UN SAN ISIDRO DE RECUERDOS: 5 AÑOS DE LA GRAN LECCIÓN DEL CATEDRÁTICO DE LOS MIURA FRENTE A “INJURIADO”

Hoy, 7 de junio, se cumplen 5 años de la tarde más importante de Rafael Rubio “Rafaelillo” en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid. Fue en la corrida que cerraba la feria de San Isidro del 2015 y el torero murciano se encontró con la nobleza de un Miura cárdeno bragado, de 606 kilos, de nombre “Injuriado”.

La faena de “Rafaelillo” fue una de las más emotivas de la feria. El del barrio del Carmen aparcó la garra y sentó cátedra, toreando de manera extraordinaria al toro de Miura. La plaza de las Ventas se inundó de emoción, y luego de las lágrimas del torero, cuando el mal uso de la espada le cerró la Puerta Grande.1491314748681

La corrida de Miura que toreaban con el murciano Serafín Marín y Javier Castaño no estaba saliendo con la fortaleza ni la casta que se busca en los toros de ese mítico hierro, pero en el cuarto, todo cambió. Así lo narró en el ABC, el Andrés Amorós:

“Todo cambia en el cuarto, «Injuriado», cárdeno bragado, de 606 kilos, espectacular de salida. Lo recibe Rafaelillo con larga de rodillas y buenas verónicas. También de hinojos, comienza la faena. El toro mete la cabeza muy bien. Dándole sitio, el diestro logra buenos derechazos, bonitos cambios de mano, algún natural muy lento: se coloca bien, liga y se adorna. Una faena de buena técnica, gran decisión y notable gusto. Con el público entregado, mata a la tercera. Le obligan a dar una vuelta clamorosa de verdad. Si hubiera acertado con la espada, ¿le hubieran dado una oreja o dos? No estoy seguro…

Rafaelillo, con el cuarto toro, nos ha hecho sentir la emoción que buscamos, en una corrida de Miura. Ha estado hecho un auténtico jabato y también ha toreado con gusto. Sus lágrimas, al dar la vuelta al ruedo, son lágrimas de hombre y de torero”

Las dudas de si era de Puerta Grande las resolvió Carlos Ilián en el diario Marca:

“Una faena que puso la plaza en pie en algunos pasajes y que merecía un final grandioso, o sea, una estocada fulminante. Era de puerta grande pero, ¡ay!, dos pinchazos dejaron aquello en una vuelta al ruedo. Rafaelillo lloró. Eran lágrimas de pundonor y de torero”

Fran Pérez @frantrapiotoros