REFLEXIONES VARIAS por Marcial García

La vida tiene sus intervalos, seguramente sabiamente dosificados. El mío actual anda más bien de baja presión, o lo que es lo mismo: mi horno no anda para bollos.

A pesar de ello, hay en mi norma vital algo que se llama fidelidad, que me obliga a dejaros estas líneas, porque con esa virtud me pagó siempre nuestro digital. EL MULETAZO nunca me ha fallado, por tanto…

Por eso, más que un artículo, más o menos razonado, hoy os dejo algunas confidencias en voz baja.

Cuando mayo amanecía, Fran Pérez me recordaba –nos recordaba- ese ya lejano 2 de mayo en que Lorca daba fin al homenaje rendido a su hijo predilecto, al que ahora tantos se rinden por su arte inconfundible, cuya estatua brindante, saluda broncíneo al aficionado, desde la zurda (¡ay, su zurda divina!) de esa Sutullena recuperada (o en trámite); de aquella encerrona de 6 toros 6, que luego fueron 7; de ese cartel que él mismo diseñó, como tantas cosas de esas fechas, con la ilusión contenida. Sí, Fran, algo tuve la suerte de conocer y aconsejar. Aún se me eriza el alma de las confidencias ofrecidas… También Manolo Guillén, mi querido Manolico, ha tenido el detalle de acordarse de mí en la efeméride y facilitarme la copia de su lucida y retrospectiva entrevista… Viejos recuerdos que endulzan la melancolía.1

Cuando Sevilla y su “arsa mi niño” languidecían en su paripé y componenda, todo muy al gusto de esa tropa de falsos faralaes y sus corifeos mercenarios, en que se ha convertido la otrora brillante Feria de Abril; en esto –como el Comandante- llegó Aguado, don Pablo, y trazó la indeleble línea que separa el toreo del paripé, el espectáculo circense o el amanerado minueto versallesco. Pasmaítos quedaron los del verborreo mercenario. Pasmaíto el tirano Tristan, ése que ha convertido su batuta en el Oráculo de Delfos taurómaco…

Y pasmaos del too esa “afisión” de güisqui con meñique alzado, que cada día, en mayor número, invade los caros e incómodos asientos del irregular coso de El Baratillo. Silencio de pasmo. Un silencio que avivó el recuerdo de los buenos aficionados que dormitaban, desesperanzados, en la vieja grada heredada, otrora cátedra basilical de la doctrina taurómaca…

El aire fresco del evangelio taurino, cantado con temple de seda, recitado con la cadencia del sentimiento y aireado con la verdad elocuente de la voz del enviado divino nos ha hecho recobrar esperanzas. Un mensaje rotundo que ha dejado muy claro la indeleble línea que separa el arte de la farsa, el genio de la vulgaridad. Y esta buena nueva, que deja sin voz a los falsos profetas, parece que servirá para recuperar ilusiones mustias, como aparece ahora mi alma.D6Q0LDRXoAMSMR6

Hay imágenes que valen más que una “Filípica” de Demóstenes. Por ahí circulan fotos que ilustrarán al incrédulo y darán más gloria, si ello fuere posible, al que ha purificado la vieja liturgia mancillada.

Ni esta bendición ha logrado restablecer mi desequilibrado estado. Pero aun así no he olvidado una fecha. Cambio rosa por tarta, comuniqué, por ruina total. A vuelta de onda llegó la respuesta, que, en otras condiciones me habría dado alas, como ese elixir energético de los anuncios, recuerdo de aquellos potajes que tomaba Fernando el Católico, logró devolverme el tono anímico debilitado. Definitivamente corren malos tiempos para mi particular lírica.

Para el sábado se anuncia un festejo menor en Villanueva de la Fuente. Veo difícil poder asistir, como lo hice cuando Ureña asistió, hace ya un tiempo. A última hora, llega la fraternal ayuda y pongo rumbo al Campo de Montiel, tierras hermanas santiaguistas, que en el santuario de Nuestra Señora de los Desamparados, a imitación de viejas costumbres de estas tierras, levantó ruedo donde homenajear a la Señora con taurinos regocijos. Un otrora imán de lencería femenina y un acrisolado malagueño acompañan a mi Curro, que así me sale de llamar a un linarense aceitunado que mece capotes por solea y traza naturales por seguiriyas.IMG-20190512-WA0024

Ambiente de bulla ferial, de buenas gentes de estas tierras rojas, de ganas de bullanga y supina ignorancia de la liturgia. Abundancia de maduritas que sienten temblar sus carnes ante el recuerdo de un antiguo ídolo del cuché y el esperpento, que hoy luce abultada barriga y temblonas piernas. Erales de don Samuel, con el hierro de “Montizón”, aguardan en los toriles.

Me abstraigo en banalidades e intento no escuchar los disparates que sueltan los “entendidos” de turno, aguantar sus chorreones de calimocho barato y sus diatribas erráticas. Procuro cauterizarme con el espectáculo del que quiere resucitar marchitos favores o del que adolece ante el cornigacho. Después… ¿Para qué cansaros?IMG-20190512-WA0025

Un par de decenas de instantáneas de pincel me acompañan en mi regreso, adormiladas en la nube virtual. Ni la esencia de lo puro, ni la belleza del trazo, ni la profundidad devota de la celebración han logrado animarme.

Atravesando campos degollados de amapolas, deslizándome por el sinuoso lagarto del Jardín, regreso a mi cubil cariacontecido y con el alma adolorida a esperar mejores tiempos. A esperar, como el exiliado Machado, que las lluvias de abril y el sol de mayo, reverdezcan algunas hojitas de esperanza de este olmo desastrado. Lo necesito.

¡Y llega San Isidro y sus esperanzas venteñas!

Esperemos el milagro. Amén.

Por Marcial García