LA MURCIANA PLAZA DE LA CONDOMINA por Julián Hernández Ibáñez

Si hay un mes enraizado en el corazón de los murcianos ese es septiembre, no puede existir mejor mes para escribir una historia taurómaca sobre la plaza de toros de La Condomina.descarga

Septiembre es el mes preferido por los aficionados taurinos murcianos. En septiembre tenemos feria de novilladas en Calasparra, la villa del noroeste tiene el honor ganado a ley de ser la plaza más torista de la Región, Lorca, Cehegín, y sobre todo Murcia, aunque es verdad que actualmente gozamos de una feria taurina venida a menos, no es menos cierto que con independencia del número de festejos, cualquier aficionado que se precie no desdeña la posibilidad de visitar el coso capitalino, aunque solo sea una vez al año.

Los murcianos tenemos el privilegio de disfrutar de una de las mejores plazas de toros de España, con un ruedo amplísimo. La primera plaza de toros que se construyó de las llamadas monumentales.131760cde807148267b3854c743c7f69

Las obras de este circo taurino se encargaron a la cooperativa de empleados del ayuntamiento, esta encargó los trabajos de construcción al arquitecto don Justo Millán, las obras comenzaron el 11 de octubre de 1886.

El arquitecto mostró su pericia y talento en el levantamiento de este edificio y sobre todo en la ejecución de las diferentes clases de bóvedas de ladrillo construidas. Se cuenta que el mismo arquitecto se vio obligado a coger los utensilios de albañilería, porque sus empleados no sabían cómo meter mano a diferentes partes de la obra.

Para solemnizar tan importante acontecimiento, se anunciaron tres corridas de toros para los días 6, 7 y 8 de septiembre del año 1887, en las cuales alternaron los diestros Rafael Molina “Lagartijo” Juan Ruiz “Lagartija” y don Luis Mazzantini. Un número extraordinario de forasteros acudió a nuestra capital, con objeto de asistir al acto de inauguración de la mejor Plaza de Toros construida en España por aquel entonces. Fue tanta la gente que acudió en masa a nuestra capital que los hoteles, casas de huéspedes y posadas no fueron suficientes para dar albergue a tanto gentío, hasta el punto que gran número de personas, se vieron obligadas a pernoctar en el Malecón y en la Glorieta.CQTwEV6W8AAU2Vu

Murcia ofrecía, un aspecto grandioso. Las calles principales se hallaban tan abarrotadas de gente, que era imposible transitar por ellas. Desde varios días antes no quedaba ni una sola localidad para la primera corrida. Los empresarios no anduvieron remisos en gastos para anunciar las tres fiestas y derrocharon el dinero a manos llenas. Se repartieron como recuerdos de ese histórico suceso, carteles de raso y preciosos pañuelos de seda.

También se confeccionaron artísticas moñas para que las lucieran los 18 toros que se lidiaron en los tres festejos.

El día de la inauguración las obras de la plaza no estaban totalmente acabadas. Faltaban por construir las andanadas y palcos del Sol. En dicho lugar se colocaron unos travesaños, que sirvieron de asientos para los espectadores.

El público a esa localidad transitoria que solo se podía acceder por la calle Poco trigo, le dio por llamarla, los asientos de longaniza, por la posición tan incómoda que habían de adoptar sus ocupantes. Sin embargo no quedó un solo claro a pesar del peligro que ofrecía esa ubicación.

Las corridas

A La primera acudieron unas diecinueve mil personas. La primera fila de barrera costaba 10 pesetas, la entrada general de sombra 3 pesetas y 75 los palcos con ocho entrada. ¡Qué tiempos!

 El ganado pertenecía a la ganadería de Murube, que resultó manso. Al terminar el paseíllo las cuadrillas, capitaneadas por “Lagartijo” que lucía terno verde botella y oro, “Lagartija” que vestía de rosa pálido y oro y Mazzantini de verde oscuro y oro, tuvieron que salir a los medios montera en mano a recibir una atronadora ovación, desde algunos palcos se soltaron decenas de palomas.DHh08QXXcAA46I0

El toro que rompió plaza era un hermoso ejemplar, negro, mulato y atendía por “Naranjito”. La artística moña que lució fue regalada por don Agustín Ruiz. Fue picado por José Calderón (que puso la primera vara) y Juan de los Gallos, este último tuvo el dudoso honor de inaugurar la enfermería, pues el hombre quedo conmocionado por la caída en uno de los innumerables porrazos que sufrían los picadores día si y día también.

Banderillearon a Naranjito, “Manene” y Juan Molina. La corrida fue muy sosa, por la mansedumbre del ganado.

El primer toro que se le castigó con banderillas de fuego se llamaba “Favorito”, también de Murube y sexto de la tarde.

En el segundo festejo, se concedió la primera oreja cortada en La Condomina. El ganado de Miura fue más bravo que el de la corrida anterior. Sin embargo la lidia pasó sin pena ni gloria hasta el cuarto toro que entendía por “Mirlo”. Era cárdeno, entrepelao, abierto de pitones y tuerto del derecho. Nuestro paisano “Lagartija” le hizo una faena de muleta en la que sobresalieron tres pases naturales colosales. Cuando cuadró al miureño entró a matar Juanito, recto como una vara, ejecutando una buena estocada de la que rodó el toro sin puntilla. El presidente le concedió la oreja.

Antes de comenzar la tercera corrida, descargó sobre Murcia una gran tormenta. Por este motivo el público se retrajo y flojeó mucho la entrada. El ganado del conde de La Patilla dio mucho juego, pero los diestros no hicieron nada mencionable. Los pocos espectadores que asistieron pasaron una tarde aburridísima.

Muchos sucesos notables se dieron en La Condomina, algunos alegres, otros muy tristes, algunos ya recordados en historias taurómacas pasadas y otras en algunas que recordare en fechas sucesivas. Muchas historias que contar y espero tener más ocasiones para contarlas.

                                Por  Julián Hernández Ibáñez. Twitter: @julianhibanez