TODAVÍA SE SIENTE AQUEL ¡PEPÍN, PEPÍN! DE HACE 20 AÑOS

Dice el tango de Gardel eso de que 20 años no es nada. En realidad, son una eternidad, lo que pasa es que los años hacen madurar los buenos recuerdos y parece que cuanto más antiguos son más presentes los tenemos.

Eso le pasa a uno de los mejores acontecimientos ocurridos en la plaza de toros de Lorca. Fue el 2 de mayo de 1999. Lo que iba a ser el homenaje de un pueblo a su torero se convirtió en una de las más bellas páginas de oro de la historia del toreo de la Región de Murcia.IMG_0001

El Ayuntamiento de Lorca, con el entonces alcalde Miguel Navarro Molina, decidió hacerle un homenaje en vida a uno de sus habitantes ilustres. Un torero que llevaba el nombre de la localidad con orgullo por todo el orbe taurino y que la catedral del toreo, la plaza de toros de Las Ventas, lo había coronado como uno de sus toreros fetiche, Pepín Jiménez.

Lorca, un 2 de mayo de hace 20 años, fue más pepinista que nunca. Creo que todavía resuena ese ¡Pepín, Pepín! desgarrado y de admiración que los aficionados sacaron de sus corazones aquella tarde, mientras esperaban a que saliera el séptimo toro de la tarde.IMG_0002

El día de antes, una exposición de sus ricos trajes de luces, de colores vivos y chaquetillas de solapa engalanaron el patio del Palacio de Guevara y a la vez representaban la biografía de un matador de toros que a día de hoy sigue siendo considerado como uno de los toreros de más personalidad que han pasado por el escalafón de matadores. Tanto es así, que para muchos aficionados, volver a verlo torear, volver a sentir un natural de frente del chico rubio de Lorca, como lo bautizó la Condesa de Barcelona, es todo un sueño.PEPIN JIMENEZ 1

Ese día, en las inmediaciones de la Puerta Grande de la plaza de toros de Sutullena, Pepín quedaría grabado para siempre en Lorca. El Ayuntamiento le descubrió una estatua realizada en bronce por la escultora Lola Arcas, que a día de hoy se ha convertido en uno de los monumentos más significativos de la ciudad. Algunos partidarios, entre los que me incluyo, se persignan cada vez que pasan por su lado. Una obra maestra en la que algo tuvo que ver nuestro querido colaborador Marcial García.P__T__LORCA_2

Pepín quiso devolver tal derroche de cariño de sus paisanos encerrándose con seis toros en la plaza de toros de Lorca. Un festejo benéfico cuyos fondos fueron para las organizaciones no gubernamentales de la ciudad del Sol.

La plaza registró tres cuartos de entrada, pero tal fue la magnitud de lo vivido que gentes que no estuvieron ese día en la plaza dicen que estuvieron. Lo que allí pasó fue magia. La magia del toreo vestida de naranja, mandarina, qué más da el color, y oro.entrevvero

La sinfonía de la pureza sonó ante cinco toros de Juan Pedro Domecq y dos de Parladé. Porque al final fueron siete los que esto estoqueó el diestro de Lorca, que abandonó la plaza a hombros, con los máximos trofeos en sus manos y con las lágrimas de satisfacción en sus ojos al comprobar que había conseguido una de las cosas más difíciles para un artista, para un torero; ser profeta en su tierra.

Ocho orejas y un rabo fueron los trofeos cosechados por Pepín a lo largo de la tarde. Los tendidos de Sutullena se inundaban de emoción ante un capote que cantaba por verónicas desgarradas. Pero la torería también venía por más palos, largas primorosas, tafalleras y recortes con gracia. Y remates con revolera que formaban la escandalera.

Y con la muleta, entre derechazos y pases a pies juntos, la ejecución del pase rey de forma ideal, al natural, con su sello propio, de frente, como nadie volverá a hacerlo.

Y en el quinto, se salió de la norma. El torero de la personalidad, quiso decir que los toreros artistas también tenían valor, también estaban dispuestos a jugarse la vida. Se pegó un soberano arrimón y se sacó de la chistera el “desplante del cristo”. Una variante del de Fabrilo, pero totalmente echado en el ruedo, como si se tratara de un cristo clavado en la cruz. Una genialidad, que solo puede salir de este tipo de toreros.

Tras dos décadas, el clamor se sigue notando. Si pasan por la plaza de toros de Lorca, recuerden y cuéntenles a sus hijos y nietos, que en esa escultura de Pepín hay corazones de aficionados a los toros forjados a ella, que ese 2 de mayo se llevaron a casa la grandeza de un torero irrepetible.

Fran Pérez @frantrapiotoros