FUEGO A DOS MONUMENTOS por Fran Pérez

Seguro que estarás impactado al ver el terrible incendio que ha asolado la catedral de Notre Dame de París. El patrimonio cultural e histórico del planeta pierde una de sus joyas pasto de las llamas. Aunque aún se desconocen los motivos que han originado este fuego voraz, los bomberos apuntan a que todo puede estar originado por las obras de reparación que se estaban realizando en la cubierta del templo. Se preguntarán que hago hablando de esta circunstancia en este medio que está dedicado a la fiesta de los toros. Pues bien, esa misma cara de estupor que se nos ha quedado al ver este maravilloso monumento devorado por el fuego es similar a la cara que se nos queda a los aficionados cuando vemos por esas plazas de Dios, a nuestro mayor monumento, el toro bravo, envuelto en las llamas de la presunta manipulación y el engaño al que paga.

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Roca Rey con un “toro” de Cuvillo el pasado sábado en Cehegín

Hace tiempo que algunos de los obreros de la fiesta de los toros están ejerciendo de pirómanos. Fuego que puede parecer sanador, porque se esconde entre los fuegos artificiales que envuelven las tardes de figuras del toreo, sostenido por el deseo ferviente del sufrido espectador de rentabilizar una entrada que le ha costado un riñón y parte del otro, pero que tiene un trasfondo peligroso para una fiesta de los toros esperando el tocado y hundido, en el juego de los barcos que gana la fiesta de los toreros.

Cehegín, el pasado sábado, se unió a las ciudades de Tomelloso, Guijuelo y Huesca, famosas por sus “bonitas” corridas de toros. Triunfo rotundo a rebufo de un público que quiso ver a un torero que no va a la plaza de toros de Madrid, ni Pamplona pero tiene mucho arte y que se retiró para volver a las plazas con más caché, de un buen torero de dinastía en horas bajas y de un huracán llamado Roca que es menos Roca y menos huracán cuando se enfrenta a toros que no están a la altura en presentación de su categoría máxima de torero.

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Roca Rey de novillero en septiembre del año 2015 en Calasparra

Una bendición que se llene una plaza de toros para ver el nacimiento de la fiesta, y ahí va la pena, donde el animal que le pone nombre ha pasado a ser un actor secundario que no importa como actúe ni que traje lleve. Y el traje de los toros el pasado sábado, aunque fuera una plaza de tercera que merece todo el respeto que una de primera, fue de todo menos correcto. Un desastre. Un verdadero ataque a la fiesta de los toros que yo no me puedo callar por mucho asquito que dé, o mala leche que digan que tengo, los que se empeñan en afirmar que aquello fue el desiderátum.

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Roca Rey de matador de toros el pasado sábado 13 de abril en Cehegín

Mi fiesta, a la que yo me aficioné, va de otra cosa. Va del respeto al toro y el miedo que produce al verlo en su máxima expresión en una plaza de toros y de los honores que hay que darle a un torero cuando se enfrenta a él sin trampa ni cartón sea figura, revelación o aspirante. Mi fiesta es la que entre la emoción, la bravura, la valentía y la superación de dificultades merodean la parca y el triunfo. Mi fiesta es la que la libertad de expresión de un aficionado no se rebate con el “Baja Tú” sino con el seguiré entrenando para que las lanzas se conviertan en cañas. Mi fiesta es en la que una corrida de toros se diferencie de una novillada con picadores, independientemente de la categoría de la plaza de toros donde se dé el espectáculo. Mi fiesta es la que se cuide al espectador con precios razonables que alcancen las posibilidades de cualquier bolsillo pero también con la integridad del espectáculo que se ofrece. Nada de lo que pido es inalcanzable. Todo está inventado. Otra cosa es que el invento lo quieran utilizar para hacer crecer y cultivar la fiesta de los toros o “pegarle fuego” recogiendo lo que queda, llenado los bolsillos de cuatro. Y después lloros y más teatro. Que se lo digan a Simón Casas que llora pero, eso, que sigue.

Fran Pérez @frantrapiotoros