HACE 4 AÑOS DE AQUEL “EVANGELIO DEL TOREO”

La feria de San Isidro de Madrid echaría a andar hoy martes 12 de mayo, pero el coronavirus se le ha cruzado. Por primera vez en su historia ha sido suspendida, toda una desgracia para el sector taurino que ve como la economía que mueve este “Mundial del toreo” en la plaza de toros de Las Ventas queda estancada, paralizada y sumida en la más profunda incertidumbre.

Los carteles estaban casi rematados, iba a ser una feria de gran interés, con los toreros murcianos bien colocados. Con un “Rafaelillo” nuevo y con un Ureña figura.

Seguro que vendrán mejores tiempos. Tiempos que están en nuestras manos, en las suyas, en las nuestras. Si no hacemos caso a las recomendaciones sanitarias, tardaran más en venir, nos sumirán más en la desgracia.

Hoy, pese a que no hay San Isidro, el virus chino no se ha podido llevar los recuerdos. Por ese motivo les vamos a recordar la tarde que marcó la carrera de Paco Ureña. Un punto de inflexión por el que hoy es lo que es. Hace 4 años los periódicos salían a la calle con la hazaña conseguida por el lorquino el día anterior.

Crónica de la sexta de feria. En Madrid, los cielos tormentosos jarrearon agua bendita, que hizo brotar al toreo. Paco Ureña cuajó una soberana actuación frente a dos toros de Dolores Domecq, con el hierro de “El Torero”, en una tarde en la que Manuel Escribano escuchó silencios y el recordado y gran Iván Fandiño, al que todos echamos de menos, no pasaba por un buen momento en su carrera.

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Aquella tarde que presenciamos empapados en los tendidos de la catedral de la tauromaquia la titulamos como “El Evangelio del toreo”:

“Nos cuenta Juan en su Evangelio lo que sucedió en Caná de Galilea una tarde de boda, que sin quererlo un 11 de mayo de 2016, se reconvirtió al toreo para gloria de la fiesta de los toros.

No soy particularmente religioso, pero ayer, como en Caná, el agua se convirtió en vino. En el mejor vino de la mejor añada, o lo que es lo mismo, en pureza infinita del toreo de verdad. Y eso, en plazas de primera, en estos momentos, sólo  lo da un hombre. Un torero gran reserva. Paco Ureña.

No andaba la tarde por buenos derroteros. Manuel Escribano quedó de simplista y facilón con su lote. Al primero no supo darle ni los tiempos, ni el ajuste necesarios. Tampoco se le vio con alma para hacerlo. Y lógicamente el público le recriminó la comodidad, cuando tenía delante un toro noble y con posibilidades para expresar. Con el cuarto, volvió por los mismos derroteros y su actuación quedó ante la indiferencia. Y es que Madrid, ya había sido testigo de los inicios del milagro.

También pasó por allí Fandiño, que con el peor lote, sigue tratando de encontrase. Una tarea que parece casi cuestión imposible. Su confianza ahora es equiparable a la búsqueda de la hija de Albano.

Y entre tanta agua caída del cielo y mostrada en el ruedo, llego el milagro. Los milagros no existen. Existe el esfuerzo y la capacidad para conseguir superar barreras. No hay milagro sin trabajo, como no hay toreo sin pureza.

Ayer, Paco Ureña se vistió de maestro y llamó a la afición por novio de esta boda que se llama tauromaquia.

Y toreando; dejando pasajes de tremenda entrega con la mano derecha al nobletón toro tercero, bajándole la mano y ligando, con ajuste y expresión, con emoción y pegada. Llevándose al toro hasta el final, rematando las series con soberbios pases de pecho y dejando tres naturales, tres, de sello propio pero con aroma a rubio maestro de fuente lorquina; hizo que el agua se metiera en las tinajas.

Pero lo mejor estaba por venir, porque con el sexto, pasó la mano sobre ellas y ni el barro pudo detener el riachuelo de verdad con la que el de Lorca plasmó el toreo en Las Ventas. Obra cumbre con izquierda de oro. El natural volvió a ser el rey en una faena dónde la mano derecha también tuvo mucha enjundia y que terminó de firmar con unas trincherillas de remate que fueron como ese beso que una madre da a un hijo. Amor puro. Toreo de verdad.

Y qué más da que perdiera la Puerta Grande y que la oreja cortada en el sexto pese más que las que se cortarán en toda la feria. Paco un día de lluvia en Madrid, como aquel día hizo Jesús cerca de Nazaret, dijo eso de  «Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya todos están bebidos, el inferior. Pero yo os he guardado el vino bueno hasta ahora»

Sigamos bebiendo de la pureza del toreo.

Así, en Madrid, Paco, siguió dando grandeza a su signo. Manifiesto a su gloria y la afición loca con él, como aquellos discípulos de Jesús, en las bodas de Caná.

Ficha:

Plaza de Toros de Madrid, Las Ventas. Miércoles 11 de Mayo. 6ª de la feria de San Isidro 2016.

Toros de El Torero, de desigual presencia y juego. Manejable el 1º, Noble el 3º y encastado y bueno el 6º. Un remiendo (5º), de Torrealta, deslucido.

Manuel Escribano: Silencio y Silencio

Iván Fandiño: Silencio y Silencio

Paco Ureña: Ovación y Oreja

Entrada: Menos de tres cuartos de entrada en tarde de lluvia”.

Por Fran Pérez

Fotos: Álvaro Marcos

Vídeo: Canal +