A las once y media de la noche del día 14 de octubre de 1879, negros nubarrones cubrían el cielo murciano, la lluvia comenzó y las descargas eléctricas se sucedían en el cielo con extraordinaria frecuencia. El fenómeno fue verdaderamente aterrador, así como el aspecto del cielo. La lluvia y las descargas eléctricas cesaron antes de que viniera la riada.
Después de una pertinaz sequía, las campanas de la ciudad de Murcia tocaban arrebato a las dos de la madrugada del día 15, avisaban a los vecinos de que la huerta estaba inundada en la parte sur, sus habitantes huían despavoridos temiendo ahogarse.
Horas mas tarde, la ciudad de Murcia se vio totalmente anegada por el Segura que, tras inundar numerosas pedanías al norte y al oeste del casco urbano, superó el Malecón e irrumpió en el centro, llegando a subir el río 10,50 metros frente al Palacio del Almudí.

Cerca del Malecón de Murcia vivía nuestro héroe. No era murciano, era madrileño y su nombre era Antonio Sánchez y su apodo el “Nuevo Tato”. Su nombre y apellido eran idénticos al que fuera primera figura del toreo en esos años. Antonio Sánchez “El Tato”, así que desde sus comienzos en las capeas por los madriles, se le pegó ese apodo que más le pesó que le benefició en el futuro.
Antonio era un novillero que tuvo su importancia y que festejos no le faltaban, se enamoró como es natural de una murciana y se instaló junto a su mujer en una casa en la pedanía murciana de La Arboleja.
Cuando la avenida de agua se desbordó con virulencia y se llevaba todo lo que se encontraba a su paso, Antonio salió como es normal huyendo y en su camino se encontró una escena terrible. En el soto del río, justo enfrente del Malecón, dos mujeres agarradas a una rama luchaban para no ahogarse, estaban apunto de perder las fuerzas y camino de una muerte segura. Antonio, sin pensárselo, volvió a su casa, no sin antes poner a buen recaudo a su esposa, cogió una cuerda y raudo volvió al lugar donde las dos mujeres aterrorizadas estaban a punto de ser arrastradas por la riada de agua y fango. El torero se ató la cuerda a la cintura y con ayuda de dos huertanos que agarraron el otro extremo, se metió en el fango. Luchando lo indecible contra la corriente, llegó a la primera mujer, la puso a salvo y volvió a por la segunda, justo cuando esta se soltó, con la suerte de que el Nuevo Tato estaba presto y con rapidez la agarro y logró también ponerla a salvo.

Fue tanto el esfuerzo y el daño que en el causaron las piedras, ramas y demás objetos, que la fuerza furibunda de la riada arrastraba, que esos mismos huertanos tuvieron que llevarlo al hospital a curarle las heridas.
Las cifras de la catástrofe fueron impresionantes con más de 1.000 muertos. Solo en la capital y pedanías 800 almas perdieron su vida. La huerta y sus casas totalmente destrozadas.
Murcia en esos años, era una ciudad enfocada a la huerta y eminentemente subdesarrollada. Esta tragedia tuvo mucha repercusión en la historia por lo que sucedió tras la riada. Todo tuvo su origen en José Martínez Tornel, director del “Diario de Murcia”, que no dudó en dar a conocer el drama que se había vivido para poder recibir todas las ayudas posibles. El éxito de esta operación le sobrepasó y se recogió dinero de toda España hasta el año 1884. Las ayudas llegaron desde 33 países, destacando los casos del multimillonario Alfred Krupp y el Papa León XIII.
La ciudad de París, donde se recaudaron hasta 1.812.000 pesetas, gracias a la edición del periódico “Paris-Murcie”, donde firmas tan prestigiosas como Victor Hugo, Alejandro Dumas, Emile Zola, Zorrilla, Cánovas del Castillo… pedían la ayuda para una localidad española de la que probablemente no habían oído hablar en su vida.

La comisión de socorros de Cartagena entregó a Antonio Sánchez, la cantidad de mil reales como premio por haberse arriesgado con gran exposición de su propia vida en el salvamento de las dos mujeres. A este premio y reconocimiento se le sumaron otros por idéntica cuantía del Ayuntamiento de Murcia y de la comisión de socorros de Madrid.
En Sevilla y en otros lugares de España se celebraron corridas de toros donde lo recaudado se destinó a las provincias afectadas, que fueron Murcia y la vega baja alicantina. En la corrida de Sevilla, torearon gratis Currito, El Gallo y Lagartijo. La marquesa de Saltillo donó a la causa la cantidad de seis mil reales. Todo el mundo del toro se volcó con Murcia.
Antonio Sánchez “Nuevo Tato” nació en Madrid en 1846, se presento en Madrid el 1 de enero de 1882, no pasó de ser un novillero humilde pero muy honrado. Fue un hábil banderillero y lo hacía con eficacia, también ejecutaba con mucho acierto el salto de la garrocha, lo que le llevó muchos aplausos y alguna fama en esta suerte hoy casi perdida. Estuvo a las ordenes de algunos toreros importantes como nuestro paisano Juan Ruíz “Lagartija”, pero siempre quiso ser torero y siguió intentando triunfar. Tuvo cornadas importantes como una en Nimes, de la que salió mal parado. Después de su épico episodio, siguió toreando sobre todo en la Región. Hay reseñas de festejos importantes en Lorca, Linares y otras plazas, pero a los pocos años, después de su presentación como novillero en Madrid y gracias a los dineros que pudo recoger como premio a su heroicidad, emigró a México y allí fue donde prosiguió su carrera con algún éxito y donde llegó al final de sus días.
Como curiosidad, diremos que Antonio Sánchez fue uno de los últimos toreros que pisaron la última plaza de toros que había en Murcia antes de la inauguración de La Condomina. Esta plaza estaba en el barrio de San Agustín. Adjunto el último cartel en esa plaza de toros, en junio de 1887, tres meses antes de la inauguración de la primera plaza monumental en España, la de La Condomina.
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Murcia nunca lo olvidó, pues aunque no era murciano, se le consideró después de la riada como uno de los nuestros, es por eso que siempre que toreaba, aunque fuera al otro lado del charco, los periódicos locales siempre reseñaban el festejo donde Antonio Sánchez “Nuevo Tato” estaba anunciado.
Hoy día nadie lo recuerda, han pasado la friolera de 140 años, pero para eso está un servidor, para recordarlo con mayor o menor tino.
Julián Hernández Ibáñez.
Twitter: @julianhibanez
