MACHACANDO, MACHACANTE Y LOS MUNICIPALES POR LOS AIRES por Julián Hernández Ibáñez

Machacando y Machacante, ¡vaya nombres!, ¡vaya mimbres!, ¡qué curioso! ¿Quién serían Machacando y Machacante, que hicieron el paseíllo en la plaza de toros de Murcia, el 18 de junio de 1911?

Machacando y Machacante eran dos torerillos murcianos, con más miedo que hambre, según las reseñas periodísticas de la época. Que intervenían en una mojiganga que llevaba sus nombres. Las mojigangas, eran espectáculos taurinos, cuya única pretensión era la de hacer reír a la concurrencia.  Muchos años más tarde, una mojiganga llegó para quedarse en los corazones de todos los aficionados a los toros, el bombero torero.

El nombre no era una invención al azar, como dando a entender que iban a machacar al toro, más al contrario, los machacados solían ser ambos sujetos. El nombre fue para aprovechar el viento de cola, del que era en esos años número uno del escalafón, Machaquito, al que popularmente, se le conocía con el apodo de Machaco.  Los aficionados más estudiosos de la tauromaquia antigua, recordaran aquel dicho popular que decía: “Machaco” es un gran torero, el rey de la valentía, con un volapié certero, acabó con “Zapatero” y con la zapatería.

“Zapatero” era el nombre del toro de Miura, que después de una faena grandiosa, Machaquito consiguió cortarle una oreja en el año 1911. Una oreja de las de entonces, que debían valer como 10 de ahora, por cierto esa fue la segunda oreja que se cortó en Madrid, la primera la cortó Vicente Pastor, al toro Carbonero de Concha y Sierra, un año antes.

Pero volvamos al asunto que nos atañe, “Machacando” y “Machacante”.

El festejo burlesco lo presidía el sargento de los municipales, que dando aire al moquero, dio comienzo al paseíllo.

A lomos de un burro, el alguacilillo con poco estilo y mucha maña consiguió cruzar el ruedo para saludar al usía. Tras él los toreros con trajes de luces, más parecidos a disfraces, de colores histriónicos, llenos de remiendos. Lo que se dice un cuadro.

Comienza el festejo, Machacando y Machacante con todos los peones, se volvían locos, corrían, saltaban, huían, sudaban un kilo, dando capotazos sin sentido, tomando olivos, haciendo suertes inventadas y disparatadas, banderilleando a los becerritos, que les tocaba en suerte a cada uno.Paso-de-la-Santa-Cena-de-la-Procesión-de-los-Salzillos-del-Viernes-Santo-de-Murcia (1)

Luego de la “parte sería” soltaban dos becerras para que los mayores de edad pudieran saltar al ruedo y demostrar sus artes toreras. No faltaban los mocosos, que siendo críos, se escapaban de la vigilancia de sus mayores y saltaban para intentar dar un capotazo o tocar a los ternerillos, cosa que estaba prohibida por ser menores, lo que propiciaba una escena jocosa para el populacho, pues los municipales esquivando a las becerras, se las veían y se las deseaban para atrapar a los intrépidos zagales, ocasionando, caídas y hasta volteretas de los guardias en el intento de captura, lo que ocasionaba el alborozo y las carcajadas de los que veían tan cómica escena.618A7E20-0603-476D-A284-CDD949493C5E-1566-000001592CBB977E[17235]

Los municipales no eran ajenos al peligro en la plaza de toros de La Condomina, casi un año antes, un tres de julio de 1910, en una novillada en la que formaban parte los novilleros,  Negrete, Conejito y Mauro, un novillo nada más salir al ruedo, pego un salto superando el callejón, con tan mala suerte que atrapo por la espalda mientras intentaba huir, a un guardia municipal de apellido Gallego, que recibió un buen palizón y contusiones varias, sin haber cornada gracias a Dios, pero que le llevó muchos días al hospital.

En el meridiano del festejo, se verificó, un espectáculo nunca visto en las plazas de toros: el juego de bolos, organizado en dos bandos, rojos y azules. Les rojos ganaron, y se embolsaron todo el metálico que había dispuesto para los premios y que no era baladí.Jorge-Saez-fernandez

Burros, becerros, torerillos poco avezados, guardias municipales a la captura del zagal, juego de bolos, anda que no tenían imaginación nuestros ancestros para buscar el regocijo y el entretenimiento. ¿Verdad?

Por Julián Hernández Ibáñez @julianhibanez