas.

En Bilbao hacía 55 años que ningún torero había triunfado rotundamente cortando cuatro orejas, enfrentándose a dos toros. Si lo habían conseguido otros toreros pero en encerronas en solitario. El último en conseguir la proeza con competencia de compañeros en la plaza, un tal Manuel Benítez, al que apodan “El Cordobés” y que ahora es V Califa del Toreo.

La muleta de este histórico momento se hizo solidaria, ya que el torero la donó a Cruz Roja Española el pasado mes de marzo, para que el dinero conseguido tras su subasta se emplease en la compra de kits de alimentación infantil para familias necesitadas durante la crisis del coronavirus.

Fran Pérez @frantrapiotoros