“QUERIDO AMIGO: DOS PUNTOS” por MARCIAL GARCÍA

“Nunca te entregues ni te apartes 
junto al camino, nunca digas 
no puedo más y aquí me quedo.”

J.A. Goytisolo

            Hace tiempo. Hace ya demasiado tiempo, mi abuela se empeñaba en enseñarme a escribir una carta. En su elemental -pero muy claro- concepto de la pedagogía, me advertía que era muy importante, que las cartas a los amigos fuesen como una paloma que llegara al destinatario cargada de amor y cariño, del que siempre andamos añorantes y necesitados

-Primero, el saludo. Así: “Querido amigo”, bien claro. Que no haya duda de algo tan hermoso, que alimenta en los tiempos felices y da fuerza en los aciagos. Después, este signo (:), bien trazado. Son dos puntos. La puerta que abrirá el paso a tus sentimientos. Una puerta ancha y luminosa, por donde puedan circular nuestros mejores deseos sin encontrar obstáculos.

            Creo que lo aprendí bien.

            Muchas veces lo he usado, aunque en esta ocasión me hubiera gustado prescindir de ellos. No porque me arrepienta de esta carta, sino porque me hubiese gustado que la motivación nunca hubiera ocurrido. Pero ocurrió. Además, lo presencié, desde unas gradas más arriba, en el tendido 4.

              Pero voy a seguir.

           Mi carta no sigue con aquel sonsonete, que terminaba con el G.A.D., de caligrafía casi inglesa y letras bien centradas.

            Y no quiero que siga así porque, aunque doy gracias a Dios todos los días, sé que es difícil encontrarse bien tras el golpe tremendo recibido. Pero también sé de tu carácter, de tu fuerza y de tu ilusión irrenunciable a tu sino, a tu destino marcado a fuego en el costillar del alma.

          Por eso, permíteme que te recuerde cuántos quedaríamos huérfanos si tu voluntad flaquea. Cuántos quedaríamos en las tinieblas sin la luz que surge cada tarde de ese corazón generoso y puro, de esas manos de demiurgo, que alumbran estos tiempos de cenizas y fantochadas.

        Necesitamos tu guía, tu fuerza y tu verdad. Por eso no puedes abandonarnos, porque conocemos tu insobornable generosidad y sin ti nuestra esperanza sería aventada como hoja seca de este raro otoño que nos envuelve.

      Abre tu ventana y escucharás, aún un poco lejano, el clamor que se eleva reclamando tu llegada. Una llegada “como el aire que exigimos trece veces por minuto”, que decía Celaya, porque ya no podemos más de tanta mentira y falsedad y necesitamos tu aire, limpio y puro, vivificante.

      Por eso, álzate de nuevo, poderoso como el santo arcángel revestido de seda y gloria. No olvides que estás ungido con la sangre del toro, para dar gloria en el juego de la vida y de la muerte. De frente. Siempre de frente.

       Por eso te diputamos tantos para la gloria. Y no puedes abandonarnos.

       Tu esfuerzo, será nuestro esfuerzo, como ha sido tu dolor el nuestro.

     Pero ahora no es tiempo de dolor, sino de gloria. Y, aunque la gloria, el poder y el honor solo son del Altísimo, como recuerda la liturgia, tú tienes todo el derecho a gozar de su reflejo  de ellos en la tierra…

       Y ahora, que he descargado mi desasosiego, es el momento de coger papel y pluma y escribirte la carta que tanto he deseado, con el estilo de mi querida abuela.

    “Querido amigo Paco: Me alegraré que al recibo de ésta estés bien.

Yo, bien G.A. D.

            Sabrás como, etc., etc.

            Tu amigo que te quiere, Marcial García.”

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Marcial García

Fotografías: Portada SCP e interior Pepe Bermejo