ERROR Y COBARDÍA por Marcial García

Mientras se templan timbales y clarines para la nueva temporada, desde la inquietud y desasosiego que me inspira el panorama, no quiero dejar pasar la ocasión para airear en las páginas amigas de “EL MULETAZO” estas reflexiones que me preocupan altamente.

            Hace tiempo que se está fraguando un complot, de muy oscuros intereses económicos y políticos, para acabar con el milenario rito de la lucha con el toro, tauromaquia que decían los griegos, toreo que llamamos los aficionados, en un término más coloquial y, no por ello, menos sentido. Las campanas suenan a rebato y ¡ay de quien no sepa oírlas a tiempo!.

            Cuando se produce un hecho innegable así, partidarios y contrarios afilan sus armas, pero también hay una funesta cohorte, esperando en las tapias, no como maletillas ilusionados, esperando su llamada, sino como buitres carroñeros, para lanzarse sobre los despojos y llenar la andorga insaciable de muchos de ellos. Entre todos los expectantes necrófagos, se señalan, por sus bufidos amenazantes, los políticos de reguera, que tanto proliferan en esta malhadada piel de toro.

            Para esta fauna siniestra, todo vale. Todo vale con tal de arrancar un trozo de intestino, un suculento desgarro de hígado o, en su defecto, un simple girón de piel. Todo vale, aunque sea por un triste deshecho de carroña.

            Y en este “maldito baile de muerte”, los carroñeros graznan y hacen amagos de combatirse a veces, dando pintorescas piruetas, que suelen dejarles con sus vergüenzas, no la que hay que tener, sino las otras, esas que se dicen como eufemismo, al aire. Pero les da igual. Todo vale si a cambio pueden allegar un reguero de votos que mantenga su miseria de repelentes medradores, en lugar de dialogantes y comprometidos solucionadores de problemas de la sociedad, que es su única razón de ser.

            Cuando se aproximan elecciones, el revuelo de necrófagos es mayor. Hay mucho que ganar, porque hay mucho incauto, mucho crédulo y mucho barbián.img083

            Recientemente, en Andalucía hemos visto un magnífico ejemplo.

            Con el aplauso de muchos aficionados, que creían otear la salvación, partidos del arco de la derecha y extrema derecha, han hecho de la “defensa de la tauromaquia” un grito de guerra y un banderín de enganche. Otros, de izquierdas declaradas –que, a veces, no demostradas- han guardado un cobarde silencio o se les ha disparado la verborrajia defensiva, que es una mala manera de defender nada. Otros, supuestamente de izquierda iluminada y “aclasista”, simplemente han dado la medida de su ignorancia intolerante estaliniana.

            No voy a entrar en los pseudo argumentos de unos u otros, ni en la indignante cobardía silente de otros, aunque estos sean los míos. Ustedes juzguen.

            Ahora, de lo que no me voy a separar es de una reflexión en voz alta, mejor dicho, en escritura en negrita.

Aficionados, amantes, devotos o locos por la tauromaquia nos encontramos repartidos entre todo el espectro político.

-Que nadie pretenda, también, patrimonializar este sentimiento, esta bendita locura.

-Los que piensan que la salvación está en que un partido populista y demagogo, apoyado por algún coletudo y alguna linda flor de la pseudocultura, van a traer la salvación, están muy equivocados. Más rechazo que adhesión se produce en semejante espectáculo. No nos engañemos, aprendices de “Ramonet” hay muchos, pero a algunos, la manta de la charlatanería se les cae a pedazos entre las garras.

-A los falsos ecologistas, profetas de la decencia y el falso animalismo, ya se les ha visto bastante el plumero. Esa pose de progre de sábado noche ya la tenemos muchos calada. Estamos hartos de ver, desde la barra de un bar (es un decir), a altas horas de la madrugada, arreglar el mundo con su verborrea a inútiles de portada, incapaces de aguantarse de pie ni, al día siguientes, en sobriedad resaquil, mantener sus iluminados asertos.

-Y, a esos cobardes del seno y coseno de mi partido, que han olvidado hasta su identidad, les aconsejo que lean y se enteren. Grandes aficionados y grandes defensores de la fiesta ha dado el socialismo de este país. Padecemos la misma “casposidad” que Tierno, Mújica y otros tantos compañeros. Piénsenlo, señora Narbona y asociados: ¡calladitos estarían mejor!181210-viva-la-constitucion-benefice_20093824_20181210140838

            Para terminar: la tauromaquia es una liturgia, es un rito, es una verdad que se paga con sangre. En el pasado, ni papas ni reyes pudieron acabar con ella. En el presente, corre un grave riesgo, pero no por sus enemigos declarados, ni mucho menos por la cuchipanda de buitrecillos ignorantes. El enemigo está dentro. Es el cáncer del taurineo. Se suele solapar en los despachos de altura de “la cosa”, en las páginas o los micros paniaguados de la “cosa nostra” que se empeñan en mantener.

            ¡Qué no os engañen!

Por Marcial García