“CUENTO NAVIDEÑO” por Marcial García

Lo tenía decidido desde hacía tiempo.

            Las cosas no le iban nada bien y aquello podía ser una solución a su problema, porque las puertas de todos los despachos de la tierra se le iban cerrando y nadie le daba una oportunidad. Todos decían que no estaban las cosas como antes.

            ¿Como antes? ¡Como si antes las cosas anduviesen bien y se atasen los perros con longaniza! ¡Nunca fue fácil conseguir un contrato!

            Muy temprano emprendió el camino. Un camino que estimaba largo, pero en él cifraba su esperanza.

            Con su hatillo al hombro, calada la gorrilla y el corazón presto, emprendió el viaje hacia Oriente, por el camino que lleva a Belén.

            La magia de la fecha le ayudó mucho y el camino andado se hizo corto. Esa misma magia le ayudó a encontrar el Portal, pues él, de hebreo o árabe ¡ni papa! Además, no estaba seguro que la noticia se hubiese extendido ya lo suficiente para que el vecindario supiera dónde estaba lo que andaba buscando. Así que, siguiendo el instinto y los recuerdos de aquellos villancicos de infancia que hablaban de pastores, lavanderas y ángeles anunciantes, que revoloteaban por oteros y majadas, siguió a unos que portaban corderitos, requesón, manteca y vino…

            Y allí estaba Él: radiante como un pequeño Sol, envuelto en pañales, acurrucadito en el pesebre que le servía de cuna y con una mirada, limpia y traspasadora, como la de su campo en mañana de junio. Sin hablar, porque con Él no hace falta, se arrodilló fervoroso, le ofreció su pobre hatillo y le suplicó en lo más hondo de su corazón para que sus deseos se convirtieran en realidad. Como había cantado tantas veces, “cuando Dios lo vio postrado ante Él, le sonrió”.

            Una paz verde de esperanza le inundó como frío de madrugada. Sin pensarlo dos veces, desató su humilde liajo, sacó espada, estaquillador y muleta; recompuso su figura pinturera, ladeó toreramente la gorrilla y se inclinó en brindis ceremonioso:

-¡Va por Ti, Niño bendito! ¡Haz que se cumplan mis sueños!

            Y, ante el asombro de todos, citó al buey, de lejos y por naturales…

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            Al día siguiente, los periódicos no hablaban de otra cosa.

            El sensacionalista “SE ARMÓ EL BELÉN”, daba cuenta a toda plana y con ilustración destacada del evento, comentando la extrañeza ante lo visto, reservando un recuadro donde contaba las peripecias del inaudito viaje y su curioso protagonista.

            El animalista “CAGOENTÓ”, lanzaba sus diatribas sobre las autoridades, a las que acusaba de dejadez ante tamaño insulto a tan pacífico castrado. Aprovechaba la ocasión para anunciar una serie de actividades reivindicativas, patrocinadas por el gran trust de piensos y productos para mascotas. Como imán, salpicadas de tinta roja, publicaba varias fotografías, realizadas con macro, de viejas mataduras de yugo y atalajes del astado, achacándolas al maltrato de aquel asesino aniñado y sus torturas.

            El extremista “VOX CLAMANS”, lanzaba sus exabruptos sobre la falta de una política clara de control de ilegales, y sobre el peligro de sus costumbres bárbaras y agresivas, que amenazaban los sacrosantos cimientos del pueblo elegido.

            El social-demócrata “MELACOJOCOMPAPELDEFUMAR”, apenas sacaba unas líneas, camufladas en la zona de sucesos, anunciando un posible referéndum sobre la idoneidad de estas raras prácticas y su repercusión transitoria en la conjunción de culturas.

            El derechista y pro clerical “LAS COLUMNAS DEL TEMPLO”, además de un concienzudo análisis en su “tercera”, lamentaba el atentado a la sagrada tradición, como uno de los muchos castigos que enviaba la providencia, como aviso por apartarse de la derecha y recta conducta, como escrito estaba.

            Solamente “EL MULETAZO” destacaba a gran tipología la hazaña torera de aquel chiquillo que no renunciaba a ser torero: “Al mismísimo buey del Portal. La nueva promesa del toreo desplegó toda la grandiosidad de su tauromaquia”. A menor tamaño, y como primicia, destacaba el rumor que corría de haber encontrado un apoderado justo, grande y poderoso, lo que hacía augurar una prometedora carrera.

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Con mis mejores deseos, para todos los que amáis la tauromaquia y aún conserváis el espíritu inocente de la infancia perdida.

(foto del monumento al maletilla de Ciudad Rodrigo)

Por Marcia García García